¡La palanca del pueblo es la Copa!

El sorteo de la primera eliminatoria copera deparó un ambiente inusitado en el salón de actos de la Federación. Son más de cien los equipos llamados a participar y el parking situado en las afueras de Las Rozas estaba lleno de árboles aún imberbes que ni daban sombra ni permitían aparcar con facilidad a todos los desplazados que eran muchos.
Procedentes de casi toda la geografía peninsular componían un cuadro variopinto en cuanto a edades y aspecto, pero homogéneo respecto del sexo, salvo una aficionada del Arenteiro que además derrochó buen humor en un evento que Rubiales con su habitual agilidad supo vender bien. Se copia el modelo inglés de manera que, por ejemplo, en tan solo una Comunidad, la valenciana, 358 clubes de categoría regional han disputado “La Nostra Copa” y solo uno L'Alcora ganó el derecho de estar presente, ¡incluso sacando la bola del futuro rival uno de sus jugadores! Les ha tocado el Elche de Primera pero no tal vez el que esperaban. No será la única desilusión de los asistentes. No hay gordos ideales para todos, aunque, también el premio gordo conlleva problemas, como veremos.
Al Almazán le ha correspondido el Atlético de Madrid, un miura, aunque hoy mismo asuste poco. Al parecer, los requisitos para jugar en campo propio no quedan lo suficientemente reglamentados, o se determinan más bien ad hoc: en función de la repercusión del choque, pues veremos campos de hierba artificial y con muy parcas infraestructuras que sirven contra algunos equipos de LaLiga (profesionales) y en cambio no sirven para otros. La argumentación principal, sin entrar en valoraciones como seguridad, aforo o dimensiones, es que el partido entre el Almazán y el Atlético será retransmitido por La 1 de TVE, algo que ha bastado para que el campo del anfitrión quede descartado.
A los aficionados del más modesto club les cuesta entender que justo cuando van a protagonizar una efeméride desconocida en las crónicas locales, se desplaza el espectáculo de su lugar natural. Nada qué oponer cuando sean ellos mismos quienes lo propongan. Bien por la cercanía del desplazamiento y/o porque pueda elevarse el número de espectadores (en torno a 8.000 entradas vendidas en Los Pajaritos de Soria).
Pero sorprende este nivel de exigencia cuando se trata de llevar la fiesta del fútbol, o así lo proclama su presidente, a donde nunca llega. Si se busca la comunión con la esencia popular de este deporte debería declinarse el interés económico -más propio del fútbol profesional- en favor de los ideales que adornan al torneo más antiguo de España. Se cohonesta como abanderado de la Federación que fomenta los valores del deporte reconocidos por ley, pero Rubiales se mueve entre Escila y Caribdis en un difícil equilibrio.
También por algo que podríamos llamar en derecho la doctrina de los actos propios y el presidente de la RFEF como jurista debe conocerla. La ciudad adnamantina fue la sede elegida en la fase de playoffs de ascenso a la Segunda Federación en toda Castilla y León. Y frente a estadios y capitales históricas de esa llamada Castilla la Vieja en nuestros textos escolares. Casualmente asistí en dicha ocasión al recinto ferial y fue para mí todo un hallazgo. A orillas del Duero, un Duero vadeable desde tiempos inmemoriales en ese Parque de la Arboleda (cerca de 100.000 m²) ha sido testigo del intercambio de mercancías y de aglomeraciones como por primavera u otoño acostumbra (unas 50.000 personas en 3 jornadas). Espacio apto para albergar una fiesta futbolera en una confluencia natural de Castilla con Aragón y Navarra, Madrid y el Sur.
Por último, la Copa ha recuperado con valentía el interés por esta competición que se resentía de una tensión histórica más bien siempre a favor de los equipos grandes y sus intereses en detrimento del resto, por lo que tampoco se comprende que no se televisen la mayoría de los partidos, cuando existe esa demanda. Parece que damos la razón a aquellos que este fin de semana dirán que no hay fútbol porque no juegan los equipos virtuales de la Superliga. Ocurre como los arbolitos plantados en el parking de Las Rozas, no sabemos si están para dar sombra o para no poner fácil el aparcamiento. Rubiales entre Escila y Caribdis.

















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