F: FC BarcelonaEl argentino se queda en un club en el que no quiere estar con su imagen erosionada por las formas. Bartomeu pierde la oportunidad histórica de sacar 100 o 70 millones en tiempos de crisis por un jugador que no quiere seguir, cuando la próxima temporada se podrá marchar a coste cero
Tan solo diez días después de que un burofax destapara la caja de los truenos en el FC Barcelona, Leo Messi ha confirmado que continuará en el Camp Nou una temporada más. Ha anunciado su decisión en medio de un discurso crudo en el que pone en la diana a la directiva y en el que confirma el desmoronamiento del Barça de Bartomeu. Una continuidad no voluntaria del jugador, preso de una fecha estipulada en una cláusula de su contrato.
La continuidad de Messi es, sin duda, una gran noticia para LaLiga, pues mantendrá a uno de los mejores jugadores del mundo tras la marcha de Neymar y Cristiano Ronaldo. Ello permitirá mantener el caché y el producto audiovisual no perderá valor. Pero no está tan claro cuál de las partes sale ganando de este fuego cruzado, si es que se puede hablar de vencedores y vencidos.
Difícilmente Leo Messi salga ganando continuando en el Barça. Su imagen personal ha perdido la unanimidad lograda hasta ahora. Los habrá que le perdonen, pero los habrá que le exigirán mucho para pasar por alto esta marcha frustrada. Su imagen ha quedado erosionada más por las formas de proceder que por el fondo. Deberá dar la cara ante sus compañeros y reincorporarse a los entrenamientos tras varios días de rebeldía y volver a ganarse el aplauso (que no el respeto) de la afición tras este gatillazo contractual.
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El jugador, además, sabe que será preguntado por esta cuestión en todas las comparecencias a las que se atreva a salir, así como sobre sus opciones de quedarse el verano que viene o qué club será su destino. Tendrá que verse las caras, al menos durante los próximos 6 meses, con el presidente que le ha cerrado la puerta y le ha ganado la partida moral a ojos de la opinión pública. También tendrá que verse las caras con el nuevo técnico, que ha señalado la puerta de salida a su socio en el campo y mejor amigo Luis Suárez. Una circunstancia que, de entrada, no ayuda a que ni a Messi ni a Suárez les caiga en gracia Ronald Koeman. Todo ello enmedio de un clima de crispación con la directiva, con la plantilla señalada tras el 2-8 de Lisboa y con la exigencia intrínseca de títulos.
El presidente Josep María Bartomeu tampoco sale ganando. La continuidad de Messi puede quedar como un triunfo, quizás el último, en su mandato. Pero esa victoria moral ante la opinión pública solamente es el agua que calma un incendio del que, en parte, también es responsable.
La continuidad de Messi es un triunfo (parcial) de Bartomeu, pero una derrota del Barça. El club azulgrana deberá pagarle alrededor de 100 millones de salario a un jugador que no quiere seguir y que solamente una cláusula y los tribunales han frenado. Además, el Barça pierde una oportunidad de negocio histórica.
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En esta coyuntura de déficit y recortes presupuestarios provocada por la pandemia del coronavirus, Bartomeu tenía la oportunidad de colocar al astro argentino (jugador que, aunque sea el mejor del mundo, recordemos no quiere seguir en el Barça) por 100 millones y algunos jugadores en el Manchester City o en el PSG. O 70 millones. Pero sacar algo de tajada para aliviar las depauperadas arcas del Camp Nou. Sin embargo, la continuidad de Leo lo único que garantiza es que el año que viene el Barça se quede sin Messi a coste cero. Continuar con un Messi desmotivado para perderlo el próximo verano sin recibir nada a cambio. ¿Dónde está el negocio que se podría hacer ahora?
Por lo tanto, en este culebrón del verano, en este tira y afloja institucional, no hay vencedores ni vencidos. O, mejor dicho, solamente pierde el FC Barcelona, cuyo proyecto se sustentará sobre un Messi desmotivado que cuenta los días para que su contrato le permita salir del club. La improvisación y la falta de empatía dejan a las dos partes muy tocadas. Pese a que Messi pueda contribuir a su perdón con tres goles en el primer partido de Liga o en las semifinales de la Champions, al argentino también se le recordará por intentar huir enmedio de la moción de censura contra Bartomeu y al presidente, por dejarlo marchar sin recibir ni un céntimo. Una continuidad que tendrá un coste en las arcas del club y en la imagen de los dos. Una continuidad envenenada.



























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