F: ShutterstockEl hombre, de 62 años, se valía, presuntamente, de su condición de entrenador de fútbol base femenino para tener acceso a las menores y los hechos se produjeron desde 2017.
El entrenador de fútbol infantil de Huelva que desde el 11 de enero está en prisión por abusar presuntamente de al menos 15 menores de edad se ha acogido a su derecho a no declarar ante el Juzgado de Instrucción 3 de Huelva.
El acusado llegó a los juzgados sobre las 9.30 horas y una hora después ha comenzado una comparecencia en la que "se ha acogido a su derecho a no declarar, no contestando directamente a ninguna de las preguntas de las partes", según ha informado a los periodistas Patricia Catalina, abogada de algunas de las víctimas.
Tras apuntar que el acusado estaba "raramente tranquilo", ha señalado que ha aprovechado para pedir que se mantenga la prisión provisional, comunicada y sin fianza, sobre todo, "para que las víctimas no se sientan en ningún caso coaccionadas si él queda en libertad o pueda tener un riesgo de fuga a la vista de las nuevas posibles víctimas que vayan saliendo".
Ha precisado que "las víctimas siguen yendo a declarar a la Policía Nacional y su puesta en libertad puede ser un riesgo" y ha añadido que entiende que "el juzgado irá haciendo bloques de declaraciones porque, por desgracia, van a salir más".
"Son ya más de quince porque a lo largo de la semana pasada ha habido más denuncias y esperemos que no sean demasiadas, aún no sé el número exacto", ha abundado.
Se trata de la segunda vez que esta persona comparece ante los juzgados después de que, tras su detención, lo hiciera ante el que estaba de guardia; este lunes ha comparecido ante la titular de Instrucción 3 que es la que se ha hecho cargo de la causa y la va a llevar hasta el final.
El hombre, de 62 años, se valía, presuntamente, de su condición de entrenador de fútbol base femenino para tener acceso a las menores y los hechos se produjeron desde 2017.
Con una trayectoria de cerca de 30 años ligado al mundo del fútbol, el acusado obligaba presuntamente a las víctimas a despojarse de la ropa interior para poder darles "masajes", sin los que, desde su posición de entrenador, no podrían volver a jugar en el equipo.
Varias de estas prendas de ropa interior eran arrebatadas a las menores para ser guardadas por el agresor entre sus pertenencias personales.
También bajo diversas excusas, el arrestado accedía a los vestuarios y duchas para observar a las jugadoras y les regalaba prendas de ropa buscando que se desvistieran en su presencia.







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