Qatar: aprender de los horrores

Dado que la designación tuvo lugar en 2010 y la Copa del Mundo se debía desarrollar en 2022, podría haberse dado el caso de que FIFA hubiera llevado un control ex post en tres aspectos en los que la candidatura catarí presentaba problemas serios: a) seguridad laboral; b) impacto medioambiental de las infraestructuras; c) respeto de los derechos humanos.
El Código ético de FIFA establece que “La FIFA tiene la gran responsabilidad de velar por la integridad y la reputación del fútbol en todo el mundo. Por tal motivo, se esfuerza constantemente por proteger la imagen del fútbol, y sobre todo la propia, para evitar que métodos y prácticas ilegales, inmorales o contrarios a los principios éticos puedan ponerla en peligro o perjudicarla”.
Hemos de pensar que esos principios se tienen en cuenta a la hora de elegir las sedes de la Copa del Mundo. Ahora bien, si se llevara a cabo una evaluación de la decisión por parte de FIFA de asignar la organización de la Copa del Mundo a Catar se podría llevar a cabo un examen ex ante y ex post respecto de si sus principios éticos han sido tomados en consideración.
En el primer caso, nos encontraríamos con que el proceso de asignación no tuvo en cuenta (o lo pasó por alto) la situación política del país -una monarquía absoluta-. la de las minorías (mujeres, homosexuales) con derechos fundamentales muy limitados, la regulación laboral -la vigencia de un sistema semiesclavista, la kafala- o incluso, las condiciones medioambientales -que exigirían enormes inversiones para llevar a cabo el Mundial sin los agobios del calor propio del país.
Por otro lado, hay sospechosas muy sólidas de que el proceso de votación no solo fue poco transparente sino que hubo compra de votos por parte de la delegación catarí, en la que se vieron envueltos altos mandatarios de FIFA y UEFA, e incluso políticos europeos. Así pues, dudosamente, la designación por parte de FIFA superaría el examen ex ante.
Dado que la designación tuvo lugar en 2010 y la Copa del Mundo se debía desarrollar en 2022, podría haberse dado el caso de que FIFA hubiera llevado un control ex post en tres aspectos en los que la candidatura catarí presentaba problemas serios: a) seguridad laboral; b) impacto medioambiental de las infraestructuras; c) respeto de los derechos humanos.
Respecto del primer punto, el nivel de protección de los derechos de los trabajadores ha aumentado y hasta parecer ser que se ha eliminado la kafala. Es más, desde la OIT se señala que se ha trabajado con las autoridades del país para establecer un salario mínimo, una limitación de las horas extraordinarias y de las horas de trabajo diario.
No obstante, según estudios realizados por organizaciones internacionales y medios periodísticos, ha habido más de 6000 fallecimientos y durante gran parte de los años en los que se realizaron las obras, los trabajadores -la inmensa mayoría, emigrantes- sufrieron presiones para trabajar en largas jornadas bajo temperaturas extenuantes.
Respecto al tema medioambiental, FIFA y Catar han presentado la Copa del Mundo como uno de los eventos deportivos más sostenibles, señalándose que, entre otras medidas, para neutralizar la huella de carbono se han utilizado tecnologías equipadas con aire acondicionzado de energía solar. No obstante, algunas de esas supuestas tecnologías verdes han sido cuestionadas por diversas onegés.
En cuanto al tema de los derechos humanos, no ha habido modificación de la legislación relativa a la situación de la mujer o la sanción de la homosexualidad. Más allá de que se esté permitiendo la asistencia de las mujeres a los estadios, no parece haber habido ninguna otra mejora en este ámbito.
En resumen, un examen ex post tampoco permitiría concluir que la designación de Catar haya supuesto un cambio sustancial de las diversas condiciones mencionadas más allá de algunas medidas cosméticas que no sabemos si se mantendrán una vez finalizado la Copa del Mundo. Dicho de otra manera, FIFA habría influido muy poco en el régimen catarí aunque quizá de manera no voluntaria se ha colocado al país bajo la mirada crítica de las sociedades occidentales y que con ello, el pretendido sportwhasing pueda no haberse logrado en la medida deseada por las autoridades catarís.
Pero dicho esto, ¿qué se puede hacer de cara el futuro por parte de las principales organizaciones deportivas como FIFA y COI? ¿Cuál debe ser su actitud -boicot, negociación, connivencia- frente a las candidaturas provenientes de países no democráticos? FIFA ha establecido una política de derechos humanos, pero el COI ha dado un paso adelante en este aspecto: ha establecido que la designación de la sedes de los JJOO estará condicionada a su respeto.
Sin embargo, este requisito requeriría de una concreción para que surtiera efectos ya que los niveles de garantía pueden ser distintos según los Estados y habría que ver qué estándar de cumplimiento fijarían las organizaciones deportivas. Por otro lado, una aplicación demasiado exigente podría no solo reducir a muy pocos países la lista de posibles organizadores de competiciones deportivas internacionales, sino que se podría producir la reacción contraria a la que se pretende alcanzar en los Estados no democráticos.
Hay que recordar que muchos países, como es el caso de Catar, hasta hace unos años vivían como en la Edad Media y culturalmente no han avanzado sustancialmente. Esperar cambios drásticos en sus creencias puede ser una actitud ingenua.
Respecto del examen ex post de las condiciones de designación de sedes, sería interesante y fructífero que las organizaciones deportivas tuvieran la posibilidad de contrastar empíricamente el logro de los avances respecto de la mejora en el respeto de los derechos humanos, democracia, integridad, condiciones laborales, sostenibilidad, etc.
Ejemplos de condiciones ex post podría ser exigir que se modifiquen las leyes relativas para que las mujeres alcancen una situación análoga a los hombres respecto a la práctica del deporte, que se deroguen de manera efectiva las leyes restrictivas de los derechos de los homosexuales o que se respete la libertad de expresión de los aficionados y deportistas.
Enfatizar esta estrategia como ejemplo de lo que se conoce como “sport diplomacy”, quizá sea más realista y útil desde el punto de vista de la mejora del buen gobierno en esos países. Y es que la política y la ética no consisten única o exclusivamente en adherirse a principios morales y exigirlos a otros en contextos muy distintos a las nuestros, sino en cambiar el mundo para hacerlo un lugar más habitable moralmente, aunque sea gradualmente.
José Luis Pérez Triviño
Profesor acreditado catedrático de Filosofía del Derecho (UPF)
Miembro del Master EU Sport, Ethics and Integrity.

















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