Viernes, 09 de Enero de 2026

Actualizada Viernes, 09 de Enero de 2026 a las 12:34:00 horas

Alberto Palomar
Alberto Palomar Viernes, 15 de Septiembre de 2023

Reflexiones sobre un conflicto colectivo

F: @SEFutbolFemF: @SEFutbolFem

Reflexiones sobre un conflicto colectivo o el interés social en la solución del mismo

La negativa a participar de un muy importante número de jugadoras en la selección nacional en una competición importante y con trascendencia de resultados deportivos es, sin duda, una noticia nada grata para el deporte, para quienes lo analizamos y para quienes estudiamos sus relaciones.

 

Los conflictos individuales tienen una solución bilateral o por heterocomposición y la ayuda de terceros. Cuando el conflicto no es individual, la problemática y la solución es otra.

 

El Derecho percibe aquí su debilidad porque su fortaleza – la apertura de procedimientos sancionadores- es la debilidad de un sistema que se haría el haraquiri y bloquearía la capacidad de rearmar la situación en un ámbito donde las amnistías y los perdones colectivos tienen un marco muy estricto y, esencialmente, complejo.

 

Cuando los conflictos son colectivos la situación es aún más compleja. El primer problema son los interlocutores. Estamos viviendo una situación inédita en el deporte profesional que es la presencia – directa o indirecta- de representantes sindicales en este marco. Un marco caracterizado – probablemente de forma inmadura- como no profesional y donde las relaciones derivan del deber público de asistencia a la selección como un deber personal y obligatorio.

 

Siempre hemos tenido un vacío en este mundo. Los deportistas se integran y negocian, mediante estructuras informales (capitanes, etc) las condiciones económicas de la explotación de su actividad en el ámbito de la actividad federativa. La exclusión formal que hace el RD 1006/1985 de que estemos ante actividad profesional hace que los mecanismos de representación colectiva de su ámbito empresarial decaigan en este sector de la actividad.

 

Hace tiempo que pienso que esta falta de formalidad ,apelando a que se trata de un deber público obligatorio, es un mecanismo cuando menos caduco y erróneo de entender esta relación y el tiempo y las circunstancias demuestran que no satisface ni a los clubes que mantienen sus obligaciones laborales, ni a la federación, ni a los propios deportistas que son poco estables en su incorporación a la federación y que, por tanto, dependen, en gran medida, de la aceptación del sistema para mantenerse en dicho ámbito.

 

Es lo cierto que dicha relación es una relación con relevancia social, pero, también, con relevancia económica y, por tanto, sería bueno que la transparencia en la conformación de las voluntades y de los acuerdos cediera o ganara el paso a las situaciones antecedentes muy paternalistas, esencialmente opacas y con escasa articulación en el marco del conjunto de intereses.

 

Es cierto que la transformación de un deber público y un honor de representar al deporte español en una obligación coercitiva es un paso filosófico y lleno de dificultades. Mucho han cambiado las cosas y, probablemente, las estructuras federativas no han tenido la sensibilidad suficiente para visionar el cambio y la necesidad de respuestas diferentes a planteamientos que, igualmente, lo son.

 

De ahí, de la falta de percepción del cambio hemos pasado a una situación en el que la articulación colectiva de posiciones pasa por el cambio estructural de las federaciones. Esto es más complejo. Si las jugadoras han sido objeto de una situación de maltrato colectivo, de menosprecio, de dejación por su condición es necesario saber y conocer los hechos. La sociedad española necesita conocer el fundamento de las pretensiones. Es muy dificil resolver esta situación con la única premisa de que las estructuras anteriores eran, esencialmente, controladoras. Sinceramente necesitamos conocer más detalles. Sin morbo, sin acritud, pero necesitamos saber qué está en el fundamento de una reivindicación tan amplia, tan estricta y contundente. Saber el fundamento de la situación nos permitiría juzgar o valorar mejor la situación y, sobre todo, diferenciar lo personal de lo institucional.

 

Mientras esto aclaración no se produce, la imagen de un colectivo humano pidiendo cambios cualitativos y profundos en la estructura de una organización es algo que necesita diferenciar los planos.

 

 El eventual  tratamiento del asunto “Hermoso” es de un tipo diferente a los estructurales. Los errores en dicho tratamiento son y pueden ser terapéuticos pero la terapia trata de eludir la sanación más traumática. Lo que es o ha sido un error en el tratamiento de una situación debe tener un análisis diferente al que debe emplearse para el enjuiciamiento de las situaciones estructurales. Las responsabilidades por los errores en el tratamiento de una situación deben depurarse y, en eso, creemos estar todos de acuerdo.

