
El protocolo de seguridad y salud para competir en tiempos de pandemia y el valor de la solidaridad
El mundo de la información deportiva gravita actualmente sobre la respuesta a dos preguntas que suscitan y concitan el mayor interés: ¿cuándo volverá la competición? y ¿cuál será el protocolo de salud para competir? Y es difícil no ser empitonado por las dos astas de la pregunta en un momento donde abundan las incertidumbres y escasean las certezas.
La respuesta a cuándo volverá la competición debería ser la de cuando pueda garantizarse la seguridad de quienes en ella se ejercitan y compiten, y sobre qué protocolo de salud garantizará dicha seguridad, el que la ciencia garantice.
Y la ciencia no es capaz de garantizar protocolo de seguridad alguno en el presente momento, más allá de especulaciones carentes de rigor científico. Recientemente, la reputada viróloga italiana Elisa Vicenzi, reconocida como una de las mayores expertas en coronavirus, aseguraba que “con este coronavirus hemos tenido la mala suerte de que es un virus que se trasmite por vía aerógena, fundamentalmente por vía respiratoria, y por eso nos puede contagiar a todos, tiene un poder de difusión gigantesco. Y ese poder de contagio de este virus, unido a su virulencia, no tiene precedentes” -El Mundo 24 de Abril de 2020-.
Pese a esta información tan magra como clara, se siguen manejando fechas, reglas, pruebas analíticas serológicas, tests y contratests virológicos, periodicidad… La Liga está trabajando para retomar a lo largo de esta semana sus planes y someter a controles a todos los jugadores y cuerpos técnicos, para después, con el mapa limpio de contagios- dicen-, ir abriendo fases en su proyecto singular de desescalada. Ya, de hecho, trabajan en la elaboración de un documento homogéneo de consentimiento que los jugadores deberán firmar antes de comenzar los entrenamientos.
En definitiva, se quiere abrir una competición entre sanos, seguros y libres de enfermedad, para solaz divertimento y alimentar así el mundo económico, anémico y desnutrido sin competición, sin que se pueda asegurar, al menos en el estado de la ciencia actual, la seguridad anticontagio. Se intenta garantizar ambientes puros, concentraciones en espacios libres del patógeno y contactos entre sanos que celebrarán goles, y también entrarán en contacto cuando el dinamismo propio del juego lo requiera y reclame.
Podremos decir y pensar que la actividad económica se va a reanudar y que los empresarios tampoco van a poder garantizar plenamente la seguridad de los trabajadores. La normativa en materia de prevención, en concreto el artículo 14 de la Ley 31/1995, de 8 de noviembre, de Prevención de Riesgos Laborales, cumpliendo con el mandato constitucional establecido en el artículo 40.2 de la Constitución Española, desarrolla el derecho del trabajador a una protección eficaz en materia de seguridad y salud en el trabajo, lo que conlleva el correlativo deber de la empresa de protegerlos frente a los riesgos a los que puedan exponerse en el trabajo. La exposición a un agente biológico es un riesgo laboral.
La situación, sin duda, va a crear un agravio comparativo de amplia repercusión ante el desequilibrio de garantías y medios para garantizar la seguridad en el trabajo de unos y de otros. El principio de igualdad se tensiona cuando no directamente se fractura y precisamente en el deporte, que debe movilizar emociones y sentimientos para desde ahí influir en las actitudes y comportamientos de las personas, justamente por el conjunto de valores que aspira a transmitir: esfuerzo, superación, perseverancia, igualdad, respeto, juego limpio deportividad, solidaridad y compañerismo, éxito personal y colectivo.
Todos esos valores se pueden colocar en franca desarmonía y cierta insolidaridad cuando se les garantiza a éstos derechos en el ejercicio de su actividad deportiva profesional, de la que otros carecen. El deporte y, en especial el fútbol por su relevante seguimiento, debería ser argamasa de unión como lo fue desde sus inicios y conviene recordar el partido de fútbol de la “Tregua de Nochebuena” entre alemanes y británicos (3-2) en Yprees –Bélgica- en la Nochebuena de 1914, en plena primera Guerra Mundial. El partido fue propiciado por un oficial prusiano que pidió permiso para retirar sus muertos en tierra de nadie, lo que ambos bandos hicieron, manteniendo una tregua hasta que transcurriera la Navidad. La propuesta segunda fue más allá de lo propio de una tregua en tiempo de guerra y se extendió al enfrentamiento solo deportivo y así, contando con un balón y dos selecciones con uniformes militares, negociaron disputar un partido, olvidándose en el tiempo de juego de la muerte y desolación que generaba la guerra. Compitieron solo por la victoria en el juego, teniendo el balón y haciendo goles.
Estimo que se perdería una oportunidad importante si el mundo del deporte en general y el fútbol en particular no se uniera en estos difíciles y comprometidos momentos y se esforzaran de verdad y con interés en buscar la compatibilidad de sus intereses económicos y el valor de la solidaridad con el resto de actividades laborales. Actividades que van a intentar poner en marcha de nuevo la economía del país con su trabajo y que, desgraciadamente, no van a tener ni podrán beneficiarse de cuidados y de protocolos de salud y seguridad que les eximan o disminuyan el riesgo de contagio al mismo nivel de que gozarán los deportistas que compitan.
José Domingo Monforte
Abogado. Socio Director
DOMINGO MONFORTE Abogados Asociados

























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