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Ceguera voluntaria: el excesivo riesgo del motociclismo en menores

Laia Ferrer Laia Ferrer Lunes, 18 de Julio de 2022
F. ShutterstockF. Shutterstock

En la Copa Catalana de Promovelocidad hay niños de 4 a 14 años pilotando motos que superan los 150 km/h.

[Img #147190]Andreas Pérez, Hugo Millán, Dean Berta Viñales y Marcos Garrido. Demasiados muertos, demasiado jóvenes. En los últimos cuatro años han fallecido cuatro pilotos en las categorías de formación en España. Ninguno superaba los 15 años de edad.

 

A esta trágica lista hay que sumar al joven piloto de 15 años, que se encuentra ingresado por un traumatismo craneoencefálico grave, sufrido a consecuencia de una caída, este mismo sábado, en el circuito de LlucMajor en Mallorca.

 

Pero a los fallecimientos hay que sumar las lesiones. No hay parte del cuerpo que se escape a los peligros que acechan al ir en moto. “Me he roto el brazo dos veces”, dice Cesc Obiol, piloto de PromoRACC1 (Els Pallaresos, Tarragona; diez años); “tengo una lesión en el hombro”, añade Bryan Gutiérrez (Oviedo, Asturias; diez años); “me partí el húmero”, confiesa Jairo Llao (Mollet del Vallès, Barcelona; nueve años); “me partí la clavícula” recuerda David González (Medina Sidonia, Cádiz; catorce años).

 

A lo que hay que sumar fracturas en los dedos de las manos, lesiones en los ligamentos y todo tipo de golpes y magulladuras. ¿Cuántos muertos y cuántas lesiones más hay que lamentar para que las instituciones y organizaciones competentes tomen cartas en el asunto?

 

Los promotores, empezando por la Federación Española de Motociclismo y Dorna (la empresa española que explota los derechos de MotoGP y las categorías de formación), se saben observados pues, por ejemplo, en la Copa Catalana de Promovelocidad hay niños de 4 a 14 años pilotando motos que superan los 150 km/h.

 

Sabedores de ello, guardan silencio cuando se les pregunta por el número de caídas y de accidentes graves. Pero el negocio funciona y parece que eso es lo único que importa. Quizá hay que recordarles que estamos hablando de vidas. De la vida de niños. De su integridad física. Y no se les está protegiendo todo lo que se podría.

 

Más allá de la absolutamente cuestionable decisión de tener a niños subidos encima de una moto, se están descuidando muchísimos estándares de seguridad en favor del espectáculo. Así de inhumano e incomprensible. Cierto es que recientemente se ha apostado por aumentar las edades mínimas para competir, pero es una medida absolutamente insuficiente.

 

Junto al inevitable riesgo de la velocidad hay que sumar otro factor de peligro: los atropellos. Estos se dan mayoritariamente en caídas múltiples en carreras muy concurridas, como se desprende de un análisis de las últimas muertes: en el caso de Berta Viñales corrían 42 pilotos; eran 44 en la de Moto3 del FIM-CEV en la que murió arrollado Andreas Pérez, en Montmeló en el 2018; y 38 en la carrera de la Talent Cup del FIM-CEV en la que falleció Hugo Millán, en Motorland en julio de 2021 (también atropellado). En comparación, se encuentran en pista entre 20 y 24 pilotos en MotoGP. La conclusión es clara: hay que reducir el número de pilotos por metro cuadrado de asfalto.

 

Por otro lado, el equipamiento (mono, casco, rodilleras, guantes y botas) debe ofrecer el máximo grado de protección posible. Una obviedad, ¿cierto? Pues parece que no lo es para la Federación. Los niños no llevan airbag, una decisión absolutamente incomprensible e intolerable, pues ya se ha comprobado la utilidad de este sistema de protección en las categorías superiores, ¿por qué  no son obligatorias para los jóvenes pilotos?

 

Las fracturas y las lesiones incompatibles con la vida no entienden de edad y menos si vas subido a una moto a más de 100 km/h.

 

Para variar, tampoco se toman las precauciones médicas suficientes. En el caso de la Federación Catalana de Motociclismo, para competir únicamente solicita a los padres de los menores un informe médico, que acredite que son aptos para la práctica deportiva. Se trata de una mera firma de un médico, pues no se realiza ningún chequeo médico adicional.

 

Esto podría ser suficiente para cualquier otro deporte, pero es ilusorio pensar que lo es para competir encima de una moto. “Se deberían hacer pruebas médicas orientadas a comprobar que no haya problemas cardíacos”, afirma Eva Díaz, médico de familia en Terrassa. “De la misma manera, habría que hacer una buena valoración psicológica del estado mental del niño”, añade. Un suma y sigue de precauciones pendientes.

 

Así mismo, es absolutamente insostenible que sean los niños quienes decidan después de una caída, que ha necesitado atención médica, si vuelven a salir a pista o no. Debido a la ilusión y las ganas de triunfar, el menor no puede hacer un cálculo realista de los riesgos. Por eso es el médico quien debe decidir si el piloto es apto o no para seguir pilotando. Y si no lo es, no sale. No hay vuelta de hoja, pues carreras hay muchas, pero cuerpo solo hay uno y más si son niños.

 

Aún así, el riesgo cero es imposible. No podemos evitar, en su totalidad, que un piloto sea arrollado por su propia moto, ni que se produzca una fractura fruto de una caída en la que el diminuto cuerpo del menor absorbe más de un g (la fuerza g es una medida que determina la aceleración producida por la gravedad terrestre en un objeto o individuo y un g se considera la gravedad estándar, como por ejemplo, el daño que recibe nuestro cuerpo al caer al suelo andando por la calle).

 

En la percepción de la doctora Díaz “preocupa especialmente una lesión en el cartílago de crecimiento. Es una zona muy débil y de fracturarse, puede condicionar y mucho el desarrollo óptimo del menor: el hueso puede quedar más corto o torcido”, asegura.

 

Se trata, entonces, de responder a una pregunta compleja y urgente a la vez: ¿cuánto riesgo estamos dispuestos a asumir cuando se trata de menores? Aunque lejos de la unanimidad, en algún momento la sociedad consideró que los posibles perjuicios no superan los beneficios de esta práctica y cayó en una especie de ceguera voluntaria, ayudado para ello en el desconocimiento de los datos de los partes médicos.

 

Pero las federaciones de motociclismo y el Consejo Superior de Deportes (CSD) sí tiene ese conocimiento, además de un rol especial en la protección de los deportistas y no pueden seguir de brazos cruzados ante esta falta de precauciones y estándares de seguridad. Si persisten en la ceguera, seguiremos lamentando muchas muertes.

 

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