
El futbolista argentino Leonardo Gil dialogó con el diario Clarín de Buenos Aires y contó su padecimiento actual tras la pandemia del coronavirus: “No vine a pasear, no estoy de vacaciones, cumplí con todo lo que pidió el Presidente (Alberto Fernández) y me siento solo”.
El volante con pasado reciente en Rosario Central, se halla en Corniche, en la zona costera de Jeddah, a orillas del Mar Rojo, hace 30 días está en aislamiento preventivo obligatorio establecido por el Gobierno de Arabia Saudita, lejos de su familia: su papá, sus 7 hermanos y su novia, Julieta, quien lo espera para cumplir con la cuarentena en Argentina.
“El presidente del club nos dio permiso para poder retornar a casa. Vine a Arabia Saudita por cuestiones laborales, buscando la posibilidad de pegar el salto económico. Estoy muy enojado. Es un derecho que tengo como ciudadano volver a mi país. Soy una persona que está tratando de regresar por sus propios medios. No estoy pidiendo un favor, solo un simple papel. Me comuniqué con la Cancillería, me dijeron que hay que solicitar un permiso a la ANAC (Administración Nacional de Aviación Civil). Hablé con un señor llamado Federico Franceschini. Quedó en comunicarse conmigo, pero fue hace 7 días y no tengo respuestas. Y ahora me dicen que no me pueden autorizar”, agregó el mediocampista nacido en Río Gallegos, quien también se contactó con la embajada de Argentina en Brasil, hasta donde pensaba llegar en una combinación de vuelos, escala previa a su arribo al aeropuerto argentino de Ezeiza. “Me dijeron que me iban a mandar un formulario, y nada”.
Y añadió: "Sé que estaban repatriando 700 argentinos por día. También, que volvieron de Estados Unidos, de México, de España… Estoy un poco más lejos, lo entiendo. Pero había comprado un pasaje de Jeddah a París que me costó 4 mil dólares. De ahí, me trasladaba a San Pablo en otro avión por el que tuve que pagar 1.600 euros. Y de Brasil podía moverme hasta Ezeiza en un vuelo privado. Le mandé las fotos con todos los tickets a la Cancillería, pero no me consiguieron la autorización. Entonces, perdí los pasajes y el dinero. Hoy se fue Bruno, un compañero mío que es brasileño. Pero él tiene pasaporte europeo. Yo no podía arriesgarme a llegar a Francia sin permiso y quedarme varado allá como muchos argentinos".














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