
A maitines ha sido llamado el colectivo arbitral en su totalidad (incluyendo ex árbitros) por parte del Comité Técnico de Árbitros (CTA) y de la RFEF para asistir a la comparecencia pública de Andreu Camps, Secretario General de la RFEF, y de Luis Medina Cantalejo, Presidente del CTA.
Término litúrgico cristiano, utilizado en los últimos tiempos en el ámbito político para denominar las reuniones semanales de las formaciones políticas y así preparar la semana. A maitines ha sido llamado el colectivo arbitral en su totalidad (incluyendo ex árbitros) por parte del Comité Técnico de Árbitros (CTA) y de la RFEF para asistir a la comparecencia pública de Andreu Camps, Secretario General de la RFEF, y de Luis Medina Cantalejo, Presidente del CTA.
Han pasado dos semanas desde que se hicieran públicas las primeras informaciones relativas al ‘Caso Negreira’. Hasta esta comparecencia, la reacción de la dirección federativa y del estamento arbitral había sido la difusión de una encuesta a los árbitros sobre su relación con la familia Negreira -padre e hijo- más allá de alguna alocución particular o declaraciones de ex árbitros en medios de comunicación. Como todo modelo piramidal, el deporte español se configura en una estructura jerárquica donde las federaciones deportivas penden del Consejo Superior de Deportes y, del mismo modo, dentro de la organización federativa existen órganos encargados de aspectos concretos. Uno de esos órganos técnicos de la RFEF es el Comité Técnico de Árbitros, responsable de la organización y funcionamiento arbitral, y dependiente, por tanto, de la dirección de la federación.
En la comparecencia se ha hablado de la unidad del colectivo arbitral, de la honestidad de los mismos y de la excelente respuesta de todos los colegiados que han recibido la encuesta relativa al ‘Caso Negreira’, salvo uno, que había decidido optar por una opción distinta a la establecida por el CTA. El Secretario General de la RFEF ha reconocido la tardanza en comparecer públicamente y ha señalado que colaborarán con la justicia en la aportación de datos, sin embargo, no ha aclarado nada al respecto de los siguientes extremos: ¿existe alguna herramienta dentro del marco federativo – deportivo para sancionar el comportamiento del FC Barcelona y de Negreira? ¿Deberá, en el caso de que finalmente el Ministerio Fiscal decida judicializar el caso, personarse la RFEF como acusación particular?
Además de las cuestiones jurídicas, lo fundamental que se ha puesto en entredicho es la honestidad del colectivo arbitral, tanto de árbitros de generaciones pasadas como de los que están actualmente en activo. Los árbitros profesionales, en nombre del arbitraje español, han hecho público un manifiesto leído por el colegiado internacional murciano Sánchez Martínez, donde indican que los primeros interesados en que se esclarezca el caso son los árbitros y que la profesionalidad e imparcialidad de estos está fuera de toda sospecha.
Efectivamente, ha sido una demostración de unidad arbitral. El Presidente del CTA ha recibido una cerrada ovación por parte de sus subordinados al finalizar la intervención. Pero ¿quiebra la unidad de acción una mayor libertad individual de los árbitros? Numerosas voces, desde el ámbito jurídico, deportivo y periodístico, llevamos reivindicando una mayor autonomía de los árbitros como deportistas para mostrar públicamente sus opiniones, tal y como sí hacen deportistas y entrenadores. Este es el momento. Una vez se ha conocido el mayor escándalo del fútbol español, y que no ha sido, precisamente, provocado por el eslabón más débil de la cadena (que son los árbitros), sino por las instancias dirigentes del CTA, es el momento de que sean todos y cada uno de los árbitros que así lo deseen los que se expresen sobre el asunto con total libertad.
¿Qué mayor muestra de honestidad que un árbitro en activo exprese su opinión? Al igual que después de los partidos no habría ningún inconveniente en indicar el criterio seguido en la toma de una decisión técnica, ante una situación de estas características, tampoco lo habría en que mostrase públicamente su rechazo y repulsa a los comportamientos corruptos de un ex dirigente del CTA. Por ello, la denominada comparecencia pública de los árbitros ha sido una llamada a maitines, a corroborar lo que desde la dirección federativa y del estamento arbitral ya habían manifestado en anteriores ocasiones por distintas vías. Si no aprovechamos esta coyuntura -esperemos que irrepetible- para dar libertad y voz a los árbitros de manera individual, estaremos, todos, ante una oportunidad de oro desperdiciada para dotar de mayor transparencia y credibilidad al colectivo arbitral y a las competiciones futbolísticas españolas.
Ángel Guillén Pajuelo
Doctorando en Derecho del Trabajo en la Universidad Rey Juan Carlos (URJC)
Profesor en Universidad Internacional de la Rioja (UNIR)
Ex árbitro – Federación Catalana de Fútbol (FCF)
















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