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EDITORIAL DE IUSPORT
EDITORIAL DE IUSPORT Miércoles, 08 de Abril de 2020

Por qué se acepta el disenso en la política y se demoniza en el deporte

Es frecuente observar cómo desde distintos sectores, desde la presidenta del CSD hasta los tertulianos de los programas deportivos y grandes columnistas, se alude a las discrepancias entre los principales dirigentes deportivos como algo horrible.

 

No nos referimos a este periodo excepcional del estado de alarma, en el que se entendería que bajasen el diapasón. Ocurre durante todo el año.

 

Obviando este momento de fuerte crisis sanitaria y económica, en el que por cierto también abundan las discrepancias entre los líderes políticos, todos los días somos testigos de encendidos debates en la política y a nadie se le ocurre decir que Pedro Sánchez y Pablo Casado deberían dejar de disentir, ni mucho menos criticarles por el hecho de que no piensen lo mismo.

 

Sin embargo, en el mundo del deporte no se ve con buenos ojos el disenso, olvidando quienes así piensan que se trata de una auténtica quimera.

 

Dónde hay intereses en juego (nunca mejor dicho) hay disenso. Cómo van a coincidir (de entrada) un sindicato y una patronal.

 

Otra cosa es que negocien y alcancen acuerdos. En ese sentido, estamos seguros de que Aganzo y Tebas lograrán llegar a un punto intermedio para reanudar la liga, si la autoridad competente (sanitaria por supuesto) lo permite.

 

Y en cuanto al CSD, la RFEF, la UEFA o la FIFA, también es entendible que mantengan su propio criterio cuando lo consideren oportuno. Se podrá estar de acuerdo con unos o con otros, pero todos ellos están legitimados para defender sus posiciones.

 

Cosa distinta es caer en la demagogia, el afán de protagonismo, el populismo, el electoralismo y a veces en el ridículo o el juego sucio. Esto sí es censurable, no el hecho del disenso en sí mismo.

 

Por eso, se equivocan quienes demonizan a nuestros máximos dirigentes deportivos por el simple hecho de que sus posturas no sean coincidentes. Es deseable que alcancen consensos, pero si no los consiguen, nuestro sistema de convivencia prevé mecanismos para la resolución de las controversias, desde la mediación a las sentencias, pasando por los laudos arbitrales y las medidas cautelares.

 

Por tanto, ocupémonos más del fondo de los debates y menos del hecho, anecdótico en todo caso, de que los protagonistas difieran.

 

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