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Eva Cañizares
Eva Cañizares Domingo, 08 de Marzo de 2020

Deporte: igualdad jurídica-desigualdad real

El espejismo de la igualdad en el deporte: Igualdad jurídica-desigualdad real

Hoy es 8M. Un día controvertido, en el que se nos llena la boca de reivindicaciones, reclamaciones, eslóganes y frases hechas, tanto por mujeres como por hombres, abogando por una igualdad efectiva que sigue sin ser una realidad en casi todos los ámbitos sociales y laborales. También es un día en el que aparecen multitud de voces discrepantes que gritan que la igualdad efectiva sí que es una realidad y que la mujer no ocupa los lugares que se merece por propia decisión de ellas al no querer renunciar a su rol de madre, esposa o hija, por no querer asumir los sacrificios que, en esos aspectos, supone ocupar puestos de responsabilidad en las empresas.

 

Sin embargo, estemos más o menos de acuerdo, la desigualdad entre hombres y mujeres en España es incuestionable. Las estadísticas son frías, pero elocuentes.

 

Los datos sobre el paro registrado vuelven a poner de manifiesto que el incremento del desempleo en España tiene rostro femenino. La precariedad laboral afecta especialmente a las mujeres y hasta el momento no se percibe que el problema se pueda resolver, ya que la situación amenaza con convertirse en estructural. La brecha salarial sigue constituyendo un problema de primer orden, la desigualdad retributiva es una realidad incontestable pero muy compleja. Evidentemente, hombre y mujer en el mismo puesto, con igual antigüedad y categoría profesional, cobran lo mismo pues, de lo contrario, la ilegalidad del empresario sería flagrante y fácilmente subsanable en la vía judicial, como dice Natalia Velilla, Magistrada de Adscripción Territorial de Madrid, para la que las diferencias existentes se amparan en la aplicación fraudulenta de la ley (contratación de un varón y una mujer para el mismo tipo de trabajo pero bajo la tapadera de distintas categorías y puestos de trabajo, con distintos complementos salariales, más difícilmente comprobables); en apreciar plus de peligrosidad en unos casos (operarios de mantenimiento) y no en otros (limpiadoras con productos químicos); etc., por poner algunos ejemplos.

 

Las labores domésticas son otro de los campos donde mejor se aprecia la distancia entre géneros. Más del 90% de las personas que trabajan a tiempo parcial para cuidar de sus hijos y de personas dependientes son mujeres. ¿Por propia voluntad o porque no tienen otra opción?

 

Pero es que si atendemos al plano político, aunque se observa cierto progreso, el progreso es terriblemente lento. Los ámbitos políticos en los que actualmente se produce una presencia equilibrada entre ambos sexos son muy reducidos, existiendo una gran variabilidad según el órgano político considerado. Según el informe del Foro Económico Mundial 2018, al ritmo actual, se tardarán 107 años superar las brechas en la representación política de las mujeres. ¿De verdad que hay que esperar 107 años?

 

Y, respecto al sector deportivo, no solo no escapa a esta realidad sino que el deporte es una de esas áreas en la que la discriminación de la mujer es tanto una cuestión de hechos como, sobre todo, de Derecho. Es el único ámbito laboral de nuestro país en el que, por el hecho de ser mujer, se sufre una merma de derechos laborales: inexistencia de contratos, penalizaciones por maternidad, menores salarios y premios inferiores son algunas de las vergüenzas del deporte femenino en nuestro país, cada vez más laureado en las pistas y terrenos de juego pero ninguneado en los despachos oficiales. 

 

Vivimos en una sociedad igualitaria en lo jurídico, pero no hay un solo dato que avale esa igualdad en nuestro sector. Esta circunstancia pone de manifiesto la poca o ninguna importancia que se le da a la presencia femenina en el deporte, quizás porque en el ámbito deportivo es en el único terreno que se mantiene la desigualdad jurídica y que se acepta con una cierta “normalidad”. Esta aceptación de la desigualdad como si fuera algo natural no tendría cabida en ningún otro ámbito laboral ¿Alguien se imagina que sólo pudieran ser considerados profesionales los abogados y las abogadas debieran ejercer como aficionadas o tener contratos de secretarias? ¿O que un convenio colectivo sólo pudiera aplicarse a los trabajadores y no a las trabajadoras? Pues esto ocurre en el deporte sin que a nadie escandalice.

