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Las claves del gran éxito de España en el Mundial

EFE / Roberto Morales Viernes, 10 de Julio de 2020
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La fidelidad a un estilo con el que España conquistó Europa y el mundo siendo una familia por encima de todo, con su 'generación de oro' dirigida con el estilo Vicente del Bosque, que supo competir y tuvo de su lado el factor fortuna, con San Iker Casillas en la portería, Andrés Iniesta y esos locos bajitos

La fidelidad a un estilo con el que España conquistó Europa y el mundo siendo una familia por encima de todo, con su 'generación de oro' dirigida con el estilo Vicente del Bosque, que supo competir y tuvo de su lado el factor fortuna, con San Iker Casillas en la portería, Andrés Iniesta y esos locos bajitos más los goles de David Villa. Son las claves del gran éxito de la Roja que cumple 10 años.

1. Fidelidad a un estilo

Lo encontró Luis Aragonés en el duro camino a la Eurocopa 2008 cuando, accidentalmente y por lesiones, juntó a los bajitos en Dinamarca y encontró el estilo que tantos años llevaba persiguiendo la selección española. De la furia al toque se pasó gracias a las cualidades de un grupo de futbolistas que siempre creyeron ciegamente en un nuevo estilo que sometía rivales, los arrebataba la posesión hasta encerrarles en su terreno y, el gol, siendo dueños de la pelota, era cuestión de tiempo. Nada impulsó la duda a un grupo de jugadores que abanderaban el juego de posesión, ni la derrota inicial ante Suiza la sembró dentro. Ningún factor iba a alterar el concepto del juego que impulsó a la generación de oro del fútbol español. El camino estaba escrito. De la misma manera que dominaron Europa, era el momento de adueñarse del mundo. Nunca España había sido tan favorita y los jugadores respondieron como solo los elegidos pueden hacerlo ante la presión.

2. Una familia por encima de todo

"Eramos como una familia y solo así se puede ganar un Mundial". Son palabras de Carles Puyol que define un momento en el que la rivalidad eterna de los clubes quedó apartada y todo fue armonía. La porra común, las partidas de pocha, las salidas en grandes grupos a comer en los ratos libres, la unión entre familiares en cada ciudad de Sudáfrica... todo lo que se movía dentro de la concentración trasladaba una unidad que fue clave para el éxito. Nadie se salía del carril y todos miraban por el bien del grupo. Un ejemplo claro fue la actitud de Víctor Valdés, titular indiscutible en el Barcelona que lo ganó todo y que aceptó el rol de secundario, suplente de Iker Casillas, centrándose únicamente en incrementar la competencia en cada entrenamiento. Entre todos se hicieron mejores.

3. Una generación única

Vicente del Bosque siempre destacó que España no tenía una estrella mundial que brillase por encima del resto, un Leo Messi o Cristiano Ronaldo, pero disponía de la 'generación de oro' del fútbol español, un grupo de jugadores únicos. Un portero de leyenda como Iker Casillas; la potencia de Sergio Ramos agotando sus días de lateral; una pareja de centrales que se entendían con la mirada como Carles Puyol y Gerard Piqué; un doble pivote clave en el equilibrio y la construcción del juego que formaban Sergio Busquets y Xabi Alonso; jugadores únicos que inculcaban un estilo de juego como Xavi, Andrés Iniesta o David Silva; el gol de autor con David Villa y variantes según el partido que planteaba el rival con Jesús Navas, Cesc Fábregas, Fernando Torres o Pedro.

