F: OdiseaTvTodos tenemos claro lo que significa el deporte. O quizás sólo creemos tenerlo claro, ya que el deporte es, hoy en día, principalmente una emoción. Nos identificamos con un equipo o un deportista y, lo practiquemos o lo consumamos, sentimos y compartimos unas emociones a veces difíciles de explicar.
En deporte, ¿prima la rentabilidad competitiva o la rentabilidad social? En Palencia, hay un nuevo club (el Odisea) que tiene "muy claro" que es posible equilibrar ambos aspectos y, para ello, se han fijado en el llamado 'modelo noruego', que por ejemplo consigue que el 75 por ciento de la población de 50 años practique algún deporte.
Todos tenemos claro lo que significa el deporte. O quizás sólo creemos tenerlo claro, ya que el deporte es, hoy en día, principalmente una emoción. Nos identificamos con un equipo o un deportista y, lo practiquemos o lo consumamos, sentimos y compartimos unas emociones a veces difíciles de explicar.
Sin embargo, el deporte también es un hábito saludable y una oportunidad de experimentar el compañerismo; en definitiva una práctica que nos aporta beneficios desde el punto de vista físico, social y, nuevamente, emocional.
Pero… ¿tenemos claro el equilibrio entre ambas vertientes del deporte?
En Palencia, un club deportivo de reciente creación, intenta transmitir la importancia del proceso del crecimiento de un deportista, que no deja de ser una persona, muy por encima del resultado que pueda obtener.
Juegan al balonmano y decidieron llamarse Odisea, metáfora de un camino de regreso al origen no exento de dificultades, en este caso especialmente para superar conceptos que llevan la competitividad casi hasta el extremo.
MODELO NORUEGO
Ramón Juan, presidente de la entidad y uno de sus fundadores, recuerda cómo en el proceso de creación del nuevo proyecto se encontraron con el llamado ‘modelo noruego’, que “da sentido a lo que entendemos por deporte”. Allí, el 76 por ciento de la población practica regularmente algún deporte.
Y, ¿cuál es el secreto? Simplemente pensar en los niños y las niñas; mejor dicho, en su felicidad y en su futuro. Y, ¿qué significa eso en la práctica? En Noruega, hasta los 13 años sólo hay competiciones locales, de forma que las niñas y niños juegan y se divierten con sus amigos, vecinos y compañeros de clase.
Lo más importante no es la progresión del deportista, sino conseguir que disfrute y sienta que es algo importante en su vida. Ya para empezar, consiguen que el 90 por ciento de los menores de 13 años hagan deporte; además, evitan ‘quemarlos’ antes de tiempo, ya sea por su talento como por la falta de él.
“Cada niño tiene su madurez”, recuerda Ricky Alonso, entrenador y otro de los fundadores del Odisea. “No es igual el deporte a los 2-3 años, cuando sólo necesitan jugar, que a los 12 ó a los 16”, algo que por muy obvio que pueda parecer no siempre se entiende ni se aplica.
Pero en el Odisea lo tienen muy claro. Ofrecen iniciarse en el deporte a los 2 años, pero hasta los cuatro el niño debe ir acompañado de un adulto, de forma que los padres tienen la oportunidad de acompañar y participar en los primeros pasos de sus hijos como deportistas.
A partir de ahí, el crecimiento y la competitividad es progresivo; empiezan a jugar partidos pero no hay marcador ni resultado hasta los 7-8 años, y no existe una clasificación hasta los 10-11 años. La tecnificación propiamente entendida no llega hasta los 12-13 años y siempre de forma colectiva, favoreciendo el crecimiento cohesionado del grupo.
“Eso no significa que no tengamos en cuenta a cada persona”, aclara Ramón.
De hecho, “el futuro del deporte, como parte de la educación, pasa por dar una respuesta a cada persona en la medida de sus necesidades o capacidades”.
Es decir, una “personalización del deporte, lo que no significa individualización”, matiza.
Lidia fue jugadora y ahora, con 27 años, es una de las entrenadoras del Odisea. “No vale todo para ganar, no todo es al cien por cien competitividad”, asegura tajantemente mientras recuerda que lo más importante es “pasarlo bien y formarlos para que sean buenas personas”.
“E intentamos transmitir esto también a las familias”, aunque para eso quizás haga falta una ‘odisea’ mayor, una vuelta al origen en la identidad de nuestra sociedad para recuperar valores propios del deporte.
O quizás la semilla que se siembra ahora sirva para las siguientes generaciones, como es el caso de Jimena, de 15 años. A ella le gusta el club porque “da igual el nivel que tengas en el campo, lo importante es ser buena persona”. En definitiva, percibe “unos valores que son los que querría para mis hijos”.
El estilo ‘odiseo’, como les gusta llamarlo, los ha llevado a incorporar un equipo TEA (Trastorno del Espectro Autista), porque “podemos llevar y adaptar el deporte a las necesidades de cada persona”, recuerda Ramón que también adelanta uno de los proyectos de futuro del club: “llevar a los nietos a jugar a balonmano con sus abuelos”.














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