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José Luis Fernández y Raúl López
José Luis Fernández y Raúl López Lunes, 19 de Octubre de 2020

Celebrar desde el deporte el Día Mundial de la Ética

Mafalda // QuinoMafalda // Quino

Cada tercer miércoles del mes de octubre, desde el año 2014, se programa en todo el mundo un evento dedicado nada menos que a celebrar el Global Ethics Day. Es decir, un día mundial reservado a concienciar a la gente acerca de la importancia de la Ética, en línea con lo que se hace con respecto a otras muchas conmemoraciones.

 

En efecto, los “día de” tienen todo su sentido, siquiera sea para hacernos caer en la cuenta de cosas que, de lo contrario, damos apresuradamente por sentadas y nunca dejamos que nos sorprenda la cotidianidad y lo sencillo.

 

Échele el lector hilo a la cometa y dele carrete abundante a la caña, porque -aparte del santoral católico, inmejorable para celebrar las onomásticas y encomendarse a los patrones pidiéndoles ayuda y protección-, el abanico de esta suerte de fiestas laicas resulta amplísimo y, por ello, ilusionante. De hecho, parece como que el tren de cercanías que lleva a bordo nuestra vida ordinaria fuera pasando y parando cada día en una estación diferente. En cada una de las cuales se puede uno bajar un rato a estirar las piernas, a tomarse un café, o, si a mano viene, a pegar la hebra con el factor de la estación o al guarda agujas de servicio.

 

Desde el Día del Libro y el Internacional de la Madre Tierra, ambos ubicados allá cuando van avanzando las calendas del abril florido; al Día Internacional del Euskera, coincidente con el de San Francisco de Javier; o el Día Internacional de los Bancos, que coincide con el de Santa Bárbara -el 4 de diciembre- y que es fiesta local en Mieres… donde años atrás -¡ay!- se picaba el carbón-; el tren irá llevándonos por parajes de interés: habrá quien se sienta especialmente atraído por el domingo del Domund; o quien lo haga por el Día Internacional de la Lucha Contra el Cáncer de Mama. Las filias y las querencias de cada quien, en principio, son cosa muy digna de respecto y, seguro, habrían de ofrecer fundamento bastante a poco que se indagara al respecto. En todo caso, merecen ser tenidas en consideración.

 

Cada una de las fechas conmemorativas tiene en común con las otras el hecho de que se orientan a concienciar a la ciudadanía acerca de causas nobles. Todas ellas buscan concitar la adhesión y hacer que nos impliquemos a favor de los valores que, más o menos expresa o implícitamente, se está queriendo promover, desde quienes proponen la efeméride. Naturalmente, ni todos emitimos, ni todos vibramos en la misma frecuencia de onda. Por ello, es normal que algunas fechas conmemorativas apunten a causas que a unos nos entusiasman más que a otros; y otras lo hagan hacia asuntos que, tal vez, a otros los hayan de dejar un tanto indiferentes. Con todo, nadie habrá de sentir como ajeno a sus intereses la conmemoración de un evento dedicado a la Ética, bien que se haga, como ya indicábamos, desde la pomposa denominación del Global Ethics Day.

 

En el caso que nos ocupa, el impulso viene de la mano del Carnegie Council for Ethics in International Affairs; y en este atípico año de gracia de 2020, tocará celebrar el aniversario precisamente el próximo miércoles, día 21 de octubre. Ahora bien, si no queremos ser tan puristas, digamos que vale también hacerlo -día arriba, día abajo- en el entorno de esa fecha. Puesto que, de una parte, como se decía años ha, todos los santos tienen su octava; y de otra, la cuestión de la Ética es y debe seguir siendo empeño permanente: porque, más que flor de un día o preocupación esporádica, la Ética debiera ser algo presente en cada ámbito de actividad -desde la política a la empresa, pasando por el deporte o los medios de comunicación-; y que, por ello, incluso, habría de formar parte de los elementos desde los que ponderamos, valoramos, discernimos y optamos a la hora de llevar a efecto una toma de decisiones ajustada a criterios y orientada a principios y valores.

