Federación Española de Fútbol, transparencia y ejemplaridad

¿Puede el fútbol vivir de espaldas a la sociedad? Poca autocrítica, mucha disciplina interna y poco propósito de enmienda. No se formuló ni una sola pregunta por parte de los asambleístas sobre los hechos graves que se han conocido.
Los miembros de la asamblea de la RFEF han mostrado hoy su apoyo al presidente, de esto no hay duda.
La pregunta es: ¿puede el fútbol vivir de espaldas a la sociedad? Poca autocrítica, mucha disciplina interna y poco propósito de enmienda. No se formuló ni una sola pregunta por parte de los asambleístas sobre los hechos graves que se han conocido.
Independientemente del desenlace de la causa sobre si la información se obtuvo ilícitamente, la sociedad ya ha conocido los hechos difundidos por El Confidencial. Serán o no delito, serán o no infracción administrativa, pero, al margen de esto, dejan en la sociedad española un poso de preocupación importante.
La sociedad necesita creer en sus instituciones y la organización del fútbol es una de las más importantes.
Precisamente por esto, su ejemplaridad es un valor que no puede pasarse por alto y, por encima de las valoraciones jurídicas, los hechos conocidos la ponen en entredicho.
El fútbol necesita legitimarse en su gestión porque no es una actividad económica cualquiera. Es una actividad que se vincula a intereses colectivos que trascienden al propio deporte: la ilusión y la pasión.
El fútbol es el deporte que despierta un mayor interés en la sociedad, el que mueve más pasiones y el que enarbola como ningún otro la bandera de España. Poco más se puede decir para identificar como relevante una actividad social.
Esto es lo que lleva a considerar que no es suficiente con un cierre de filas. Han dado explicaciones pero no todas las explicaciones.
La RFEF debe ser transparente ante la sociedad, no basta con la transparencia corporativa y aquí la posición de la Federación no ha estado a la altura de su importancia social. La respuesta de la Federación en toda esta crisis ha tendido a un cierre corporativo que no legitima cualquier cosa.
Que la asamblea apruebe las propuestas elevadas por sus dirigentes, ciertamente implica que confía en ellos pero no significa necesariamente que diga la última palabra sobre las presuntas irregularidades denunciadas.
Es evidente que la crisis no se cerrará mientras las denuncias penales y administrativas no se sustancien y resuelvan en uno u otro sentido.
Lo ejemplar está por encima de lo estrictamente formal y es precisamente lo que marca la diferencia entre unos gestores y otros.























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