Sábado, 10 de Enero de 2026

Actualizada Sábado, 10 de Enero de 2026 a las 20:45:43 horas

La reconstrucción y la resiliencia del deporte

Por Alberto Palomar Olmeda (Universidad Carlos III), Ramón Terol Gómez (Universidad de Alicante), Antonio Descalzo González (Universidad Carlos III), Carmen Pérez González (Universidad Carlos III) y José Rodríguez García (ISDE).

La pandemia y la crisis sanitaria llegaron hace unos meses a nuestras vidas con la percepción inicial y equivocada de que se trataba de un fenómeno temporal y de efectos más o menos limitados.

 

Las medidas que se adoptaron en aquel momento respondían a este criterio y a esta percepción, pero ahora, pasado el tiempo, estamos comprobando que los efectos son más perjudiciales que lo que se esperaban, que se proyectan en el tiempo y que están afectando al modelo deportivo en su conjunto. En términos claros podríamos decir que nuestra capacidad de resiliencia está dejando paso a la necesidad de la reconstrucción, porque este punto de vista ya no puede ser la adaptación sino la reconfiguración de lo perdido.

 

Con este planteamiento inicial y con el mejor deseo de contribuir a ordenar el debate de la reconstrucción cabría plantearse algunos elementos estructurales de esta labor diferenciada por ámbitos y por sectores:

 

A) El deporte profesional. Necesita un marco de seguridad jurídica y de ordenación pausada, acordada pero que le dote de estabilidad. La imagen del conflicto continuo es una pésima imagen para su comercialización y la imagen de las políticas sectoriales atacando, en aras de la ejemplaridad, el sistema financiero y organizativo del deporte tampoco es la mejor imagen ni el mejor escenario para recuperar el sistema.

 

El deporte profesional va a sufrir enormes pérdidas por la ausencia de espectadores y, lo que es más preocupante, va a condicionar el hábito de consumo, la publicidad, el marketing y, en general, los elementos asociados a la visualización del deporte profesional. Como decíamos al principio, los daños fueron concebidos como temporales pero su temporalidad se proyecta demasiado tiempo y puede estar socavando los pilares más estructurales de la industria del deporte con una afección que no se puede evaluar pero que dista de ser menor.

 

La recomposición es fruto de la labor de los agentes organizadores, pero todos los demás deberíamos contribuir a la estabilidad en la que se funde esta actuación. Cuando la negociación o el acuerdo no son -según estamos viendo- los instrumentos que dotan o aseguran esta estabilidad, la misma debe ser obra del regulador. Es al regulador al que le corresponde dar estabilidad al sector y asentar un mercado de intereses muy variados pero que no puede vivir en la polémica competencial diaria porque en ese marco la explotación comercial y la organización resultan muy dañadas.

 

Si lo que se plantea en este apartado parece razonable en cualquier momento, mucho más en este en el que la propia configuración histórica de los diferentes mercados del deporte – y sobre todo- del fútbol está en entredicho y se buscan nuevas fórmulas para conseguir una competición más productiva y más interesante. Enfrentarse a esta idea y a esta posibilidad desde la inestabilidad continua es una debilidad innecesaria que puede contribuir a que lo que parece utópico acabe siendo una solución real.

 

B) El deporte federado se ha mantenido a duras penas y solo en su nivel más alto con un esfuerzo que, desde luego, no es mantenible ni, claro está, el pilar sobre el que fundar la reconstrucción ni el mantenimiento de los niveles anteriores. Se da la paradoja de que los Presupuestos Generales del Estado, tanto en vía ordinaria como en vía de fondos europeos, están a punto de convertir el año 2021 en uno de los años más potentes, económicamente hablando, del deporte.

 

Siendo esto así, resulta evidente que lo que hace falta es definir la estrategia, apostar por un modelo ordenado y que no disperse los efectos ni minimice la importancia del esfuerzo económico colectivo.

