Imagen de archivo / F. ShutterstockEse es el día a día de los tenistas, que lidian con la sorpresa continua y la planificación con meses de antelación de los controles antidopaje, esos que si te saltas en tres ocasiones te pueden generar una sanción de varios meses sin competir.
Son las 3 de la mañana en Australia y Novak Djokovic, que acaba de ganar su décimo título en Melbourne, escucha un golpe en la puerta de su habitación. No, no vienen a deportarle otra vez, es la agencia de control antidopaje, que le requiere para un último control antes de que abandone el país.
Ese es el día a día de los tenistas, que lidian con la sorpresa continua y la planificación con meses de antelación de los controles antidopaje, esos que si te saltas en tres ocasiones te pueden generar una sanción de varios meses sin competir. Es lo que le ha ocurrido a Jenson Brooksby, tenista estadounidense que llegó a ser 'top 30' y al que las lesiones de muñeca le han mandado fuera de los cien mejores.
La Agencia Internacional de Integridad del Tenis (ITIA, por sus siglas en inglés) decretó una sanción contra él -sin duración exacta aún- por, supuestamente, saltarse tres controles.
El estadounidense se escudó en que nunca se ha saltado un control y que nunca ha tomado sustancias prohibidas y aseguró tener pruebas de que, en una de las supuestas ausencias, estaba en el hotel en el que le había comunicado a la ITIA que iba a estar, pero esta no se personó.
"Una vez no escuché que me llamaban a casa, no puedo oír desde la terraza. Y no les importó una mierda. Tienes que esperarles en la puerta de casa durante una hora cada día, 52 semanas al año", explicó Holger Rune, uno de los mejores del mundo y que, como el resto, no está exento del estrés de estas prácticas.
"Todos tenemos el mismo sistema. Tienes que poner dónde estás, poner una hora cada día y el sitio en el que vas a estar y ellos entonces pueden decidir ir y comprobar si estás o no. Si tienes tres fallos, te suspenden", añade el australiano Alex de Miñaur, reciente finalista en Queen's.
Esto se complica con los cambios en el calendario, lógicos en un circuito que viaja cada semana de un país a otro e incluso en ocasiones de un continente a otro, con las cancelaciones de billetes, retrasos, cambios de alojamiento, lesiones...
"Es superestresante estar actualizando los horarios y sitios", apunta Rune, que también explica que si llaman al teléfono y no lo escuchas, no puedes devolver la llamada, puesto que los operarios no están autorizados a responder.
"Son las reglas y hay que cumplirlas", matiza Carlos Alcaraz. "Hay reglas más exigentes que otras, pero están ahí para cumplirlas. Hay que estar pendiente todos los días, de dónde vas a estar. Es nuestra vida y hay que saber llevarla".
"A mí me han pillado casi al irme de casa. Llegaron y estaba en la puerta de casa. Llevamos una vida muy caótica, pero es la misma regla para todos", añade el español.
Daniil Medvedev, una de las voces más autorizadas y elocuentes del circuito, aclaró que por lo que ha escuchado, la culpa, en el caso de Brooksby, fue de las autoridades, que llamaron a la puerta equivocada.
"Yo una vez fallé en dos test, en mi primer año con este sistema. No es fácil. No sé, imagínate que no estás casado y decides dormir en casa de tu novia, que vive a una hora de ti. Lo decides en el último momento y se te olvida cambiar la hora a la que has puesto el control. Pues ya has fallado una vez y se llega rápido a tres", comentó el ruso.
"Pueden pasar muchas cosas, que no funcione tu telefonillo, por ejemplo. Muchos casos son por mala suerte, pero también habrá jugadores, como en todos los deportes, que engañen. Nunca puedes saberlo todo", concluye el moscovita.










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