 

Con este nuestro post para el Toma y Daca de esta quincena, queremos sumarnos a la iniciativa del Global Ethics Day y compartir con el amable lector nuestro entusiasmo por la Ética y lo que con ella se relaciona; a saber: el bien, lo bueno, lo correcto, lo adecuado, la verdad, la libertad creativa, lo que nos mejora a todos como personas, y aquello que nos engrandece como sociedad… A sensu contrario, nos gustaría -y a ello invitamos a todos los que consideren la propuesta como merecedora de atención-, decimos que nos gustaría poner dique a todo aquello que nos aleja de los buenos escenarios y los modos de proceder bien trabados. Entre otras cosas, quisiéramos contribuir, en la medida de lo que a nuestro alcance estuviere, a erradicar de nuestra convivencia la mentira, la trampa, la corrupción, la arbitrariedad, la injusticia, la dominación injusta que anula las libertades, el aprovechamiento indebido a favor de unos y en contra de otros…

 

Como acabamos de decir, pensamos que merece la pena aprovechar la coyuntura que supone la celebración del Global Ethics Day del año 2020 para echar nuestro cuarto a espadas. Porque nunca habrá de resultar impertinente el hecho de pararse a pensar un poco en cómo nos están yendo los asuntos y cómo querríamos que nos fueran. Al contrario: será un buen ejercicio eso de hacer un alto en el camino de las agendas diarias para mirar con luces largas las aristas de la realidad. No hace falta haber jugado mucho al fútbol ni tener que estar en posesión del título oficial de entrenador para reconocer como buena aquella táctica que insiste en encarecer a los extremos que levanten la vista de la pelota, que dejen de chupar balón por la banda, que identifique al compañero desmarcado y que empiecen a trenzar una nueva jugada que nos ponga en pista de conseguir marcarle el gol al portero del equipo contrario.

 

Traduzcamos la metáfora y digamos que de lo que se trata, en suma, sería de articular estrategias en todos los ámbitos de la vida humana en sociedad, que se atengan a elevados estándares morales -cuanto más compartibles y compartidos, mejor-; y que se fundamenten en sólidos principios de actuación que contribuyan a ir construyendo entre todos un mundo menos desigual; una sociedad más justa y más humana; capaz de ofrecer a todas las personas ocasiones abundantes para desplegar las potencias y capacidades, hacia la consecución del propio florecimiento personal, hasta los límites que la propia naturaleza y la voluntad de cada uno quisieran avanzar.

 

Y, puesto que este blog trata expresamente de Responsabilidad Social y se inserta en un medio dedicado al deporte, cerremos estas reflexiones subrayando lo que, por nuestra parte, consideramos que son las cuatro virtudes morales básicas para un ejercicio responsable y ético de la actividad deportiva. No podemos abundar mucho en ellas: tal cometido, quizás lo habremos de intentar en posteriores colaboraciones de Toma y Daca. Con todo, sí que cabe enumerar la alineación de nuestras virtudes para un deporte más ético y responsable. Son las siguientes: justicia, respeto, responsabilidad e integridad.

 

Como decimos, en sucesivas tribunas de nuestro blog entraremos con cierto detalle en la glosa de cada una de ellas. Pondremos ejemplos de buenas actuaciones que sirvan de inspiración a quienes buscan actuar bien y, con ello, se ponen en la calle adecuada para triunfar en la carrera de convertirse, no sólo en buenos profesionales, sino incluso en el camino de obtener el oro que sirve de galardón a las mejores personas. Para ilustrar mejor la cosa, habremos también, por momentos, de cargar la suerte en la parte más escabrosa de la mala praxis.

 

Con todo, lo que sí debe quedar claro son tres cosas: primera, que hay maneras malas, regulares, buenas y óptimas de conducirse en la actividad deportiva; segunda, que merece la pena que todos -y en todos los niveles, ámbitos y estamentos- nos impliquemos en hacer las cosas lo mejor posible y cada día más, si buscamos que el ejercicio de la actividad deportiva discurra por cauces de Ética y la gestión del deporte lo haga desde organizaciones y estructuras atentas a la Responsabilidad Social. Y tercera, que, como la ocasión que el Global Ethics Day supone la pintan calva, es necesario insistir a tiempo y a destiempo -siempre será con razón- para que nuestros compañeros de viaje en el tren de la vida ordinaria al que hicimos ya alusión más arriba, de una parte, nos compren el relato de la Ética en la actividad profesional; y, sobre todo, se decidan a poner en práctica las buenas ideas que de aquella narración emergen. Porque, como Aristóteles, el viejo maestro nos tiene dicho de manera lapidaria hace ya siglos, no estudiamos Ética para saber más cosas; sino, sobre todo, para actuar bien y hacernos mejores. ¿Mejores, qué?: ¡Mejores deportistas, mejores profesionales, mejores ciudadanos… y mejores personas!

 

Celebremos, pues, con criterio e ilusión el Día Mundial de la Ética. Y que, haciéndolo cada uno desde la propia índole y peculiar circunstancia, contribuyamos entre todos a hacerlo a favor de la misma obra y en pro de un mundo mejor para todos.

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