
En el enunciado del título se encuentra la problemática actual a la que se enfrenta el gigante económico de medios y fondos que mueve el mundo del espectáculo deportivo: cómo dar continuidad a una actividad que, reglada en la competición, dinamiza un modelo económico que no ha sido ajeno a la crisis vírica y al colapso económico.
Todos los operadores económicos que gravitan cual satélites alrededor del deporte espectáculo buscan su solución en una vuelta a la competición que pueda resultar atractiva y de nuevo atrayente y en la que, a la vez, se intente proteger la salud, aplicando la máxima de Cicerón “Salus Populi Suprema lex esto”. La Ley Suprema debe ser salud y sobre ella se debe subordinar lo demás, lo que representa que cuando entre en conflicto la salud con otro tipo de intereses, como lo es la economía que lo mueve y sostiene, se intente preservar la salud y, en la medida de lo posible, hacerla compatible con el resto de intereses económicos en juego.
Resulta evidente que en el juego económico del deporte se realizan proyecciones para su reactivación y para la convivencia de sus reglas de competición con una situación extraordinaria y excepcional para la que no había reglas. Escenario que requiere de un nuevo orden y concierto deportivo y económico que no puede hacerse a golpes de ocurrencia de quienes dirigen este deporte formado en sus propias reglas y estamentos y poco acostumbrado a la intromisión judicial en sus asuntos que reservan como propios.
El modelo de espectáculo deportivo pasa por seguir ofreciendo espectáculo y enganche, es decir, que autogenere sus propias fuentes de riqueza y que las retrasmisiones deportivas puedan seguir celebrándose con normalidad cuando lo posibilite la enfermedad. Y en el entretiempo incierto y nada predecible, por establecer un sucedáneo de espectáculo a puerta cerrada, entre iguales, sanos, libres de enfermedad y de contagio, o con certeza de su inmunidad al nuevo contagio.
Pero los deportistas son seres humanos y biológicamente singulares, como el resto de mortales, y para que ello pueda lograrse se precisan ciertas garantías médicas que pudieran sostenerlo –garantías que ahora no existen- al margen del estado de forma y fondo, estas últimas esenciales para que el espectáculo no resulte tórrido y aburrido. Y para lograrlo se ensayan modelos que eviten futuristas -por ahora- alucinaciones como podrían serlo deportistas robotizados que puedan sustituir el espectáculo humano de enfrentamiento deportivo. Así, aunque nada tiene que ver con la realidad actual del espectáculo, la historia siempre nos habla y enseña y hubo otro tiempo en que fueron los Coliseos los ahora estadios y los gladiadores los admirados y famosos, como lo son los ahora los deportistas, futbolistas, baloncestistas… Aquellos ofrecían el espectáculo con luchas salvajes y reunían a gentes de todos los confines del Imperio Romano, desde britanos, tracios y sármatas hasta árabes, egipcios y etíopes, que se daban cita en la capital del Imperio para para contemplar las fieras más exóticas y a los más laudeados gladiadores, con emocionantes combates a vida o muerte. Hasta que el año 404, en la arena del Coliseo de Roma, tuvo lugar el último enfrentamiento conocido de gladiadores romanos, después de que el emperador Honorio, los aboliera, decisión que fue inducida -según narra la historia- por la violenta muerte de un sacerdote, llamado Telémaco, que saltó a la arena, con mayor valentía que los que allí combatían y fue lapidado por el público cuando intentó parar el combate.
Desde luego, estoy y estaré con mi amable lector en que este espectáculo se aleja de cualquier vivencia actual, el hecho histórico solo sirve para significar que todo cambia y todo pasa. Y que en este momento lo que más preocupa al pueblo es la salud, siendo que el espectáculo deportivo de y entre millonarios tiene que tener un componente ético y de probada solidaridad, no únicamente de gestos.
Que la competición retorne con reglas seguras entre quienes compiten y que se remuevan y alimenten los saludables valores que el deporte trasmite es verdaderamente lo esencial. Más allá de los cálculos probabilísticos de cómo y en qué condiciones, la guerra no puede estar en las condiciones contractuales del retorno, sino en lo esencial que el deporte debe representar y trasmitir, adaptándose a los nuevos tiempos y generando nuevas reglas que lo hagan atractivo, seguro y representativo del juego limpio, del esfuerzo y de la deseable y ambiciosa unión en sus valores.
José Domingo Monforte
Abogado. Socio Director
DOMINGO MONFORTE Abogados Asociados
















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