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Érase una vez un dirigente federativo y un ministro hablando de la ley

"Uno" de IUSPORT Sábado, 12 de Noviembre de 2022
F. ShutterstockF. Shutterstock

Un relato imaginario en el que cualquier parecido con la realidad NO es pura coincidencia. En este diálogo nada inverosímil, los interlocutores, un dirigente federativo y un ministro, hablan de cómo articular una nueva ley del deporte en la que los conceptos igualdad, deporte inclusivo, intolerancia al racismo y otras cuestiones, impidan ver auténticos cambios de fondo claramente perjudiciales para los agentes deportivos de la base, en beneficio de unas federaciones a las que se deja de controlar pero a las que se les sigue otorgando el privilegio del monopolio

Érase una vez en la que el presidente de una federación española pidió reunirse con el ministro competente en materia de deporte.

 

El dirigente deportivo le explicó el motivo de la audiencia: "Me enteré de que vais a aprobar una nueva ley del deporte y yo puedo ayudaros". Corría el año 2020.

 

El ministro puso cara de circunstancias pero el federativo insistió: "Oye ministro, que voy en serio. Supongo que estarás harto de que los líos del deporte recalen en el Ministerio, verdad?. Pues yo te voy a dar la solución. Bueno, yo y mi "hermano", otro gran dirigente que opina como yo y que tú ya conoces".

 

"En la nueva ley lo que tenéis que decir, con otras palabras claro, es que los trapos sucios del deporte se laven en casa, que el Gobierno no va a intervenir más en estas cosas. Eso sí, no se te ocurra quitarnos el monopolio federativo, ni la representación de España por el mundo, ni mucho menos nos quites el himno nacional. Nosotros somos entidad privada pero sólo por las mañanas. Disculpa el chiste, ministro, pero es que nosotros no somos solamente La Federación, somos la prolongación del Estado en nuestro deporte".
 

"Nosotros, y nadie más, decidiremos quiénes pueden competir, cuándo y cómo, las sanciones las pondremos nosotros y punto; comercializaremos los derechos de los clubes pobres, aunque no sean nuestros, lo normal ministro; los tuyos solo deben intervenir cuando haga falta, nosotros te avisaremos. Ah, y si alguien nos denuncia, tú mira hacia otro lado. Nada de intervención del Gobierno eh!, ni de ese tribunal del deporte manipulado que me persigue; hay que suprimirlo".

 

El ministro le responde: "¿Pero si en ese tribunal hay miembros propuestos por tu federación?"

 

"Me da igual", le dijo el federativo; "yo no quiero ningún tribunal público. Nosotros pondremos las sanciones y ya está. Por qué tiene que venir alguien de fuera a decirnos lo que tenemos que hacer en nuestra casa?"

 

"Por cierto", añadió el federativo, "si te preguntan por qué se cargan el TAD, diles que es para homologarnos con los países de nuestro entorno".

 

Y el ministro le replica: "¿Y si me preguntan por qué no suprimimos el CSD, que tampoco existe en los países cercanos?"

 

"No te preocupes", le respondió el federativo. "La prensa española no se entera de esto y no te van a preguntar nada de estas cosas de leguleyos. Tranquilo, solo hay un portal de unos taraos que presumen de saber de leyes del deporte, pero descuida que los otros medios no van a hablar de esto". "¿Tú has visto algún movimiento de protesta?. No. Lo que te digo, nadie se entera".

 

"¿Pero estás seguro?", le preguntó el ministro. "¿Seguro que nadie va a darse cuenta de que dejamos a la intemperie a los clubes y deportistas, que ya no podrán recurrir al TAD las sanciones?"

 

"Tranquilo", le dijo el federativo: "cuando se den cuenta la ley ya estará en el BOE y siempre podréis decirles que no se quejaron cuando se tramitó la ley, que lo sientes mucho pero que ahora ya no hay nada que hacer".

 

"Te digo más, para allanarte el camino mi gente te enviará el texto completo de la nueva ley redactado. Tú limítate a llevarlo al Consejo de Ministros y al Parlamento".
 

"De acuerdo, le dijo el ministro: Dile a tu segundo que se lo envíe al director general, que me consta que son muy amigos".

 

Y, efectivamente, el adjunto al presidente federativo le envió el texto redactado al director general de entonces, buen amigo suyo.

 

Sin embargo, aunque el Gobierno había anunciado varias veces que sacaría una nueva ley del deporte, en realidad carecía de necesidad para ello; nadie lo había pedido porque la vigente ley de 1990 es muy buena y se dieron cuenta de que era difícil de mejorar. Además, tampoco tenían un modelo alternativo que plasmar en la nueva ley. 

 

Así pasaron un par de años hasta que de repente todo cambió. En Europa se inventaron los llamados fondos de recuperación y resiliencia, y el Gobierno español le dijo a la Comisión Europea que quería 300 millones para el deporte porque iba a hacer grandes reformas, tantas que se comprometía a aprobar una nueva ley antes de diciembre de 2022.

 

El Gobierno español nunca le dijo a la UE lo que de verdad iba a hacer aprovechando el Pisuerga, demoler el sistema vigente para darle un poder dictatorial a las federaciones frente a los clubes; la cosa era hacer creíble el cambio ante la UE para poder recibir los fondos.

 

Y de golpe, un proyecto de ley hecho por la federación en cuestión y que aquel director general había dejado en un cajón del CSD antes de abandonar el cargo, se rescata, se saca a información pública (dos veces, porque "se despistaron" y pusieron un límite de mandatos que quitaron en la segunda versión ante la queja de las federaciones), y lo enviaron al Congreso de los Diputados. Eso sí, se cuidaron muy mucho de no pedir dictamen al Consejo de Estado, no sea que éste le formulara una suerte de enmienda a la totalidad. 

 

Es muy revelador de las intenciones ocultas el que un proyecto de ley regulador de un sector tan importante a nivel social y económico como el deporte no sea sometido a dictamen del más alto órgano consultivo del Estado. 

 

La historia que sigue ya es conocida: el PP, que durante todo el tiempo se mostró beligerante en contra de la nueva ley, cambió de opinión en la recta final para luego volver a desdecirse en el pleno, donde votó en contra.

 

"Podemos" demostró una vez más que en materia de deporte no está ni se le espera. Ellos están para otras cosas. En los últimos minutos hubo una aparición pública fugaz de Pablo Echenique para criticar a Florentino Pérez, pero desaparecieron de nuevo y, por supuesto, votaron a favor de la nueva ley junto a los nacionalistas vascos, que le arrancaron las "selecciones autonómicas internacionales" al PSOE. Así sacaron adelante una ley que está a punto de publicarse en el BOE (el paripé del Senado podrían ahorrárselo) para desgracia del deporte español.

 

Sólo el grupo parlamentario de VOX se mostró coherente durante toda la tramitación de la ley. Se opuso a la mutilación del TAD y criticó la retirada de las enmiendas que protegían a los clubes modestos y a la industria del fútbol, posiciones que eran las correctas y en las que lamentablemente no fueron secundados por el resto de grupos, lo cual les dejó retratados.

 

El PP salvó los muebles al final al votar en contra, por lo que esperamos que si ganan las elecciones de 2023 hagan exactamente lo mismo que acaban de anunciar respecto al delito de sedición: derogar la nueva ley del deporte, o al menos todo aquello de ésta que implica la demolición del modelo semipúblico del deporte instaurado en 1990, un modelo que nadie había cuestionado, salvo una federación en la que todo el mundo está pensando.

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Firma: "Uno" de IUSPORT

 

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