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La derrota en la final del Mundial no ha erosionado el crédito de Deschamps

EFE / IUSPORT Domingo, 08 de Enero de 2023
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Deschamps fue el entrenador que colocó en 2018 en la camiseta francesa la segunda estrella, 20 años después de haber sido el capitán del equipo que había logrado la primera.

La derrota en la final del Mundial de Qatar no ha erosionado el crédito de Didier Deschamps. Pese a que el seleccionador francés fracasó en su intento de renovar el título, su imagen de ganador quedó intacta y su prolongación al frente del equipo, anunciada este sábado, solo dependía de su propia voluntad.

Algo digno de mérito si se tiene en cuenta que para el puesto suena con insistencia un hombre de la talla de Zinedine Zidane, que no oculta su intención de sentarse algún día en el banquillo de los "bleus" tras haberlo ganado todo con el Real Madrid.

Deschamps fue el entrenador que colocó en 2018 en la camiseta francesa la segunda estrella, 20 años después de haber sido el capitán del equipo que había logrado la primera.

El reto de sumar la tercera se estrelló contra el empuje de la Argentina de Leo Messi, pero Francia no desmereció en Catar, donde se convirtió en la primera defensora del título que alcanzaba la final desde 1998. Estuvo a punto -la pierna de Emiliano "Dibu" Martínez lo evitó en el último suspiro de la prórroga frente a Randal Kolo Muani- de ser la primera en renovar el título desde 1962.

De la mano de Deschamps, nacido en Bayona el 15 de octubre de 1968, Francia se ha convertido en la referencia del fútbol actual.

En los dos últimos decenios ha alcanzado seis finales de Mundiales y Eurocopas, cinco de ellas con Deschamps en el césped o en el banquillo.

Desde que ocupa el de Francia, el técnico vascofrancés ha sabido dotar a una generación de grandes futbolistas, liderada por Kylian Mbappé y Antoine Griezmann, del gen ganador que había tenido cuando a finales del pasado siglo reinó en el fútbol mundial de la mano de Zizou.

Esa buena estrella, que amenazaba con apagarse tras la eliminación en octavos de final de la pasada Eurocopa, su mayor borrón al frente de los "bleus", recuperó brillo en Catar, donde Francia demostró un elevado nivel competitivo salvo en la primera hora y cuarto de la final.

Esa es la seña de Deschamps, un técnico que no abraza estilos ni credos, adepto del pragmatismo, sin límites en lo que se refiere a esquemas o jugadores, capaz de castigar y perdonar con la mayor vehemencia en nombre siempre del interés mayor que es el equipo.

CATORCE VICTORIAS

Con esas credenciales, el técnico alcanzó en Catar su décima cuarta victoria en Mundiales, las mismas que el brasileño Luiz Felipe Scolari.

Sólo los ha superado el alemán Helmut Schon, que consiguió 16 entre 1964 y 1978. Además, tiene el mejor porcentaje de triunfos de todos los seleccionadores que han dirigido, al menos, diez duelos mundialistas.

Nombrado para el puesto en julio de 2012, por delante tenía la tarea de reconstruir un grupo que venía con las heridas abiertas del Mundial de 2010 y la Eurocopa de 2012, que se saldaron con dos sonados fracasos y muchas polémicas internas.

Ahí donde Raymond Domenech y Laurent Blanc fracasaron, Deschamps comenzó a construir una máquina de ganar, sello de su carrera, iniciada como profesional en el Nantes, engrandecida en el Olympique de Marsella (campeón de Europa de 1993) y el Girondins de Burdeos antes de alcanzar su cénit en el Juventus de Turín (campeón de Europa en 1996 y subcampeón en 1997 y 1998), para acabar en el Chelsea y el Valencia.

En los banquillos, condujo al Mónaco a la final de la Liga de Campeones en 2004 antes de ascender a primera división a la defenestrada Juve en 2007 y conseguir con el Marsella en 2010 la primera liga del club en 18 años.

Un exitoso recorrido que le aupó a la selección francesa, donde si cumple su nuevo contrato completará catorce temporadas.

Su renovación dependía más de él que de otra cosa, porque Francia le había entregado un cheque en blanco en el que su única exigencia era fijar el Mundial de Norteamérica como horizonte.

Pero la Eurocopa de 2024 será un examen duro, porque para entonces su principal mentor, el presidente de la FFF, Noel Le Graet, ya no estará en el cargo y porque la generación de Mbappé no podrá pasarse otros dos años más sin títulos.

Si no lo supera con nota, el nombre de Zidane regresará con fuerza y, entonces sí, su crédito quedará dañado.

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