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La Real y el Athletic dinamitan la Copa de las sorpresas

Roberto Morales / Iusport Roberto Morales / Iusport Jueves, 06 de Febrero de 2020
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Cayeron los cuatro favoritos: Real Madrid, Barcelona, Atlético de Madrid y Valencia

Por primera vez en décadas, la Copa del Rey vivirá unas semifinales y una final sin ninguno de los grandes del fútbol español. Ni Real Madrid, ni FC Barcelona, ni Atlético de Madrid, ni Sevilla, ni Valencia estarán este viernes a la 13:00 en el sorteo de la penúltima ronda del torneo del KO. En cuestión de cuatro horas, Real Sociedad y Athletic Club han eliminado a Real Madrid y FC Barcelona, lo que deja la competición más abierta que nunca.

 

El Athletic Club de Gaizka Garitano ha derrotado al conjunto azulgrana en el último minuto. Un gol del delantero Iñaki Williams ha servido para hacer estallar San Mamés y dejar a los de Quique Setién sin un título que se habían acostumbrado a levantar en las últimas temporadas. El Barça ha dominado gran parte del encuentro. De hecho, Leo Messi ha tenido la clasificación en un mano a mano en el minuto 89. Pero ha sido el delantero vasco quien ha sido más efectivo y ha apretado el gatillo. Si bien la temporada pasada, el Barça de Ernesto Valverde perdió la final contra el Valencia Marcelino, este año, inmerso en una constante inestabilidad institucional, solo ha podido llegar a los cuartos de final. 

 

Pero minutos antes de que empezara el partido en San Mamés había saltado la sorpresa en el Santiago Bernabéu. La Real Sociedad dio una exhibición de estilo en el Santiago Bernabéu, en la máxima expresión de la apuesta futbolística de Imanol Alguacil, para dinamitar la Copa del Rey de las sorpresas eliminando a un Real Madrid que regresó al pasado, vulnerable en una competición maldita para Zinedine Zidane.

 

La Real Sociedad dejó un recital para el recuerdo para lograr su pase a semifinales tras desenchufar al equipo en mejor forma, un Real Madrid que cortó con estrépito su racha de 21 partidos sin perder, en una nueva noche negra en una competición a la que no toma la medida.

 

Le faltó tensión al Real Madrid de inicio, como si no estuviese avisado de una Copa repleta de sorpresas y de la entidad de una Real Sociedad que asocia su nombre al buen fútbol. Con personalidad y gusto por el balón, siempre encontrando espacios para la velocidad de Isak que sacó las vergüenzas de la zaga madridista como hacía tiempo no ocurría.

 

De golpe el Real Madrid fue desorganizado y vulnerable, todo lo contrario a lo logrado por Zidane en una reconstrucción que tenía mérito. Añoró la figura de Casemiro y acusó la falta de tensión. Los laterales hacían aguas y los centrales no daban a basto. Ante la falta de control la moneda al aire podía caer de cualquier lado. Benzema se topó con Remiro, seguro abajo, y Militao salvaba la primera lanzándose a la carrera de Januzaj cuando armaba el disparo.

 

Era el inicio a momentos de gran fútbol de la Real Sociedad. Sin sufrir nada salvo cuando el balón le caía a Vinicius y con una identidad como equipo que pone en valor a su técnico. Si Brahim lanzaba carreras contra el mundo con el deseo de brillar, Odegaard aparecía para ser decisivo. A los 22 minutos recogía un rechace de Areola a disparo seco de Isak y encontraba el espacio entre las piernas de Militao y Areola para adelantar a su equipo en el escenario donde le esperan con los brazos abiertos.

 

La reacción madridista exhibió más orgullo que fútbol. Lo puso un Vinicius veloz y descarado. Recuperó de golpe la imagen que tanto ilusionó al madridismo pero con la que se perdió todo el pasado curso. Fue un diablo imposible de frenar y eligió bien la resolución de las jugadas. Benzema no acertaba en el golpeo. Tampoco Kroos tras acciones del brasileño que despertaban a la grada.

 

La finura de Vinicius contrastaba con la imagen de un Marcelo lento. James aparecía para enganchar un zurdazo al que volaba Remiro pero le faltó trabajo defensivo para un Real Madrid que se descosía. En las botas de Isak estuvo la eliminatoria. Y perdonó hasta tres claras antes de afinar puntería y ser el gran protagonista.

 

A la falta de acierto en el pase a los de Zidane le sumaron impotencia en los últimos metros. La madera repelía un testarazo de Ramos tras la mejor acción de Brahim mientras Isak instalaba el miedo. El aviso estaba dado y la reacción desde el banquillo llegó recurriendo a Modric que no cambió nada. Alguacil incidió en el costado de Marcelo, donde mandó a Oyarzabal.

 

Se abría el telón de una segunda parte que define a una competición como la Copa del Rey. Locura y falta de control. Goles y pasión. El VAR anulaba un tanto de Isak tras un pase del sello Odegaard. El aviso de la sentencia debía despertar a un Real Madrid sin rumbo pero nada más lejos de la realidad. Dio paso a otro tanto, con Areola transparente. Nacho quedaba marcado como lateral, con Odriozola en Múnich cedido, cuando Barrenetxea se marchaba con facilidad y ponía el balón a Isak, libre de marca, a la espalda de Ramos y con Marcelo, como no, llegando tarde.

 

El encuentro más brillante de la carrera de Isak lo engrandeció firmando su séptimo tanto en el torneo con un disparo seco arriba, a la escuadra de Areola que no creía lo que veía. Era el minuto 56 y un Real Madrid que venía de exhibir firmeza defensiva, encajando siete goles en diez partidos, recibiría cuatro de golpe cuando el duelo se desató en intercambio de goles.

 

Marcelo maquillaba su noche negra con un zurdazo a la red que resucitaba al Bernabéu, pero lo que daba en ataque lo tiraba por tierra en defensa. Mala salida de balón y tarde ante Isak que regalaba el cuarto a Mikel Merino. El golpe era un directo que suele tumbar a cualquier equipo pero al Real Madrid no hay que darle por muerto hasta el último segundo.

 

Zidane tardó mucho en hacer los cambios ya sin nada que perder y el cuarto tanto fue un castigo. Cuando los hizo Rodrygo y Jovic encerraron a un rival que ya se contentó a defender. Fue un error porque el Real Madrid encadenó llegadas. A Vinicius le anulaban un tanto pero regalaba otro a Rodrygo y en el tiempo añadido Nacho de cabeza ponía máxima emoción a tres minutos extra. El orgullo madridista encogió el corazón de toda la Real Sociedad y su afición. Acabó vendiendo cara su eliminación pero no frenó una nueva sorpresa de una Copa del Rey de locos con su nuevo formato.

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