Foto: diario La NaciónGuillermo Pérez Roldán, apodado en su época "Rocky" por la potencia de su derecha y su fortaleza física, llegó a ser número 13 del ránking mundial en 1988. Ganó 9 títulos individuales. El primero fue en Múnich 1987, convirtiéndose en el tenista argentino más joven en obtener un trofeo de ATP, a los 17 años y seis meses. A los 24 años debió dejar de jugar tras defender a su padre en una pelea callejera en Milán, sufriendo una seria lesión en su mano derecha que a la postre lo obligó a abandonar.
"Sufrí el maltrato físico. Todos sabían. La cosa fue conmigo. Y con mi hermana al principio. Pero cuando empecé a facturar yo, mi hermana pasó a un segundo plano. Tengo que decir que fue un técnico de la puta que lo parió de bueno, pero un padre de mierda. No podía ser que ganar un partido era un alivio y en determinados momentos, en vez de poder disfrutar a los 19 años, ya no di más. Le dije: Seguí por tu camino, cuando te necesite técnicamente te llamo. Comprate un campo, andá a los caballos, qué se yo, pero déjame tranquilo", le contó Guillermo Pérez Roldán (50), al diario La Nación de Buenos Aires.
La confesión del extenista argentino apuntó a su padre y exentrenador, Raúl Pérez Roldán, fundador de una escuela de tenis en Tandil, en la provincia de Buenos Aires, ciudad muy reconocida como base de detección de talentos y entrenamientos de alto rendimiento, desde donde emergieron figuras tales como Juan Zabaleta, Franco Davin, Patricia Tarabini, Mariana Pérez Roldán (hermana de Guillermo) y más recientemente, Juan Martín Del Potro.
En un extenso reportaje, Guillermo siguió con su dramático relato desde Santiago de Chile, donde se encuentra radicado con su actual esposa y su hijo recién nacido: "Después de él no tuve otros técnicos. Jugué muchos años solo. Entonces me llevaba a mis amigos, a algún entrenador sustituto, como Kiko Carruthers, con quien viajé a dos torneos y gané los dos y no pudo viajar más. Todo el mérito tenístico se lo doy a mi papá, porque creó un diccionario de lo que había que hacer, pero yo me estoy refiriendo a la parte familiar. ¡Qué se yo! Un año gané tres torneos de ATP, en el '87, ¡era junior, tenía 17 años! Después de ganar Buenos Aires me voy a Itaparica, en la primera ronda me toca un muchacho que se llama Tore Mainecke, jugué en otra superficie, venía de una que era súper lenta, hacía un calor, perdí y [después del partido] se subió a la cama y me empezó a cagar a latigazos porque decía que no me había movido bien. No puede ser. Cosas así, groseras".
Y con relación al precipitado final de su carrera señaló: "Terminé mi carrera y a los tres meses era pobre. No tenía ni coche. La estafa la descubrí en 1994. Así fue: llamé al banco de afuera, pedí una plata para irme de vacaciones y no había más. Y había varios millones de dólares. Además, teníamos casas, caballos de carrera, restaurante, departamento, etcétera. No cuento ni vivo con eso y sé que nunca la voy a tener. Yo me casé por segunda vez, en Chile, mi mujer me convenció de invitarlos [a sus padres]. Mi papá me pide perdón delante de todos, me dice que ahora vamos a arreglar las cosas, qué se yo y me volvió a cagar. Me quiso hacer firmar unas cosas".
"Cuando terminaron los golpes, a los 18 o 19 años, fue porque yo le dije a mi padre que no seguía jugando al tenis. Lo agarré después de ganar el torneo de Palermo, no me acuerdo si fue en el '89. Me senté en el avión y le dije: 'Mirá: a partir del año que viene quiero viajar solo, no quiero viajar más con vos. O las tiro todas para afuera, pierdo el ranking o no agarro más la raqueta. Así que fíjate qué querés hacer'. No daba para más. No, no. Y ahí empezó a disfrutar, hasta que yo me caso la primera vez a los 24 años: amarrocó toda la plata y me la sacó, sin avisarme nada. Eran cuentas familiares con tres firmas. Los cheques de ATP venían a mi nombre. Firmando dos, padre y madre, podían sacar la plata... Confiás en tu viejo. Yo no supe nunca más dónde estaba la plata. Y ahí empecé de nuevo, a los 24 años empecé de nuevo y listo. Terminó mi carrera, me puse a trabajar con Vilas, la vida me llevó a Italia, estuve diez años, muy bien allí y después me vine para acá, para Chile. Tengo a mis hijas en Italia", describió Guillermo Pérez Roldán, quien guardó silencio durante más de 30 años.
Y continuó: "Si yo te contara realmente las cosas fuertes, como perder un partido, entrar en una habitación y que te peguen una piña en medio de la boca con el puño cerrado. Y yo las corría todas, eh. O que te metan la cabeza en un baño o que te agarren a cintazos arriba de una cama. O un robo de cuatro o cinco millones de dólares. Todo lo que gané jugando al tenis, al otro día no lo tenía. Mi vieja [Liliana Sagarzazu] y mi viejo firmaron para sacarme la plata de mis cuentas".
"La traición de un padre a un hijo es terrible. En el casamiento con Daniela, hace tres años, lo invité, me pidió perdón delante de todos y me cantó una canción, pero al otro día me volvió a cagar", concluyó el extenista argentino en diálogo con el periodista Sebastián Torok.

















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