F: LaLigaLa sentencia del 'caso Osasuna', la primera en la que hay condenados por corrupción en el deporte, confirma que el Estado de Derecho no mira hacia otro lado ante las evidencias de corrupción en el deporte. Por otro lado, este procedimiento, sumado al 'caso Levante-Zaragoza', erige a LaLiga como el organismo que trabaja sin descanso por la limpieza del fútbol español
Hubo un tiempo no muy lejano en el que predominaba la leyenda urbana de que el futbolista estaba inmunizado frente a cualquier investigación o sometimiento al Código Penal español. Una creencia que se acrecentaba a medida de que se subía de categoría, hasta llegar a la total, pero falsa, convicción de que los jugadores de Primera, esos ricos que nadan en la opulencia, desfilarían por los juzgados (si se atrevían a citarles) como si de una alfombra roja se tratara.
Pero la casuística ha desmontado ese dogma para evidenciar una realidad muy diferente y mucho más delicada. Los futbolistas y los dirigentes no gozan de ninguna inviolabilidad que los diferencie del resto de ciudadanos cuando se trata de cumplir la Ley.
Se ha visto en innumerables ocasiones durante los últimos años cuando muchos futbolistas han sido encausados y condenados, por ejemplo, por delitos fiscales.
Pero para terminar de romper con el prejuicio faltaba ver un tribunal condenando a un dirigente, a un futbolista o a un equipo por amañar un partido. No por cualquier otro delito, como la apropiación indebida o la falsedad documental. Por irregularidades en un trabajo tan peculiar como el fútbol.
Encausar a un futbolista o un dirigente por ello no fue posible hasta el año 2010, puesto que la legislación española sufría hasta entonces una impotencia traducida en la falta de tipo penal adecuado.
En ese año se aprobó una reforma del Código Penal en la que se incluyó el delito popularmente conocido como el “amaño”, pero recogido jurídicamente como “corrupción en el deporte”.
A partir de aquel momento, los tribunales tuvieron la herramienta para poder condenar cualquier irregularidad que comprometiera la integridad de un partido o una competición. Ahora sí que aquellos futbolistas y dirigentes que meditaran algún atajo ilegal para ganar o conseguir sus objetivos se podían ver amenazados por la Ley.
Curiosamente, cinco meses después de que entrase en vigor el nuevo Código Penal se disputó el Levante-Zaragoza, el 21 de mayo de 2011. Un partido que se convertiría en el primero investigado por esa infracción penal gracias a una denuncia de Javier Tebas, por aquel entonces vicepresidente de la Liga de Fútbol Profesional.
Posteriormente, se produjo el chivatazo que propició la investigación del mal llamado ‘caso Osasuna’, puesto que, como muy bien ha especificado el presidente del club, Luis Sabalza, la entidad rojilla ni fue investigada ni ha sido condenada. Solo sus dirigentes.
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Con el delito de corrupción en el deporte ya tipificado en el Código Penal, LaLiga abanderó la lucha contra los amaños en el fútbol español creando un departamento de Integridad y utilizando esta última reforma para investigar todos aquellos encuentros en los que hubiera algún ápice de sospecha.
En los últimos años se han visto muchas investigaciones y denuncias por presuntos amaños. ¿Son los futbolistas de hoy más delictivos que los de ayer? No hay evidencias de ello, pero hoy se tiene tipificado en el Código Penal un delito que antes no existía y, por lo tanto, no se podía ni investigar ni condenar por ello. Los procesos iniciados antes de 2010 fracasaron precisamente por esa falta de previsión del código penal.
Tras siete años de densa investigación, de sobreseimiento y posterior reapertura, el ‘caso Levante-Zaragoza’ pasó a la historia por sentar por primera vez a 36 futbolistas profesionales en el banquillo de los acusados en la Ciudad de la Justicia de Valencia.
Pero el magistrado Manuel Aleis consideró que los indicios de amaño, que si había y muchos, no se tradujeron en pruebas indubitadas de la comision de este delito concreto, aunque sí declaró probados otros.
Fueron absueltos los 42 acusados por corrupción deportiva, pero se condenó a Agapito Iglesias y Javier Porquera, exdirectivos del Zaragoza, por falsedad documental.
Ese juicio fue un serio aviso: cualquier amaño, intento o sospecha sería investigado hasta las últimas consecuencias. Así se había demostrado con el partido Levante-Zaragoza. Así lo permitía la legislación penal desde hacía casi diez años.
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Este viernes, 19 semanas después de aquella absolución, se ha producido la primera sentencia condenatoria por un amaño consumado, delito de corrupción deportiva, en España.
Se ha condenado a 8 personas, entre ellas dirigentes y dos futbolistas. Un hecho que permite acabar con el falso mito del fútbol inmune a los tribunales.
Una sentencia que obliga al futbolista a abrir todavía más los ojos y huir de la perezosa indiferencia ante cualquier sospecha de corruptelas en el fútbol.
Paradójicamente, una sentencia que ha dolido tanto a Osasuna ha servido para sanear su imagen y confirmar a LaLiga como el organismo que trabaja sin descanso por la limpieza del fútbol.
Amañar un partido, o sólo intentarlo, ya no sale gratis.









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