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Blas López-Angulo
Blas López-Angulo Miércoles, 20 de Noviembre de 2019

Bale, un incomprendido

Entiendo el malestar de ese gran club que es el Real Madrid ante el absentismo laboral de dos de sus figuras, la chanza a su prestigio, cuando la realidad es que cualquier jugador del mundo difícilmente puede rechazar una oferta suya, más allá de lo económico, deslumbrados también por el fulgor de sus trece copas de Europa, o son ya catorce, ni llevo la cuenta. Ellos no la rechazaron.

 

Ahora bien, en esta sede, nuestro brillante compañero Ramón Fuentes analiza la vertiente disciplinaria de la exposición de Gareth Bale, de su explosión de júbilo y humor, festejado por unos y zaheridos los otros, dentro de esa dicotomía frecuente entre los colores de tu bandera y el verde color del vil metal: Wales, golf, (Real) Madrid; in that order.

 

El convenio colectivo existente entre la liga y los sindicatos que sirve de base a todos los manuales internos de comportamiento de los clubes, concretamente en el apartado 5.9 califica como sanciones graves las “declaraciones injuriosas o maliciosas, que excedan el derecho a la libertad de expresión o al ejercicio de la crítica, dirigidas contra el Club, sus directivos, técnicos y jugadores". 

 

Este ingenuo jurista no ve animus iniuriandi alguno, tan solo un ánimo jocoso y festivo que, en efecto, puede llegar hasta aquí lacerante  e intempestivo. Wales es su patria, el golf su afición y el Real Madrid, su aflicción, observamos, pero le sirve de boyante condumio. Entendería en ese orden, problemático el segundo elemento si en en vez del golf, el sexo o el rock and roll fueran las drogas porque el sexo, matrimonial o no, tiene cabida, pero las drogas son sustancias susceptibles de sanción por dopaje.

 

El comportamiento respetuoso, no exige el amor declarado. Imagínense a cualquier trabajador, sin ir más lejos, uno mismo o si no le importa, usted, que después de un festejo entre compañeros, las acechantes comidas de empresa navideñas por ejemplo, posan con una sábana para la ocasión que rece: “México, Lupita y Madrid, por ese orden”.

 

¿Qué les parecería? Atentaría a la imagen de la entidad. Por cierto, ya saben que el Real Madrid, como el Barcelona o la FIFA no son empresas, sino multinacionales benefactoras aunque floten entre verdes dólares.

 

Un servidor, además se compadece como el mismo Florentino, de esa criatura que es Gareth, así le llama su presidente millonario que le entiende porque lo admite en su clase, no como a ese advenedizo de piel morena al que por fin largó. ¡Qué juega al golf, será un pecado? Pero si ya hoy quién no juega al golf, al tenis, el esquí….Ni siquiera es una odiosa manifestación clasista.

 

Le parecería bien, precario y esquilmado trabajador, que por esa fiesta su empresa le sancionara por indisciplina como propone mi ilustre compañero citado supra: con suspensión de empleo y sueldo de dos a diez días, y hasta un 7% de su salario en los primeros 100.000 euros y a partir de ahí hasta un 4% más en función de las circunstancias y la gravedad. 50.000 euros para el galés de lo 14 millones de su sueldo. Calderilla que con gusto pagaría, ¿y usted?

 

A todo esto, ¿qué clase de trabajador es Bale? Special worker, según nuestro ya vetusto decreto de 1985 que enmarca las relaciones laborales especiales de deportistas profesionales. Debutó a los dieciséis con su selección, para la FIFA fue el futbolista más veloz del mundo en 2013, y eso debe gastar. Lleva muchos año en el Real Madrid, aunque por lo que sabe del idioma de Cervantes, ese colega de Shakespeare, ¡quien lo diría! El éxito también cansa, alguien dijo que lo malo de los deseos es que se cumplan, es tal nuestra condición humana que si suceden demasiado pronto pueden llegar a producir hastío, esa sensación de perder el tiempo en vez de estar jugando al golf. Los monos estaban dale que te dale, pero un estadio superior de nuestra evolución nos hace más sublime la cultura, sea fútbol o escribir, aunque sea de fútbol.

 

Gareth Bale a sus 30 años está pidiendo más que la baja continuada o la salida del Real como piensan los merengues, una jubilación anticipada. Pensemos que los futbolistas son trabajadores que se exprimen por lo que padecen una vida laboral muy corta.

 

La expectativa de vida de un Neandertal no sobrepasaba los cuarenta años en los hombres y treinta en las mujeres, no es el caso de Bale, pero sus cuitas obedecen a ese profundo sueño de la humanidad y su presidente, que ignoro si también juega al golf, las entiende y con la misma racionalidad de este ingenuo jurista, las sabe disculpar, así como los efusivos estados pasajeros de su alma que, ya en la capital madrileña, indefectiblemente se apagarán.

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