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No hay que cambiar la Federación. Hay que cambiar LaLiga

Germán Rodríguez Conchado Germán Rodríguez Conchado Miércoles, 26 de Agosto de 2020

[Img #123530]Acabo de leer la comunicación de fecha 24.8.20 que envía el secretario de la RFEF al presidente de la LNFP negándose a la aprobación del calendario,  en la que, aparte de la “chulería” que se contiene claramente en la provocativa referencia a la salud del presidente de ésta, resulta manifiesto que se trata de hacer un boicot a la competición profesional, cuya organización corresponde legalmente a la LNFP “en coordinación con la respectiva Federación deportiva española y de acuerdo con los criterios que, en garantía exclusiva de los compromisos nacionales o internacionales, pueda establecer el Consejo Superior de Deportes”  en la propia dicción del artículo 41 de la Ley del deporte.

 

No quiero entrar ahora en la cuestión de si el secretario de una federación tiene o no competencia para adoptar esta clase de decisiones sin contar con el órgano correspondiente para representar a la RFEF  porque es evidente que ese es el sentir del presidente en funciones, que sí las tiene.

 

La LNFP lleva 30 años así, aguantando esto.

 

En algún momento tiene que dar un giro a la situación y, probablemente, este es un momento tan bueno o tan malo como otro cualquiera..   

 

Durante el tiempo que asistí a las sesiones de la LNFP  (25 años), expuse sobradamente mi posición contraria a atender las cada vez más gravosas exigencias de la RFEF, del resto del deporte español, e incluso de las Diputaciones. Defendía entonces que a esos estamentos los tiene que  mantener el Estado (si quiere) pero de ningún modo la LNFP . No dejaba de ser una paradoja que mientras muchos clubes de la LNFP estaban pasando verdaderos apuros económicos, con el dinero que pagaba la LNFP a la RFEF, algunos directivos y algunas federaciones de ésta vivían muy cómodamente.

 

En una panorámica objetiva de los hechos, la situación es muy sencilla. La LNFP  organiza las competiciones profesionales de fútbol que son la primera y la segunda división. Su fuente principal de ingresos es la venta (ahora centralizada) de la emisión de los partidos que celebra, mediante un precio también conjunto. Ese precio se reparte  entre todos los equipos que conforman la LNFP en virtud de un acuerdo alcanzado entre ellos mismos.

 

Entonces ¿Por qué  tiene que venir la RFEF a parasitar a la LNFP? ¿Qué la RFEF cede los árbitros? Para eso se le pagan 25 millones de euros. ¿Y que otra cosa le da la RFEF a la LNFP que justifique el pago de 18 millones más? Absolutamente nada. Bueno, sí, algo le da. Le da problemas permanentemente.

 

Por otra parte ¿En base a qué el CSD nos viene con la milonga de que hay que mantener el deporte nacional? Que lo mantenga el Estado con los impuestos que pagan tanto la LNFP  como los clubes que la forman y con lo que saca (confiscatoriamente) de las quinielas.

 

No tiene ningún sentido que la LNFP pague 43 millones de euros al año (25+18) a la RFEF y que, encima, sea maltratada constantemente (y cada vez más) por ésta. Y la única vía es la independencia total o al menos funcional. La RFEF no va a parar de atosigar a la LNFP para sacarle dinero y protagonismo. No es cuestión de un presidente u otro. Lo hizo Villar desde que se aprobó esta Ley del Deporte (1990), ahora lo hace Rubiales y lo hará el que venga. La LNFP tiene que independizarse de la RFEF al menos funcionalmente. Si no lo hace, tarde o temprano acabará absorbida o desactivada por ésta.

 

Está esperando el momento en que la LNFP tenga una dirección débil (o que se venda) para ejecutar su plan de absorción. Y eso, ocurrirá tarde o temprano.

 

Durante los 25 años de mi asistencia a la LNFP no conseguí convencer a nadie de la necesidad de esta independencia a lo menos funcional, porque nadie se paraba a pensar más allá del siguiente partido. Pero si se piensa durante algo más de un minuto se concluye que no hay otra solución que la independencia, sea ésta esta total o  funcional.

 

El problema principal es que la Ley del Deporte de 1990 actualmente vigente  dice en su artículo 41.1 que “En las Federaciones deportivas españolas donde exista competición oficial de carácter profesional y ámbito estatal se constituirán Ligas...” y eso obliga a que la LNFP tiene  que estar dentro de la RFEF para la organización de las competiciones que el CSD califique “de carácter oficial, profesional y ámbito estatal” ex artículo 8 de la Ley.

 

Pues que se quede la RFEF con las competiciones “oficiales” y que los clubes de la LNFP se pasen a una nueva Liga Independiente de carácter privado, y organice competiciones deportivas “privadas” o no oficiales, de carácter profesional, lo que por otra parte no impide la Ley (”la práctica del deportes es libre y voluntaria”, Artículo 1)  y es conforme a lo dispuesto en el artículo 38 de la Constitución (libertad de empresa).

 

Si los clubes que componen actualmente la LNFP  se van a la competición “privada” ¡A ver quien va a jugar en las “competiciones oficiales”! Seguramente la RFEF organizará competiciones oficiales y profesionales de primera y segunda división, pero la cuestión no es que las organice o no, la cuestión  es que pueda obtener por los derechos de televisión lo que obtenía la actual  LNFP en un mercado que es limitado. Y eso dependerá de los equipos que jueguen esas competiciones.

