
Con el pitido final, jugadores y afición se volvieron locos. La invasión de campo fue instantanea. Daniel Passarella, capitán argentino, levantó la Copa a hombros de los hinchas, dejando algunas fotos para el recuerdo. Todos querían tocar el trofeo, que iba pasando entre jugadores y dirigentes presentes en el estadio. Sin embargo, hubo alguien que ni siquiera llegó a rozarlo: Mario Alberto Kempes. El que había sido mejor jugador del partido y máximo goleador del torneo con seis tantos no tuvo la oportunidad de levantar lo que tanto le había costado conseguir.
El detalle curioso es que fue pichichi de aquel Mundial sin haber marcado gol en ninguno de los tres partidos de la primera fase. Anotó cuatro en la segunda y dos más en la final. La superstición cuenta que fue por su bigote: arrancó el torneo con él y, notando que no le salían las cosas, decidió afeitárselo. Entonces, las pelotas empezaron a entrar.
Más de 20 años después, en una entrevista para el Gráfico, Kempes explicó por qué no llegó a tocar el trofeo. "No pude saludar a Videla (máximo mandatario argentino). Pero no por nada en especial, sino por el tumulto que había. Yo era el último en la fila. El desborde era tal que no pude llegar hasta donde entregaban las medallas. Si ni siquiera toqué la Copa", aseguró.
"Ni esa noche ni nunca porque al día siguiente se la llevaron y no la vimos más. Era imposible llegar a la Copa, estaban todos desesperados. La única copa que pude tocar fue una de chocolate que me mandaron de una confitería de Bell Ville, una réplica de la del Mundial...", bromeó.
El fútbol, como todo en la vida, siempre te devuelve lo que te quita. El pasado lunes 20 de enero, Kempes tuvo la oportunidad que no le dieron en Buenos Aires aquel 25 de junio de 1978. Lo merecía y se lo permitieron: acudió al Museo de la FIFA en Zúrich y la organización le permitió levantarla, besarla y, aún más importante, recordar aquella hazaña.
Compartió el momento en sus redes sociales con una foto y un emotivo texto. "Llego el día que después de 42 años finalmente pude tenerla en mis manos. Cuando ganamos el mundial no la pude tocar. Gracias al Museo por permitirme estar con ella un rato. La emoción, los latidos del corazón al acercarme a ella no se los puedo transmitir con palabras. Volvieron a mi memoria todas las imágenes de aquella gran final donde nos coronamos campeones", comentaba.
AS de Argentina.















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