García Caba e integridad, ¿posición jerárquica o funcional?

Se acaba de anunciar el cese del Director de Integridad de la RFEF. En lo humano la situación es siempre desagradable y no haremos valoraciones que no sean de respeto y de buenos propósitos para la próxima actividad profesional.
En lo profesional, la situación es más compleja porque el cese se produce como consecuencia de que su actividad como Director de Integridad no ha respondido a las mínimas reglas que son exigibles en quien ejerce la función de integridad que, recordemos, es el compromiso público de una organización de cumplimiento de las reglas y de análisis de las situaciones desviadas que puedan plantearse.
Las organizaciones y las entidades deportivas no tendrán credibilidad cuando, ante unos hechos como estos, no aseguren una investigación y un análisis desapasionado, convincente, imparcial, objetivo. Este análisis no exige la condena ni mucho menos sino la tramitación objetiva.
Los datos conocidos y publicados por El Confidencial sobre algunas de las declaraciones esenciales para el criterio final demuestran, por si solas, que nos queda mucho por avanzar en la gobernanza y el control de cumplimiento de las reglas por las propias organizaciones.
Una prueba de madurez sería un balance más ponderado de las personas. No son solo las cualificaciones profesionales sino también la forma de ejercicio de la actividad. Quien asume el control de la integridad debe saber que su posición no es jerárquica sino funcional.
Su función es primordial – esta es la esencia de la gobernanza- respecto de la propia organización federativa. Es la federación la que crea un departamento y la que asegura a la sociedad que tiene los medios organizativos y humanos para cumplir la labor y demostrar la capacidad de detectar los fallos.
La experiencia que acabamos de vivir trasciende de lo personal para situarse en lo institucional. La organización debe, de futuro, respetar el puesto, elegir a personas que puedan desarrollar la función de garantía (al margen del resultado de su actuación que será el que tenga que ser).
La idoneidad profesional está en el centro del debate y es muy probable que en el epicentro de la decisión adoptada. La falta de consideración y de valoración de dicha idoneidad dejó tocada la propia función y, ahora, ha dejado tocada la credibilidad del sistema interno de integridad.
Las consecuencias del menosprecio de las instituciones y los procedimientos de gobernanza son las que obligan a indicar que para que cambien las cosas lo esencial es el respeto a las figuras, a las instituciones, a la organización y desde ese respecto la valoración de la idoneida profesional y de la actitud para el desempeño efectivo de la función.
En resumen “aquellos polvos”….traen estos lodos.

















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