 

Lo expuesto no presenta, pues, en el plano teórico dificultad alguna ni conceptual ni legal. Pero en el plano de la realidad hay que resolver dos problemas, el primero (que no es pequeño) está en las competiciones internacionales. Es claro que los clubes grandes de la primera división (Madrid, Barcelona, At. Madrid, Sevilla, Valencia, y alguno más)  quieren jugar en Europa, y la Champions y la Europa League dependen de la UEFA y ésta a su vez depende de las federaciones nacionales, entre ellas la RFEF. Ante esto, en el plano teórico hay tres soluciones, una definitiva y dos intermedias o instrumentales.

 

La definitiva es crear unas competiciones equivalentes a la Champions y a la Europa League, de carácter también privado, con las Ligas privadas de cinco países europeos, que también habría que promover: Inglaterra, Francia, Italia, Alemania y Portugal. A ellos se podrían añadir los países que lo solicitaran previa su aceptación sujeta a las condiciones que se fijen. Y las dos intermedias o instrumentales, son, una, jugar esas competiciones por la vía de un convenio con la UEFA (difícil pero no descartable porque “la pela es la pela”) y dos, contratar, pagando lo que corresponda por su participación, a los equipos representativos de las Ligas de esos seis países, incluida España.

 

El segundo problema es el carácter insolidario y egoísta de algunos (o muchos) clubes intervinientes, que siempre hay. Son solo 42 Clubes a los que poner de acuerdo. Pero es obvio que no todos tienen la misma importancia ni el mismo espíritu de compromiso y solidaridad. Ya me referí en otra ocasión a mi experiencia en luchar contra la RFEF para crear la Federación Española de Futbol Sala, lo cual conseguí, aunque finalmente esta sucumbió por la incapacidad y la ambición personal de sus directivos.

 

Pero la situación, mutatis mutandi, es la misma. Si la RFEF responde a la declaración de independencia  de los clubes de  la actual LNFP creando una nueva Liga (que es seguro), la cuestión va a depender de donde se alineen el Madrid y el Barcelona (y alguno más), por el efecto de arrastre que estos clubes tienen. Si se alinean con la Liga Independiente, esta prosperará. Si se alinean con la RFEF, aquella fracasará. Cabe también la posibilidad (nada descartable) de que esos clubes o alguno de ellos, juegue con dos barajas, es decir, que haga un equipo para la Liga Oficial  y otro para la Liga Independiente, para ver donde cae la pelota.

 

Y lo peor (o lo mejor, según se mire) de todo esto es que la solución está en las manos de los políticos, que son los que pueden cambiar la ley actual para que esta situación de hostigamiento continuo de la RFEF a la LNFP deje de producirse. Y a los políticos solo les interesan los votos. Y es evidente que el fútbol profesional, la LNFP,  arrastra más votos que el fútbol aficionado, el de la RFEF. En estos momentos se está elaborando un proyecto de nueva Ley del Deporte en el que la LNFP tiene derecho a  ser oída por disponerlo así el artículo 105 de la Constitución (“la audiencia de los ciudadanos directamente o a través de las organizaciones y asociaciones reconocidas por la ley, en el procedimiento de elaboración de las disposiciones administrativas que les afecten”).

 

Si la LNFP sabe negociar, conseguirá la independencia funcional de la RFEF, sin ninguna duda. Pero para ello necesita “elementos de negociación” y el  más importante de todos ellos, es que la amenaza de la declaración de independencia de los clubes de la actual LNFP sea “creíble”. Y solo será creíble si la LNFP hace tres cosas: (i) adopta el acuerdo unánime (o muy mayoritario) de iniciar actuaciones para alcanzar la independencia total o, a lo menos,  funcional, en un plazo determinado; (ii) encarga a una entidad de nueva creación (Liga Independiente), las actuaciones previas o preparatorias y la organización experimental de algún torneo de los ya existentes o de nueva creación; (iii) hace visible para la población en general esta solución. No es de menor importancia en esa negociación política la negativa de la Liga Independiente a que sus jugadores participen en la selección nacional, pues ésta la conforma la RFEF y éstos no pertenecerían a ella.

 

Si vis pacem, para bellum”. Solo será posible cambiar la Ley si se ve con claridad la posibilidad de alcanzar la independencia. Y para eso hay que prepararse desde ya. Un camino de mil millas comienza con un paso.

 

La solución empieza por tomar conciencia de esta situación.  Para resolver un problema, lo primero es reconocer su existencia. La RFEF está en pie de guerra permanente contra la LNFP. Y la LNFP tiene que entrar en esa guerra forzosamente, no puede tratar de eludirla, no puede acobardarse y rendirse sin plantar batalla por algo que le corresponde y por su propia supervivencia.

 

Y en la guerra la única regla que hay es matar al enemigo. Si a la RFEF se le quita toda competencia sobre el fútbol profesional se le habrá quitado su actual capacidad de entorpecimiento y no habrá problema alguno.

 

En otro caso, no hay  ninguna duda de que la RFEF acabará matando a la LNFP. Para ésta, es una pura cuestión de legitima defensa.

 

Germán Rodríguez Conchado

 

 

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