
Entrada la etapa de desescalada de las medidas tomadas por las autoridades dominicanas en ocasión del Covid-19, debemos intentar de retomar las actividades cotidianas poco a poco, siendo precavidos ante la crisis económica y sanitaria en que nos encontramos. La reciente electa directiva de la Federación Dominicana de Fútbol (Fedofútbol), cuyo inicio de gestión ha sido inmediatamente entorpecida por la imprevisible embestida del Covid-19, enfrenta grandes retos y, entre ellos, es relevante destacar la necesidad de impulsar el renacer del fútbol federado –también llamado “organizado”– en todo el territorio nacional.
Con la aprobación de los nuevos estatutos de la Fedofútbol (noviembre 2019), la estructura piramidal del fútbol nacional ha quedado subdividida en cuatro grandes grupos. La Fedofútbol ocupa la cúspide, seguida por las asociaciones provinciales y la Liga Dominicana de Fútbol (LDF) en un mismo rango –ambos en condición de “Miembros” con voz y voto en la Federación–, en un tercer nivel los clubes federados que son miembros de sus respectivas asociaciones provinciales y por último, los jugadores de fútbol que conforman los clubes. A pesar de los intentos de inclusión de asociaciones de jugadores, árbitros y demás interesados en adquirir la condición de Miembros, esto no fue posible, pero sus respectivas integraciones quedan pendientes al cumplimiento de los requisitos establecidos en los Estatutos de Fedofútbol y, naturalmente, de aprobación de la Asamblea General de la Federación.
La presencia de la LDF es, indudablemente, un gran hito para el fútbol local. En pocos años ha demostrado tener la capacidad de conquistar un espacio entre la afición dominicana, y por demás, exponer el fútbol dominicano a nivel regional satisfactoriamente. Sin embargo, no es secreto para nadie que la tarea más importante no es llegar, sino mantenerse y seguir progresando cada día, y esto, salvo mejor opinión, se consigue invirtiendo en el fútbol federado. Es importante aclarar que el fútbol federado no incluye los torneos privados auspiciados por instituciones como La Media Cancha, City y Soccer Town –que tanto bien han traído durante todos los años de ausencia de fútbol organizado por parte de la Federación– sino que éstos son, precisamente, torneos privados sin incidencia federativa. De todos modos, esto no les quita mérito, pues llenaron el vacío que años de desinterés y negligencia del antiguo régimen habían provocado.
La separación del fútbol profesional y el federado, puede ser delimitado a través de leyes o reglamentos internos de la Federación. Este escenario último es el ideal para la estructura dominicana, ya que el artículo 51 de la Ley General de Deportes (LGD) Núm. 356-05, establece que las Federaciones son organizaciones privadas, y por tanto tienen capacidad de autorregularse y, en consecuencia, sus modificaciones y adecuaciones de criterios serían realizadas por ella misma, en lugar de encontrarse bajo el amparo de los largos y burocráticos procesos legislativos. Actualmente no se han emitido las directrices que marcarían las diferencias entre una y la otra, más allá de las pinceladas que nos brindan el Reglamento de la LDF y la LGD, pero se puede afirmar que la LDF es el fútbol profesional y todo lo demás adscrito a la Federación, a través de las asociaciones provinciales, es considerado como federado. Aún así, universalmente, ciertos elementos son característicos al tratarse de fútbol profesional, como la existencia de contratos escritos y remuneración económica por los servicios del jugador, que cubran más allá de los gastos que tenga el jugador por realizar la actividad futbolística. (Art. 2.2 del Reglamento sobre el Estatuto y Transferencia de Jugadores de la FIFA, criterio también confirmado por el laudo arbitral de la CAS 2006/A/1166 Aston Villa FC v. B.93 Copenhague, traducción libre y nuestra).
Para los expertos del fútbol, el desarrollo de un futbolista se divide en cuatro etapas que toman lugar en el fútbol federado: una etapa antes de los 9 años, donde el niño aprende los pilares básicos a través del simple juego y diversión; una segunda etapa denominada como “etapa de los fundamentos”, generalmente entre los 9-11 años; una tercera etapa de juvenil, entre los 12-16 años, donde el joven evoluciona y desarrolla sus cualidades que, normalmente lo marcan como el jugador que será o, en su defecto, lo descarta, y; finalmente una cuarta etapa de vida profesional (Nick De Marco, Football and the Law [1ra Edición, editorial Bloomsbury Professional, 2018] P. 168-169).
Lo anterior quiere decir que es en manos de las escuelas y clubes de fútbol a nivel infantil y juvenil que reposa el futuro del fútbol dominicano, por lo que es necesario trabajar de la mano con ellos y hacerlo con visión de frutos a largo plazo, dejando a un lado la inmediatez. Para esto fines, es fundamental retomar las celebraciones de torneos y ligas provinciales, así como los reñidos torneos nacionales que solían disputarse hace muchos años. ¿Y por qué no establecer un sistema de escalonamiento entre las divisiones mayores de 16 años con la LDF? Esto generaría mayor interés en los clubes de trabajar en miras de alcanzar y luchar por un puesto en la élite del fútbol dominicano y, a su vez, provocaría un alza en la competitividad de la LDF: unos luchando por mantener la categoría, otros por los puestos internacionales y lo mejor de todo, es que estaríamos nutriendo el fútbol dominicano de más criollos.
La Liga Dominicana Profesional es solamente la punta del iceberg. No se puede olvidar al fútbol federado, que es donde los futbolistas se preparan para vestir algún día la camiseta de un club profesional y de la selección nacional, y por tanto, es donde debemos invertir. La LDF ya está; hay que mantenerla, ayudarla a crecer y apoyarla a toda costa, pero si no invertimos en los futbolistas que mañana jugarían en ella, nunca podríamos trascender. Sembremos hoy para cosechar mañana.












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