Definitivamente, José Manuel Franco no cree en la autonomía del fútbol femenino

En esa pendiente entreguista hacia el presidente de la RFEF, José Manuel Franco ha seguido tomando decisiones, siempre en el mismo sentido
Desde que la Comisión Directiva del CSD decidiera en junio de 2021 calificar como profesional a la máxima competición del fútbol femenino no han parado de suceder encontronazos entre la RFEF y los clubes femeninos, por un lado, y entre la Federación y el CSD, por otro.
De las pocas cosas positivas que reconocemos a Irene Lozano está su firme determinación a la hora de impulsar la Liga Profesional de Fútbol Femenino, pasando incluso por encima de las presiones federativas, con la ayuda inestimable de una gran dirigente socialista, Carmen Calvo, entonces vicepresidenta del Gobierno, que posteriormente fue enviada a galeras por Sánchez al negarse a tragar los sapos que Podemos pretendía con la “Ley trans”.
Pero Irene Lozano, que no llegó al año y medio al frente del CSD, también terminó cayendo, en este caso no por los ‘trágalas’ del socio Podemos. Las persistentes presiones de la Federación (cuidado con el Mundial 2030, eh!) acabaron por hacer mella en La Moncloa y el presidente Sánchez decidió darle una “patada hacia arriba” a su otrora ‘escribidora’ Irene Lozano, enviándola, primero a la Asamblea de la Comunidad de Madrid y, finalmente, a dirigir la Casa Árabe, donde sigue en la actualidad.
Esto ocurrió después de que el presidente de la RFEF, Luis Rubiales, le reprochase a Lozano que el TAD se confabulara en su contra, según consta le dijo en un audio que publicó El Confidencial, como si la persona que preside el CSD tuviese en su mano la potestad de dirigir las deliberaciones del tribunal del deporte. Los que conocemos ‘como funciona esto’ sabemos que es imposible decidir desde fuera el sentido final (fallo) de las resoluciones del TAD. Ponemos la mano en el fuego por sus siete miembros, incluidos los nombrados a propuesta de la RFEF.
Tras la caída de Lozano, en la RFEF vieron el camino despejado para lograr su anhelado deseo: frenar la puesta en marcha de la Liga Profesional de Fútbol Femenino.
Primero, formando una pinza con Real Madrid, Barça y Athletic, los mismos que se opusieron al acuerdo de LaLiga con CVC para retrasar la aprobación los estatutos de la nueva liga femenina, con el fin de posponer un segundo año el arranque de la misma. De esa manera, seguiría bajo el paraguas federativo, con la inyección económica que ello lleva consigo.
Pero se toparon con el ministro Miquel Iceta, quien les advirtió a finales de 2021 que la nueva liga saldría adelante con o sin ellos.
Tras esa advertencia ministerial, los conjurados (RFEF, Real Madrid, Barça y Athletic) bajaron la guardia ligeramente y se logró aprobar los estatutos del nuevo ente regulador de la Liga Profesional de Fútbol Femenino.
Pero no crean que se hizo en quince días. Pasaron varios meses más, hasta que el 14 de marzo de 2022, es decir casi un año después de ser calificada la nueva liga como profesional, la Comisión Directiva del CSD aprobó los estatutos.
Se suponía que con ese trámite, que implicaba la constitución formal del nuevo ente, ya se había completado el puzle y ya nada podría hacer la RFEF para frenar la nueva liga femenina.
Pero resultó que no, que la misa no estaba dicha. Para que una liga profesional pueda entrar de verdad en funcionamiento hay que superar otro escollo más: firmar un convenio de coordinación con la federación respectiva o, en su defecto, que el CSD establezca un régimen provisional.
Claro que ello no hubiese sido problema si al frente de la federación estuviera una persona como Francisco Blázquez en balonmano. Como saben los lectores de IUSPORT, la liga ASOBAL, que fue calificada hace sólo un mes, el pasado 7 de julio, ya ha celebrado su sorteo de emparejamientos en la propia sede del CSD sin oposición de clase alguna por parte de la Federación.
Pero no es esa la actitud del presidente de la RFEF. En enero pasado, durante el proceso de aprobación de los estatutos de la Liga Profesional de Fútbol Femenino, presentó un informe de más de 100 folios en contra, lo que obligó al CSD a dedicar un tiempo precioso, absolutamente prescindible, a rebatirle uno a uno sus reparos.
Tampoco piensen que la RFEF se dio por satisfecha con ello, de eso nada. En una suerte de competición o desafío, sabiendo que ya la Comisión Directiva del CSD había aprobado los estatutos de la nueva liga, tuvo la osadía de llevar dicho cuerpo normativo a su propia asamblea “para su aprobación”.
Un auténtico pulso, otro más, de la Federación al Gobierno, pero, como viene ocurriendo desde hace algún tiempo, José Manuel Franco no lo vio así. Tampoco le pareció anormal que el presidente de la RFEF grabase conversaciones telefónicas al malogrado ministro José Guirao o a su antecesora Irene Lozano.
“El Gobierno no entra a valorar las actividades privadas de las federaciones”, se leyó en una respuesta parlamentaria al PP sobre este asunto, pretendiendo que no nos diéramos cuenta de que esas actividades ni eran privadas ni ajenas al Gobierno: era éste el sujeto pasivo de las grabaciones, según publicó El Confidencial.
En esa pendiente entreguista hacia el presidente de la RFEF, José Manuel Franco ha seguido tomando decisiones, siempre en el mismo sentido: primero suspendió el envío de las denuncias contra Luis Rubiales al TAD, favoreciendo así que prescriban las eventuales infracciones, y hace escasos días decide que los emparejamientos de equipos en la Liga Profesional de Fútbol Femenino no corresponde sortearlos a la entidad organizadora, sino a la Federación, en otra decisión absolutamente inexplicable que puede tener consecuencias desastrosas para el devenir de la nueva competición.
Por si ello fuera poco, con su decisión, José Manuel Franco ha logrado un doble efecto negativo que denota su abandono de aquella causa que lideraron Lozano y Carmen Calvo: uno, impedir que la nueva liga tuviese su minuto de gloria, celebrando el sorteo en la sede del CSD, como le habían pedido, acto que le hubiese proporcionado una visibilidad inmensa con la que atraer patrocinadores.
Y lo peor: no sólo impidió que lograse esa necesaria visibilidad, sino que propició un destrozo de su imagen al convertir la RFEF el sorteo en una auténtica chapuza.
Como es sabido, la Federación se vio obligada a anular este viernes el resultado del sorteo y publicar otro horas después, tras el patinazo cometido con las cartulinas. Según el acto celebrado por la RFEF, el sorteo elegido era el 46495 cuando el correcto era el 49465.
Un bochorno cuyos perjuicios no recaen en la federación que lo protagonizó, sino en la entidad titular de la nueva competición a la que José Manuel Franco ha dejado tirada en la cuneta.
El presidente del CSD, en lugar de aprobar un régimen provisional hasta que se firme el convenio de coordinación, ha decidido entregar, de facto, el control de la liga femenina a la RFEF.
Definitivamente, lo que se ve desde fuera es que Franco no cree en la autonomía del fútbol femenino.


























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