El Gobierno ha descubierto que tiene un problema irresoluble con Rubiales

En el Gobierno piensan que el desenlace de las investigaciones y expedientes, sea cual sea, no va a revertir la pérdida absoluta de confianza que ya se ha consumado.
Con independencia del desenlace de las investigaciones y expedientes que se abran al presidente de la RFEF, Luis Rubiales, tras los Supercopa Files, el Gobierno se ha dado cuenta de que hay un problema que no tiene solución: Rubiales ya no es considerado interlocutor de confianza.
Los audios publicados por El Confidencial de las grabaciones con la expresidenta del CSD, Irene Lozano, y con el exministro José Guirao (El Confidencial ha añadido este viernes chats de WhatsApp con el presidente Pedro Sánchez), incapacitan definitivamente a Rubiales como interlocutor ante el Gobierno.
Llegados a este punto, en el Gobierno piensan que el desenlace de las investigaciones y expedientes, sea cual sea, no va a revertir la pérdida absoluta de confianza que ya se ha consumado.
Por eso estamos ante un problema irresoluble. No puede olvidarse que las federaciones son entidades a las que el Estado les permite regular un sector social y económico en régimen de monopolio; representan a España en las competiciones internacionales y están, por ello, bajo la tutela del Estado, que la ejerce a través de un ministerio y un organismo autónomo, el CSD.
Debido a esa especial configuración, la interlocución de las federaciones con el Gobierno es permanente, casi diaria. Son muchos los ámbitos en los que están obligados por ley a entenderse: selecciones, tecnificación deportiva, organización de competiciones, disciplina deportiva, y un largo etcétera.
Tras divulgarse las grabaciones de las conversaciones de Rubiales con Lozano y Guirao, la cuestión relativa al posible origen ilícito de los archivos, que está sub iudice, pasa a otro plano.
Aunque a efectos judiciales una prueba ilícita carezca de fuerza inculpatoria, a nivel de relaciones personales e institucionales, esas grabaciones ya no pueden ignorarse. Dicho en román paladino, nadie del Gobierno quiere volver a hablar con Luis Rubiales.
Da lo mismo también conocer cómo y por qué se realizaron las grabaciones. Lo grave es que existen y toda España ha presenciado el tono irrespetuoso con el que el presidente de una federación se dirigió a un ministro y a una secretaria de Estado.
Ha sido algo realmente bochornoso que daña gravemente, no solo la imagen de la Federación, sino la del Gobierno de España. Y esto no tiene otra salida que la dimisión.
No es necesaria ni una moción de censura ni una inhabilitación. Las circunstancias no dejan otra alternativa que la dimisión.

























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