F: @Levante UDEl pasado día 11 informamos de que el ghanés Raphael Dwamena, delantero del Egnatia y exjugador de equipos como Levante o Real Zaragoza, había fallecido en el transcurso del partido de la Superliga albanesa que su equipo estaba disputando ante el Partizani.
Dwamena, futbolista criado en la cantera del Red Bull Salzburgo de 27 años, se desvaneció a los 24 minutos del encuentro y pese a la intervención inmediata de los médicos y a ser trasladado en ambulancia al hospital de forma urgente no pudo ser reanimado.
Pues bien, Antonio Asso, médico del Servicio de Cardiología del hospital Miguel Servet de Zaragoza, que le trató y le hizo ver que sus problemas cardíacos eran incompatibles con la práctica del fútbol, cuenta que, en su día y no sin esfuerzos por las reticencias del jugador, lograron colocarle un desfibrilador.
En una carta abierta dirigida a Heraldo de Aragón, publicada este lunes, Asso recuerda que conoció a Dwamena en octubre del 2019 cuando el doctor del Real Zaragoza, Irineo De los Mártires, preocupado por unos mareos que refería el jugador en los últimos partidos, solicitó su valoración. Meses atrás le habían colocado un diminuto monitor subcutáneo y "el registro era inequívoco sobre la relación de sus síntomas con unas graves arritmias ventriculares que se producían durante los partidos de fútbol".
Asso señala que "Hace un par de años me comunicaron que el desfibrilador le había salvado la vida al presentar una arritmia maligna que había sido correctamente tratada de forma automática por el dispositivo".
"Posteriormente habíamos perdido el contacto. Hace un año supe por la prensa que había solicitado la retirada del desfibrilador implantado por nosotros y que finalmente se le había explantado (creo que en Suiza)".
Pero ya "era ya tarde, su decisión era irrevocable y ponía toda su responsabilidad en sí mismo y en la voluntad del Dios en que creía". "Desde ese momento, fui consciente de que un día sucedería la tragedia que el sábado se ha consumado en un campo de futbol de Albania", declara.
Para el especialista, Dwamena "ha fallecido como consecuencia de una respetable decisión personal, pero si no se hubiese explantado el desfibrilador Raphael seguiría vivo". Añade también que: "año tras año, los avances tecnológicos ponen en nuestras manos nuevas herramientas para tratar mejor los graves problemas arrítmicos que padecía, y cabe especular -para el creyente- que esas técnicas son servidas por ese mismo Dios en el que Dwamena firmemente creía. Es el final de una triste y previsible historia".
Y termina la misiva indicando que "a veces las noticias son confusas, y conviene aclarar para los miles de pacientes que llevan un desfibrilador y confían en la seguridad que aporta, que no ha fallecido alguien que llevaba un desfibrilador, sino alguien que no lo llevaba".















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