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Sabino López
Sabino López Lunes, 14 de Noviembre de 2022

Superliga: bajando el balón al suelo

Después de leer el artículo de Alberro Palomar titulado “Superliga y sostenibilidad del sistema deportivo en el anclaje Comunitario”, en el que el autor se pregunta si las entidades privadas pueden ser limitadas en su actuación por la existencia de una competición pública organizada en el seno del movimiento deportivo convencional, y una vez leído el artículo Juan de Dios Crespo, titulado “La UEFA coge posición ante la vista en el TJUE sobre la Superliga”, en el que comenta las seis preguntas prejudiciales planteadas por el Juzgado de lo Mercantil, número 17 de Madrid que remitió al Tribunal de Justicia de la Unión Europea, en Luxemburgo, para ver si la FIFA y UEFA tienen una posición de monopolio y contraviene los artículos 101 y 102 del Tratado de funcionamiento de la U.E., me atrevo a dar una opinión “bajando el balón al suelo”.


La lucha que, en estos momentos, se plantea en torno a la Superliga, es una cuestión de poder en torno a la gestión económica de la competición.


En la Ley del Deporte de 1990 a la que, por cierto, ahora, desde una ignorancia supina, se desprecia como un cacharro viejo, en su artículo 41 se establece la constitución de las Ligas Profesionales. 


En la tramitación de la Ley del Deporte y por la aprobación, en la misma, de tal Artículo 41, se tuvo que soportar presiones de todo tipo, encabezadas, lógicamente, por la Real Federación Española de Fútbol con amenazas de expulsar a la Selección Española y a los equipos españoles de las Competiciones mundiales y europeas. 


Para ello, orquestaron visitas de dirigentes del mundo del fútbol a los efectos de entrevistarse con altos cargos del Gobierno a fin de que tal situación no se llegara a aprobar. 


Javier Gómez Navarro, con las ideas muy claras, logró que en la Ley del Deporte se mantuviera el Artículo 41 y se normalizaran las Ligas Profesionales.


Si esto ocurrió en España con la normalización de la Liga Profesional, idéntica situación, a nivel Europeo, se da con la constitución, en el año 2000, del grupo privado, denominado,  G-14.


Clubs de las ligas española, inglesa, alemana, francesa, portuguesa, holandesa y países bajos forman, en principio el G-14, para velar por sus intereses, al entender que tanto la UEFA como la FIFA no respetaban y que se concretaban, entre otros, en la cesión obligatoria de los jugadores a las Selecciones nacionales sin cubrir las posibles lesiones y en los calendarios de las Selecciones que se llenaban de fechas y ello afectaba al rendimiento de los jugadores con su Club. 


El Director Deportivo del Milán resumía la situación en aquellos momentos, cuando afirmaba que “nosotros le pagamos el sueldo a los jugadores por doce meses, pero otros se llevan a nuestros empleados y los usan para ganar dinero, sin que recibamos nada a cambio”.


Todo esto conlleva que los dirigentes de UEFA y FIFA se levanten en armas contra el G-14. Se llega al acuerdo de recompensar económicamente a los clubs que cedan jugadores a las Selecciones, pero a cambio se disuelve el G-14.


En enero de 2008 se crea la Asociación Europea de Clubes (ECA), siendo 16 los miembros fundadores, con lo que el Presidente de la UEFA, Platini, consigue domesticar a los Clubs, abriendo, en palabras de Platiní, “el camino hacia la armonía para volver al futbol entre los estamentos reguladores y los clubs”.


Con esta breve historia, se constata que el fútbol profesional no se encuentra cómodo sin tener la independencia que entiende le otorga el ser quien genera el dinero con los futbolistas que contrata y con los que asume todos los riesgos económicos.


Por ello, a nivel doméstico, las Ligas de Fútbol Profesional gozan de autonomía para la organización de sus competiciones y para, sobre todo, negociar el contrato de televisión.
El alemán Rummenigge, el 21 de noviembre de 2021 decía:


“No deberíamos excluir que en el futuro pueda crearse un campeonato europeo con los grandes clubs de Italia, Alemania, España, Inglaterra y Francia ya sea a través de UEFA o en una organización privada que acogería a una veintena de equipos. Los mejores clubs son cada vez más fuertes respecto a los otros en los grandes campeonatos y otro campeonato ya está naciendo más allá de la Liga de Campeones”.


Entiendo, bajando el balón al suelo, que partiendo de la Asociación Europea de Clubs (ECA) se puede tener a ésta, bajo el paraguas de la UEFA, como una organización independiente a los efectos de organizar la competición europea, con facultades plenas para negociar y gestionar el contrato de televisión referido a la competición europea, viniendo obligada a pagar a la UEFA los gastos de servicios como son los arbitrajes, funcionamiento del comité de competición y apelación, etc.


Es decir, una réplica de la situación de la Ligas de Fútbol Profesional con sus federaciones. Las federaciones no querían, en su día, la formación de las Ligas de Fútbol Profesional porque perdían la negociación y gestión del contrato de televisión y el poder de repartir el dinero obtenido.


Uno de los puntos que se argumenta es que la creación de la Superliga, como competición europea, debilitaría las Ligas domésticas.


Entiendo que esa Liga Europea, organizada por la ECA, bajo el paraguas de la UEFA y con autonomía para negociar y gestionar el contrato de televisión, mantendría un sistema de clasificación, para la misma, partiendo de la clasificación en la Liga doméstica. 


No hay duda que el historial deportivo de cada club se podría tener en cuenta en el momento de repartir los premios económicos.


No obstante, se atisba, en el horizonte, que incluso esta Liga Europea llegará a ser superada por una Liga Mundial como consecuencia de la extensión del fútbol a través de los medios de comunicación.


El jugar partidos de la Liga Española en Estados Unidos, la Supercopa en Arabia Saudí, constituyen apuntes por los que se amplían las presencias físicas de los clubs con sus equipos del fútbol, fortaleciendo la posibilidad de competiciones más allá de la europea, en la que clubs de todos los continentes compitan entre sí en una Liga en la que se podría contemplar una primera y una segunda división, lo que conllevaría  un seguimiento muy importante, en televisión y otros medios de comunicación.


Todo será que a un Fondo le cuadre en sus inversiones.


Esta es la opinión, salvo mejor criterio, de un abogado de pueblo, Vegadeo, sin acritud.


Sabino López   
 

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