
No hace falta ser un deportista de élite para invertir en material deportivo de calidad. De hecho, basta con salir a la calle para ver a corredores amateur luciendo zapatillas que cuestan varios cientos de euros o a ciclistas con bicis de carretera que superan los 6000 euros.
Sin embargo, hay aspectos a los que no prestan tanta atención, pero que son igual de importantes. En algunos casos, incluso más. Entre ellos hay que destacar el estrés, que supone un verdadero lastre a la hora de mantener un buen rendimiento deportivo.
¿Qué es el estrés?
El estrés es una respuesta natural en todos los seres vivos. En concreto, lo que hace el cerebro es poner al cuerpo en situación de alerta al enfrentarse a situaciones adversas. El objetivo, cómo no, es protegerse.
Dicha respuesta ha estado asociada habitualmente a la presencia de depredadores y adversarios, pero también a la necesidad de comer y beber. Esta es la razón por la que muchas personas tienen una falsa sensación de hambre cuando se estresan y comen sin control cuando están estresadas. Aquí está el primer argumento que avala el perjuicio que el estrés ocasiona en el rendimiento.
El problema está cuando esa reacción se produce sin que exista una amenaza real. Simplemente, porque se tiene una elevada carga de trabajo, un problema familiar al que no se sabe cómo hacer frente, etc.
¿Cómo afecta el estrés a la hora de entrenar y competir?
Con el paso del tiempo, el estrés suele desembocar en la retención de líquidos y el incremento del tejido adiposo. Además, puede provocar desajustes hormonales, especialmente, en las mujeres, así como hipertensión y trastornos circulatorios. También está asociado a problemas digestivos como, por ejemplo, la hiperpermeabilidad intestinal.
Todo esto puede suponer una merma en el rendimiento. Por ejemplo, un corredor verá empeorados sus tiempos y su resistencia si sube de peso. También tendrá que interrumpir sus sesiones de entrenamiento con más asiduidad si siente una necesidad imperiosa de ir al baño. Por si fuese poco, tendrás más riesgo de sufrir un accidente cardiovascular ante un gran esfuerzo.
Pero hay más. El estrés también ocasiona la sensibilización de los tejidos, lo que incrementa la sensación de fatiga y favorece la aparición de lesiones. También genera ansiedad y actitudes negativas. El mejor ejemplo de cómo influyen estos factores nos lo dio la gimnasta Simone Biles durante los JJOO de Tokio.
En situaciones extremas, el estrés también puede causar dificultades para conciliar el sueño. En este sentido, es imposible que un deportista que no descansa rinda adecuadamente. Por suerte, hay suplementos nutricionales que suponen una gran ayuda en este sentido. Es el caso, por ejemplo, del extracto de ashwagandha, que ayuda a apoyar la relajación y puede mejorar la resistencia del cuerpo al estrés.
El consumo de este tipo de suplementos, así como la realización de ejercicios de meditación para reducir la ansiedad, son buenos aliados a la hora de reducir los niveles de estrés y, con ello, mantener e incrementar el rendimiento deportivo.









Normas de participación
Esta es la opinión de los lectores, no la de este medio.
Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios inapropiados.
La participación implica que ha leído y acepta las Normas de Participación y Política de Privacidad
Normas de Participación
Política de privacidad
Por seguridad guardamos tu IP
216.73.216.28