El deporte, más allá de una gran actividad física saludable, es un importante catalizador que nos hace socializar como pocas otras cosas. Ya sean individuales o en grupo, los deportes suelen tener ese componente de competición que te obliga a conectar con tu entorno. Es difícil encontrar un solo deporte en el que no tengas que mantener una relación estrecha ya sea con tus compañeros de equipo, con tu entrenador o con tus contrincantes.
El carácter intrínsecamente social del deporte genera todo tipo de relaciones interpersonales que derivan en sentimientos dispares; desde los más fraternales como el trabajo en equipo, la pertenencia al grupo o la superación personal, hasta los más individualistas como la competitividad o la rivalidad. Quizás toda esa amalgama de pulsiones que son palpables y visibles en cualquier terreno de juego es la razón por la que el deporte funciona tan bien como espectáculo.
El deporte nos remueve algo por dentro hasta tal punto que nos hace sentir lo mismo que el deportista con tan sólo mirarlo. Cada partido es una historia en la que cada uno elige bando y protagonista. Nos involucramos con nuestro equipo o atleta y ese es el motivo por el cual las remontadas, en cualquier deporte, son uno de los fenómenos más emocionantes que podemos presenciar. Al fin y al cabo, si lo trasladamos al campo narrativo, una remontada no deja de ser un giro de guion sobre una historia que ya estaba encaminada hacia un final más o menos previsible. Y es que una buena remontada, además de un factor para tener en cuenta en las apuestas online, es un hecho histórico en sí mismo.
Uno de esos hitos se produjo hace alrededor de 4 años, cuando América Latina organizó por primera vez unos Juegos Olímpicos. La propia concurrencia de Río 2016 fue un acontecimiento histórico simplemente por lo que significaba. No obstante, durante la celebración de estos Juegos en concreto se produjo una remontada que ha supuesto un cambio de narrativa en todo un deporte; hablamos, por supuesto, del importantísimo oro de Carolina Marín en Badminton.
Todo el pescado parecía vendido con Carolina. Venía de ganar en España, en Europa y en todo el mundo. La onubense había roto moldes en un deporte dominado por las asiáticas. Sólo necesitaba el oro en los Juegos Olímpicos para convertirse en la primera occidental en alcanzar la máxima posición desde que el Badminton debutara en aquellos gloriosos Juegos Olímpicos de Barcelona 92.
Carolina había hecho unos Juegos impecables, sin ningún set en contra. España ya soñaba con su oro. Sin embargo, la final contra la india Pusarla Sindhu nos mantuvo en vilo durante un partido que jamás olvidaremos. El primer set resultó ser toda una demostración de maestría por parte de ambas, pero se saldó por 19 – 21 a favor Sindhu y por un momento temimos que Asia revalidaría el título de los Juegos una vez más. Por suerte, en el segundo set Marín demostró todo su poderío y dominó con un contundente 21 – 12. España respiraba de nuevo, pero por poco tiempo. El tercer y decisivo set nos contuvo el aliento hasta un preocupante 10 – 10 que afortunadamente no pasó de ahí. 4 puntazos seguidos de la onubense la metieron de lleno en el partido hasta culminar su épica remontada con un inolvidable 21 – 15. Díganme si no es para hacer una película igual, o incluso mejor, que Rocky.