 

Los que trabajamos en la industria del deporte somos conscientes del hecho de que muchas de las mujeres que practican deporte como actividad profesional permanecen invisibles para sus estructuras deportivas, asociativas y para la propia Administración Pública. Son muy loables medidas tales como las subvenciones a las federaciones, pero, la mujer deportista, más allá del tema económico, con ser importante, lo que reivindica es su consideración de igual a igual en relación con sus colegas masculinos. Tan fácil como que se apliquen las mismas reglas de juego antes de comenzar el partido.

 

La falta de convenios colectivos deja a las mujeres sin derechos laborales, fuera del circuito profesional y con menores posibilidades de progresar en su disciplina. Es una aberración jurídica que persiste en nuestro deporte. Que en pleno siglo XXI se haya firmado el primer convenio colectivo del fútbol femenino, da buena cuenta de la precariedad del marco legal regulatorio frente a la fuerza competitiva del deporte femenino.

 

La falta de visibilidad de las mujeres deportistas es una de las consecuencias más relevantes que favorecen el mantenimiento de la desigualdad de género y se da de distintas maneras, por ejemplo en la escasa presencia del deporte femenino en los medios de comunicación en los que solo un escaso porcentaje de las noticias tuvo como protagonista al deporte femenino frente al 90% de informaciones protagonizadas por deportistas masculinos. Y no solo ello, sino que, lo que es más triste aún, las parejas, amores y desamores de los deportistas varones famosos tienen muchísima más presencia mediática que los logros deportivos de las féminas. Pero, ¿el deporte femenino no es de interés para la mayoría de la audiencia o no es de interés porque no se le da presencia en los medios? Al final se produce el efecto pescadilla que se muerde la cola: cuanta más divulgación tiene un hecho más interés directo e indirecto genera. Si hay más deporte masculino en los medios, más interesará frente al femenino. Pero, lamentablemente, el deporte también es sexista, y, como la sociedad actual, está lleno de estereotipos que hacen que el esfuerzo no se pague con justicia.

 

Por último, y en cuanto a la presencia de la mujer en las estructuras deportivas, los datos generales son desoladores. La presencia de mujeres en los órganos de poder deportivo incumple todas las recomendaciones dadas por las Leyes de Igualdad de las que nos hemos dotado: Internacionales, nacionales, autonómicas. La práctica y la gestión deportiva en las federaciones españolas son ámbitos dominados, por abrumadora mayoría, por los hombres.

 

De todo esto se deduce la absoluta importancia de estar en cualquier negociación, de sentarse a la mesa, pues, de lo contrario, si no se está no se puede opinar y, por tanto, es imposible ofrecer el criterio propio, no el derivado o tutelado. Es evidente el impacto positivo que tiene que haya mujeres en puestos de representatividad pues contribuye a normalizar la presencia de mujeres en dichas estructuras. Y dado que somos, por lo general, más sensibles en lo que se refiere a los problemas que nos afectan, esa representatividad favorecerá, en mayor medida, la adopción de medidas tendentes a dar una respuesta a los problemas existentes actualmente en materia de maternidad, falta de contratación laboral, igualdad, política familiar y conciliación o violencia hacia las mujeres en el deporte, entre otras cuestiones.

 

A otra escala, pero ahora nos parece increíble que hubiese que obligar la entrada de personas de raza negra en lugares en los que tenían vetada su presencia a mediados del siglo pasado, como escuelas o autobuses. Incluso el discurso de Clara Campoamor en las Cortes, en 1931, reclamando el derecho al voto femenino ante una cámara llena de hombres que negaban la capacidad inicial de la mujer causa hoy estupor y vergüenza ver que ese era el pensamiento imperante en la sociedad porque ahora nos resulta impensable.

 

Son solo ejemplos de que muchas veces hay que imponer los derechos para conquistarlos.

 

El deporte es una de las actividades humanas con más resistencias a la igualdad, como ya he dicho, pero también es una herramienta con una capacidad muy poderosa para generar cambios y trabajar para conseguirla. Aunque hay muchas leyes que protegen a las mujeres en todos los ámbitos de la vida, la plena igualdad real y efectiva no existe, por lo cual resulta necesario un impulso político y un apoyo de los poderes que permitan el cumplimiento de las normativas que impiden cualquier tipo de discriminación.

 

Los avances son innegables, somos optimistas, sigamos trabajando.

 

Eva Cañizares Rivas.

Abogada experta en Derecho Deportivo. Gestora y Mediadora deportiva.

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