4. La mano de Vicente del Bosque

Siempre huyendo del protagonismo el técnico salmantino, reconocimiento el mérito de la herencia del trabajo de Luis Aragonés y trasladando los elogios a sus jugadores, Del Bosque dejó su selló en el gran éxito del fútbol español. Un técnico que siempre fue un gran gestor de grupos y egos, acostumbrado a navegar entre las turbulentas aguas de vestuarios que juntan a varias estrellas y lograr, desde la naturalidad y la transparencia con el jugador, la mejor de las convivencias posibles. Del Bosque respetó el estilo que demandaba el perfil de jugador del que disponía e introdujo pequeños retoques decisivos. Apostó por Jesús Navas o Fernando Llorente en momentos que hizo falta un giro, su confianza ciega en Sergio Busquets fue un éxito pese a que la crítica se cebó con el medio tras el estreno e insistió por encima del deseo del núcleo duro del Barcelona, en un doble pivote con Xabi Alonso que aportó el equilibrio necesario, la consistencia y el inicio de juego. Desde el perfil bajo que siempre reivindicó sus cambios de la final fueron decisivos.

5. Saber competir y el factor fortuna

España aprendió a lo más difícil. Es cierto que en momentos claves de un gran torneo siempre es necesario tener el factor fortuna de tu parte y acompañó a España desde que agotó el mal fario en su debut frente a Suiza, pero el grupo de jugadores que había derribado barreras psicológicas en la Eurocopa 2008 demostró que tenían un gen competitivo único. Aquellos penaltis de cuartos ante Italia espantaron para siempre fantasmas y en los momentos decisivos salió a relucir el aprendizaje del pasado. El miedo al abismo ante ante Chile, el todo o nada contra Portugal, el momento de debilidad contra Paraguay fueron alimentando una autoridad que salió a relucir en semifinales contra Alemania y en la gran final contra Holanda. Todas victorias por la mínima para convertirse en la selección que menos goles necesitó para proclamarse campeona y en la que menos encajó, ningún tanto desde octavos hasta la final.

6. San Iker

La figura de Iker Casillas estará para siempre ligada a los grandes éxitos de la selección española en su época dorada. Pasó de ser el salvador en los penaltis ante Italia en la Eurocopa 2008 al santo que impulsó al triunfo en el Mundial 2010. Su penalti detenido a Cardozo frente a Paraguay, la parada salvadora a Kroos el día de Alemania, la parada inolvidable que decidió la cita de Johannesburgo en su mano a mano con Arjen Robben. El duende que siempre tuvo el portero en las grandes citas impulsó la leyenda. Llegó a Sudáfrica soportando un debate en la portería ante el empuje de Víctor Valdés y acabó demostrando en el campo, a la hora de la verdad, las razones por las que era intocable.

7. Iniesta y esos locos bajitos

Andrés Iniesta queda para la eternidad por ser el autor del gol del mayor éxito. Ese minuto 116 en el que se detuvo el tiempo, solo escuchó el silencio en un Soccer City paralizado hasta que impactó el esférico y desató la locura. Se convirtió en el humilde representante de un grupo de futbolistas que lo cambiaron todo. Xavi Hernández, David Silva, Cesc y más jugadores que extendieron un estilo. Es a lo que sabían jugar, fútbol de posesión, toque y búsqueda continua de espacios. Dosis de alta calidad con el balón, momentos inolvidables de dominio ante cualquier rival, se llamase como se llamase. Aquellos locos bajitos impusieron el fútbol combinativo en aquel momento por encima del físico, del vértigo del contragolpe y cualquier variante.

8. Villa, el hombre gol

El Mundial fue el torneo soñado por David Villa, el futbolista que heredó con personalidad el 7 de Raúl González para impulsar la leyenda con sus goles decisivos. Apareció siempre que hizo falta en el campeonato. El doblete a Honduras para cambiar el rumbo en la fase de grupos, el tanto que instalaba la tranquilidad frente a Chile, el que tumbaba a Portugal en octavos y a Paraguay en cuartos. El 'Guaje' apareció siempre cuando más se le necesitaba, alejado de la zona del 9, con un sistema que nunca favoreció al que jugaba de punta pero del que siempre sacó máximo provecho con sus goles que fueron determinantes.

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