
El deporte evitaba a los obreros vicios como el alcoholismo o los juegos de mesa que el nuevo tiempo libre podrían acentuar. Un cuerpo sano era una fuerza de trabajo más preparada para su rendimiento laboral.
Al inicio de LaLiga 2017/2018 Alfredo Relaño, director del diario AS a la sazón, me permitió tratar a fondo una de las obsesiones mías relacionadas con la España vacía que conocía bien, y en general, mi afán por trasvasar algunas de mis inquietudes, digamos sociológicas, al fenómeno del deporte rey.
El fútbol nace dentro de las ciudades, los llamados sports surgen en torno al ocio de las clases altas, inasequible para el resto de la sociedad e impensable en el mundo rural donde toda ociosidad es un monumento al vicio y a la falta de cordura. Con el tiempo el ciclismo hallará aquí un espacio ideal para su desarrollo, incluso donde el trabajo de algunos puede funcionar como entrenamiento para pruebas dominicales. (Se nos ha muerto Bahamontes, ese prodigio de la naturaleza, ya que no de la inteligencia, que como lechero forjó su gloriosa carrera por las cuestas de Toledo).
Este carácter proletario alcanzará al fútbol en el ámbito de las sociedades industriales. De las universidades se traslada a las fábricas en tanto crecen la pasión de las masas por el juego del balón y las conquistas sociales, entre ellas, la reducción de la jornada laboral que propició su auge. Además, el deporte evitaba a los obreros vicios como el alcoholismo o los juegos de mesa que el nuevo tiempo libre podrían acentuar. Un cuerpo sano era una fuerza de trabajo más preparada para su rendimiento laboral.
Blas López-Angulo








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