
Recientes investigaciones vinculan la tendencia masculina a seguir competiciones deportivas a un patrón de comportamiento común a todos los mamíferos.
A la mayoría de los hombres históricamente les ha gustado practicar deportes, seguirlos, hablar de ellos y por supuesto hacer apuestas sobre partidos y campeonatos en webs como las que podemos encontrar en este enlace: https://apuestaes.tv/casas-apuestas/. Esta devoción deportiva no es patrimonio de ellos, ya que también es compartida por muchas mujeres, de manera creciente además. Si bien, en este aspecto todavía estamos lejos de que haya cierta paridad.
Por supuesto, el deporte femenino está al alza a todos los niveles, tanto en lo que respecta a su práctica como a su seguimiento por parte de las aficionadas, encontrando las niñas y adolescentes actuales en las deportistas auténticas referentes para inspirarse, combatir viejos prejuicios y superar barreras.
Sin embargo, aunque se detecte una evolución positiva, no se puede obviar la realidad de que en los estadios siguen predominando los hombres, o que las audiencias televisivas de eventos y competiciones siguen teniendo una conformación mayoritariamente masculina.
Explicaciones tradicionales al fenómeno
Uno de los motivos que se ha aducido para esta disparidad, es precisamente la relevancia mediática que se da al deporte masculino en detrimento del femenino, una postergación tradicional que resulta innegable pero que tampoco explicaría el mayor volumen de espectadores en comparación con el de espectadoras, ya que incluso cuando hablamos de torneos, competiciones o carreras femeninas ellos siguen siendo también la audiencia preponderante.
Otras interpretaciones biologicistas ya desfasadas tendían a poner el acento en la mayor fuerza física y agresividad del hombre, que lo hacían más proclive a todo lo que tuviese que ver con el duelo atlético, pero está visión quedó relegada ante la mayor relevancia otorgada a los factores desocialización y los culturales.
El factor lek
Precisamente es en un patrón de comportamiento primario, denominado lek y que resultaría común a todos los mamíferos y aves, donde radicaría según estudios recientes esa inclinación masculina por los deportes, como vía de mostrar fuerza, destreza física y competir por el dominio de la manada.
Así, según esta visión el deporte entroncaría con los instintos primarios de lucha por el estatus, explicándose el seguimiento de este tipo de competencias por la necesidad de decantarse por el aliado más fuerte, para poder pertenecer a un grupo sólido que mejore las perspectivas de supervivencia.
Aspectos evolutivos y otros condicionantes
De manera que la pasión masculina por los deportes sería entendible en términos evolutivos, si bien es innegable la confluencia también de factores sociales y culturales, que van en el caso de los primeros desde la necesidad de validación por el grupo hasta la vinculación con fines colaborativos, mientras que en el caso de los segundos entrarían claramente en juego la asimilación de roles y la dinámicas de aprendizaje.
A esto además, también habría que añadir explicaciones psicológicas, como que el ámbito deportivo sea un contexto en el que siempre ha existido una mayor permisividad para que los hombres expresen sus emociones.
Con todo ello, vemos que pese a los últimos hallazgos sobre la materia, habrían múltiples condicionantes que explicarían la mayor devoción masculina por los deportes, aunque la disparidad con respecto a las mujeres tiende a disolverse en la medida en que practicar cualquier actividad física o disfrutar de un partido en televisión seduce cada vez a más mujeres.