 

La determinación de la estrategia exige claridad y, finalmente, elección y opciones. Todo no es viable y un poco en todo lo que hace es conseguir que nada se impulse verdaderamente. El deporte federado exige estrategia, coordinación, cooperación y exige colaboración institucional y colaboración público-privada que permita reconstruir el tejido asociativo y que permita agrandar la base de practicantes y de deportistas organizados en el ámbito federativo.  La formulación de una estrategia colectiva exige ideas y exige, sobre todo, liderazgo, impulso, ganas de avanzar y de proyectar a las generaciones futuras un modelo sostenible y armado y no un modelo endeble y desestructurado.

 

Para esto es preciso creer en el modelo federativo, en el modelo deportivo clásico y profundizar en el mismo con el marco de reformas que sea procedente, pero teniendo claro que la Administración General del Estado, en materia deportiva, es, esencialmente, deporte federado. Su construcción, su impulso, su regulación y su proyección internacional son una obligación ineludible. Debemos marginar la idea de que otras políticas sectoriales y más genéricas son más importantes para las autoridades deportivas. Que las autoridades deportivas colaboren en políticas de salud o de alimentación o de apoyo a la inserción e integración de extranjeros o la promoción de la mujer no es obstáculo para convertir estas políticas en la excusa para la marginación o la preterición de las propias competencias.

 

El deporte federado necesita que los nuevos ingresos sean la inyección para su mayor proyección, para su profesionalización -en la que se ha avanzado mucho pero que queda mucho por hacer-, para su organización y para su vertebración. En eso consiste la estrategia y la justificación última del esfuerzo de la sociedad para con el deporte en este nuevo año.

 

C) El conjunto de los actores institucionales y de los agentes privados que participan en el deporte precisan de elementos de vertebración. Un deporte sin planes, sin programas, sin esquemas comunes tiene muy dificil crecer. El liderazgo de la Administración General del Estado en esta materia es el liderazgo de las ideas y de la articulación del diálogo social e institucional. Vertebrar es buscar los puntos de encuentro y de políticas comunes con los que hacer que más gente haga deporte, que lo haga con más intensidad, que seamos capaces de capitalizar organizativamente el esfuerzo y que los resultados acaben situando al deporte en el frontispicio de una actividad que admite el consenso, el esfuerzo común y el éxito colectivo.

 

Es aquí donde deben formularse consensos básicos que se ejecuten en cada instancia territorial según el principio de competencia. El modelo de deporte escolar, la integración federativa, las competiciones estatales, la vinculación del deporte y de la actividad física con hábitos de vida o la proyección de valores sociales mediante el deporte son algunos de esos elementos sobre los que pueden tejerse los consensos necesarios que doten al sistema de una homogeneidad de objetivos que no alcance ni a la competencia ni a la ejecución por los entes competentes.

 

Incluimos en estos consensos uno que se presenta a veces más complejo – en lo político- como es el modelo de integración internacional, el modelo de representación y participación y la vinculación entre la actividad deportiva y la actividad internacional de los países.

 

La simple mención a estos grandes grupos de cuestiones nos pone sobre la pista de una realidad evidente: el deporte tiene mucho terreno por delante, tiene mucho trabajo por realizar. Es preciso realizar un esfuerzo colectivo de sistematización, ordenación, modernización y proyección del deporte en la sociedad.  El progreso exige impulso y no atonía. La transformación de la realidad es fruto del trabajo, del liderazgo, del diálogo, de la transparencia, de la colaboración, especialmente, en un mundo como el del deporte en el que son visibles intereses contrapuestos y diferentes y en los que la admisión y el éxito de los modelos exigen mucho esfuerzo, mucha presencia, mucha aportación al diálogo.

 

La construcción es cosa de todos pero el liderazgo, sin embargo, solo puede corresponder a quien constitucionalmente asume la función de dirigir la política gubernamental y la Administración Pública al servicio del interés general.

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*Todos los firmantes son profesores del ISDE 

 

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