Por una Cultura de compliance más allá del cumpli-miento
F: ShutterstockPor lo demás, a este respecto, nihil sub sole novum -nada nuevo bajo el sol-, pues ya el refranero nos advierte que “¡Quien hizo la ley, hizo la trampa!”. Arropado en una jerga todavía más ajustada a Derecho viene aquel otro dictum que constata el hecho de que “¡Allá van leyes do quieren reyes!”.
Es un chiste antiguo entre católicos practicantes aquel juego de palabras que habla del “cumplimiento” como una manera de tapar el hecho de que, incluso guardando las apariencias y so capa de cumplidor, “cumplo” -o hago como que cumplo- y, a la vez, bien podría darse el caso de que, si no me adhiero al fondo de la cuestión y despliego una motivación intrínseca, “miento”. Miento, pese a cumplir… o precisamente por ello; y lo hago como lo haría aquel famoso bellaco de turno, maestro del embuste, perito en falacias y experto en patrañas.
Por lo demás, a este respecto, nihil sub sole novum -nada nuevo bajo el sol-, pues ya el refranero nos advierte que “¡Quien hizo la ley, hizo la trampa!”. Arropado en una jerga todavía más ajustada a Derecho viene aquel otro dictum que constata el hecho de que “¡Allá van leyes do quieren reyes!”. Y por rematar con una media verónica estos lances jurídicos de recibo, cómo no traer a colación aquel chascarrillo del conde de Romanones cuando, al parecer, dicen que dejó dicho, para aviso de políticos neófitos y trujimanes en prácticas: “¡Hagan ustedes las leyes, que yo haré el reglamento!”. Dejemos que el avisado lector interprete como mejor le parezca el sentir de don Álvaro Figueroa a propósito de tan lapidaria frase.



















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