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La pizarra de Bordalás saca de quicio al Johan Cruyff Arena

David Morales Urbaneja

EFE / IUSPORT Sábado, 29 de Febrero de 2020

Don José Bordalás lo volvió a hacer. El entrenador del Getafe se presentó en el Johan Cruyff Arena con un rocoso planteamiento táctico que volvió a anular el estilo de toque rápido del Ajax. La afición holandesa arremetió a base de pitidos contra la pizarra del técnico alicantino, pero de poco sirvió.

El guion de este partido empezó a escribirse tras el pitido final del encuentro de ida en el Coliseum Alfonso Pérez. El entrenador del Ajax dio, tras el encuentro de ida, dos claves para la vuelta: los suyos no se podían permitir perder tantos balones y debían mantener la cabeza fría.

 

“Vamos a hacer nuestro juego”, reiteró en la rueda de prensa de este miércoles. Es decir, el conjunto de Amsterdam no volvería a intentar superar la presión del Getafe a base de balones largos. Lección aprendida, o eso parecía.

El delantero Dusan Tadic se mostró menos comedido. “Se tirarán al suelo y pedirán falta” aseguró esta semana sin ruborizarse. No lo dijo como respuesta espontánea a una pregunta en una rueda de prensa, sino en una entrevista colgada en la página web del Ajax.

 

Un mensaje controlado desde el club con el objetivo de calentar el partido y activar a los suyos. Surgió efecto, porque el Johan Cruyff Arena lo silbó absolutamente todo. Si un jugador visitante caía al suelo, pitos. ¿Sacaba el David Soria de portería? Más pitos. ¿Banda para el Getafe? Más de lo mismo.

Al inicio del encuentro se desplegó una pancarta gigante que mostraba los títulos del Ajax a lo largo de toda su historia. Fue una manera de recordarle a los de Bordalás la grandeza del club al que se enfrentaban. Quizás fue un error. En la película de hoy, ser el grande significaba encarnar a Goliat y dejarle al Getafe el papel de David.

El rugir del Johan Cruyff Arena se diluyó en el minuto cinco con el gol de Jaime Mata. En una esquina del estadio, los más de 2.000 aficionados azulones parecieron el triple. El cántico “¡Bordalás, te quiero!” se escuchó por primera vez.

La promesa de un partido tranquilo para los madrileños se esfumó cinco minutos después. El tanto de Pereiro hizo vibrar al estadio (literalmente), les trajo a los locales la esperanza de una remontada y los jugadores del Ajax se aceleraron. Los siguientes 20 minutos los vivieron como si fueran los últimos del encuentro.

El delantero Deyverson Silva fue de los más pitados. La celebración de su gol en el partido de ida, levantándose el pantalón delante de donde se encontraban cientos de aficionados holandeses, había traído cola. Un encendedor lanzado desde la grada le golpeó al delantero y la UEFA investiga el incidente, que podría acarrear una sanción para el Ajax.

La afición de Amsterdam se la tenía jurada. Cada vez que el brasileño estaba cerca de la banda, los seguidores holandeses se levantaban para gritarle y decirle de todo. Cuando fue cambiado, el futbolista levantó los brazos y aplaudió a la grada donde estaban los azulones. Los aficionados del Ajax se lo tomaron como una provocación. Pitos y más pitos.

El tanto de Mathías Olivera en propia puerta, en el 64, trajo el 1-2 al marcador y puso al estadio en pie. Por un momento pareció que la remontada era posible y la grada brindó a los suyos con los gritos de ánimo propios de las grandes noches europeas. Fue un espejismo.

El Ajax se lanzó al ataque, dejó espacios atrás y llegaron las mejores ocasiones de los madrileños en la segunda parte. Desde la esquina azulona se entonó el “¡Sí se puede!” y la desesperación invadió a los holandeses. A cinco minutos del final, muchos aficionados empezaron a marcharse del estadio. Los ataques del Ajax, con más corazón que cabeza, ni intimidaron a David Soria.

El pitido final del árbitro griego Tasos Sidiropoulos desató la última protesta. Los aficionados holandeses consideran que han sido eliminados a base de juego sucio y pérdidas de tiempo, tanto en la idea como en la vuelta.

 

Pero hay también un problema de expectativas. El Ajax acarició con los dedos, en mayo del año pasado, la clasificación para la final de la Liga de Campeones. Esta noche, un equipo desconocido en Países Bajos lo eliminó de dieciseisavos de la Liga Europa. Un viaje del cielo al infierno del que difícilmente se recuperarán.

En la esquina azulona, 2.000 hombres, mujeres y niños celebraban como nunca el pase de ronda y gritaban “¡Que bote el Coliseum!”. Al fin y al cabo, el Johan Cruyff Arena era tierra conquistada.

Los azulones vuelven a Madrid con la sensación de estar escribiendo historia. Se han propuesto superar al ‘EuroGeta’ de la temporada 2007/08, ese que llegó a cuartos de final de la Copa de la UEFA y puso contra las cuerdas al mismísimo Bayern Múnich. Están a solo una eliminatoria de igualar la hazaña. La pizarra de Bordalás marca el camino.

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