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Antonio Aguiar
Antonio Aguiar Lunes, 20 de Febrero de 2023

¿Por qué hemos de creer en la pureza de las competiciones?

Cabe afirmar que el arbitraje se ha modernizado y las coordenadas actuales ponen muy difícil, si no imposible, que el colectivo arbitral pueda caer en el futuro en un agujero negro como el que ha dibujado Enríquez Negreira. 

En un interesante artículo publicado en el diario Las Provincias, Cayetano Ros, uno de los mejores periodistas deportivos de España, lamenta anunciar que hasta ahora ha creído en la pureza de las competiciones pero que, tras el escándalo del caso Negreira, ya nunca más volverá a creer.

 

Dice Ros: "Hasta ahora, pensábamos que el favoritismo del arbitraje hacia el Madrid y el Barça provenía de aquello que Cesare Prandelli llamó el ‘vasallaje psicológico’ hacia los poderosos. En Italia, la Juve fue castigada con el descenso a Segunda en 2006 por una red de corrupción por la que Lugiano Moggi, su director general, influía en los arbitrajes. Apostaría a que aquí no va a pasar nada porque el Barça es muy poderoso en la Liga y la Federación. Pero ya nunca más creeré en la pureza de la competición".

 

Entendemos y respetamos esta opinión, que seguramente es compartida por muchos. Es más, creemos que efectivamente ha existido y seguirá existiendo ese llamado 'vasallaje psicológico' hacia los grandes, pero aún así también pensamos que, aunque el daño se ha producido, difícilmente se repetirá en el futuro algo igual.

 

No nos referimos a los mecanismos de control interno creados por las organizaciones deportivas. El creado por el FC Barcelona (compliance) es evidente que no funcionó. 

 

Pero sí cabe afirmar que el arbitraje se ha modernizado y las coordenadas actuales ponen muy difícil, si no imposible, que el colectivo arbitral pueda caer en el futuro en un agujero negro como el que ha dibujado Enríquez Negreira. 

 

No nos referimos tampoco a que los colegiados, de repente, hayan sufrido una metamorfosis y se hayan convertido en seres incorruptibles. No es eso. Siempre podrá haber personas concretas que caigan en ese lodazal. Es la condición humana. 

 

Aunque a algunos les parezca simplista lo que vamos a exponer, estamos convencidos de que, junto a otras acciones que deban implementarse, hay una que ya existe y que, a medida que se vaya ajustando, será determinante en este aspecto de la pureza de la competición, al menos desde el punto de vista arbitral.

 

Otros tipos de fraude, como los amaños o las apuestas ilegales, desgraciadamente, seguirán existiendo pero sobre ello hay también protocolos para combatirlos.

 

Nos estamos refiriendo al por algunos denostado VAR. Si a este le faltaba aprobar alguna asignatura para quedarse para siempre, ya lo ha conseguido. 

 

Con toda la gravedad que se quiera dar al escándalo del caso Negreira, una cosa está clara: lo ocurrido es pasado y difícilmente volvería a suceder; y si ocurriera, saltaría la alarma al instante, no 17 años después. 

 

El VAR, sobre todo tras el reciente cambio aprobado por la FIFA que obliga a los colegiados a hacer públicos sus diálogos durante los partidos, hace inviable cualquier iniciativa que pretendiera en el futuro corromper a los árbitros.

 

Los que aún se oponen a la aplicación de las nuevas tecnologías al arbitraje, solo por este motivo tendrían que bajar la cabeza y aceptarlas, aunque sigan pensando que el VAR interrumpe los partidos en exceso, que es verdad, y que siguen existiendo los errores, que también es verdad. 

 

Si hasta ahora se entendía el VAR como un instrumento para minimizar los errores arbitrales y, por tanto, favorecedor de una competición más justa, tras estallar el caso Negreira, el VAR pasará a asumir otro rol, el de gendarme de la pureza de la competición.

 

Esto convierte a esta herramienta ahora en algo esencial e irreversible. Solo falta perfeccionar su uso, que no olvidemos está en manos de personas, que son las que aciertan y se equivocan. 

 

Una de las acciones a realizar es la ya comentada de hacer públicos los diálogos de los árbitros en directo. 

 

Otra es la creación de un cuerpo específico para el VAR. Esto no admite más demoras. El sistema actual no garantiza formalmente la independencia de los árbitros del VAR. 

 

Y, por último, como dice el siempre ocurrente Alfredo Relaño, falta que la INTERNACIONAL BOARD vuelva al 'viejo testamento' en algunas cuestiones, como las manos en el área o el 'penaltito',  entre otras, unas materias que generan polémicas recurrentes y evitables.

 

Somos conscientes de que en las competiciones no profesionales todas estas medidas no son viables, pero los intereses en juego tampoco son los mismos. 

 

 

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