 

El paso siguiente es la proyección de la opinión, el gusto o la propia capacidad sobre la estructura organizativa. En este sentido, los técnicos de organización demuestran que la organización y su funcionamiento no puede ser asambleario y que precisa de una línea de dirección adecuada, asumible, pero en el que la responsabilidad es de la estructura y no autogestionada por quienes la integran. El deporte ha vivido demasiado las situaciones en los que una base de profesionales muy reconocidos socialmente condiciona las funciones de dirección y organización. Pero, precisamente, el paso a la profesionalidad exige diferenciar los papeles y reconocer que las organizaciones tienen intereses y vida propia y que lo inteligente es conseguir que las personas vinculadas a ellos se integren y admitan la importancia del esfuerzo y del objetivo colectivo.

 

A partir de aquí la madurez de las organizaciones está en visualizar el cambio, en tomar decisiones que orienten el objetivo común y que sirvan a los profesionales para entender que existe un proyecto colectivo digno de atención: el de la representación del deporte español en el ámbito internacional. Este objetivo común no implica, en ningún caso, una renuncia colectiva a un tipo de comportamiento, de derechos, de estructuras, etc.

 

El deporte femenino, en este punto, viene de muy atrás porque la concepción de esta práctica deportiva ha estado demasiado tiempo asociada a una práctica social muy masculina y una arraigada consideración social del fútbol como algo más que una práctica deportiva. Negar esto es negar la evidencia.

 

El problema es como transitar hacía posiciones más razonables y, esencialmente, equitativas. La sociedad ha transitado desde el momento en el que nos empieza a importar y estamos considerando la práctica deportiva de las mujeres como práctica deportiva y no subtipo de nada. El transito social lo será, en breve, en los medios de comunicación y en los canales de ocio y entretenimiento que se valen del deporte. La tendencia es imparable, aunque, claro está, gradual porque como decían los clásicos “Roma no se hizo en un día”.

 

Llegados a este punto, cabe indicar que los medios de conflicto colectivo son una transformación de la realidad, de sensibilización social, pero tienen el límite de que sobre el ámbito sectorial que operan precisa de la actividad que se realiza por lo que su duración y su mesura exigen algunos niveles de dosificación.

 

Las medidas de conflicto colectivo deben ser, esencialmente, de objetivos y de estrategias. Las organizaciones tienen el derecho a elegir sus representantes y los vetos unilaterales no ayudan. Los conflictos se resuelven el plano de los objetivos, de las actuaciones, de las actitudes, pero no siempre (salvo en supuesto puntuales y, desde luego, no generalizables) personales. Una parte del conflicto no debe – si quiere progresar- limitar su discurso al cambio de personas sino de procedimientos, de objetivos, de resultados. Son planos diferentes

 

En este contexto, la solución solo puede plantearse en este ámbito. Son los objetivos y las estrategias y no, como decimos,  las personas y la posición institucional que pueden ocupar   cada una de las partes los que deben nuclear una solución de futuro. Lo importante, por tanto,  no son las personas sino los objetivos. Precisamente por esto y, sobre todo, porque desconocemos el fundamento histórico de la reivindicación personal, es por lo que se considera que el punto de mira debe de dejar se ser personal para ser instrumental ligado al cumplimiento de objetivos. Las organizaciones se pueden transformar para cumplir o conseguir un objetivo común, pero esto debe limitar el reproche personal a lo que se considere imprescindible o esencial para sanar la situación de procedencia.

 

Tenemos interés en que el deporte femenino siga triunfando y lo razonable es que las “partes” encuentren una vía de diálogo, un mecanismo de consecución, un procedimiento o un externo que sea capaz de poner de acuerdo a ambas partes. El deporte femenino debe demostrar su coherencia en la reclamación – como está haciendo- pero necesita, también, adquirir o demostrar capacidad de acuerdo y de poner los objetivos por delante de las propias simpatías o de las situaciones de mayor o menor confort.

 

Esto nos obliga a diferenciar dentro del conflicto qué es objetivo de que es subjetivo. Sin esta diferenciación es dificil progresar y visualizar la realidad de una situación que, claramente, se ha demostrado como de necesidad de cambio y de impulso colectivo.

Comentar esta noticia

Normas de participación

Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.

Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.

La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad

Normas de Participación

Política de privacidad

Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.154

Todavía no hay comentarios

Con tu cuenta registrada

Escribe tu correo y te enviaremos un enlace para que escribas una nueva contraseña.