El estadio como visibilidad de la contestación política

Por mucho que las líneas divisorias del deporte respecto de la política quieran marcarse, no es menos cierto que el poder, sea dictatorial o democrático, utiliza los espectáculos deportivos como fuente de distracción, de normalidad e incluso de legitimidad o apropiación de los éxitos nacionales, pero atrae el efecto boomerang: no puede impedir que las masas los usen también como visibilidad de sus protestas y lleguen a impedir o alterar el desarrollo mismo de dichos eventos.
De este modo, la confrontación política ofrece una inusitada estampa en los estadios de fútbol. Tenemos un clásico pendiente por jugar. Y no menos insólita fue la estampa de un Camp Nou vacío, a pesar de que el partido llegó a jugarse. Me refiero al Barcelona Las Palmas de hace dos años. La imagen del equipo canario como invitado de piedra fue torpemente asaeteada por un improvisado comunicado del club, imagino que sin contar con la aprobación de su masa social. Decía así:
«La UD Las Palmas podría haberse limitado a ser testigo mudo de esta encrucijada histórica o tomar partido. Nos decantamos por lo segundo. Decidimos bordar en nuestra camiseta una pequeña bandera española y la fecha de hoy, 1 de octubre de 2017, para testimoniar sin estridencias nuestra esperanza en el futuro de este país y en la buena voluntad de quienes convivimos en él, en busca del mejor entendimiento. Por muy lejos que esté el Estadio Gran Canaria, nunca hemos sentido la menor tentación de formar parte de un país que no sea este».
Olvidaban los gerifaltes canariones un episodio de su propia historia reivindicativa obrera e independista: las huelgas y manifestaciones que tuvieron lugar en Canarias en marzo de 1962, un mes antes de las célebres huelgas mineras de toda la cuenca asturiana. Esa incipiente malestar tuvo su epicentro en el Estadio Insular de Las Palmas. Son hechos que en la prensa regional pasaron como meros desórdenes públicos, desde luego, la censura haría lo suyo y no creo que su memoria trascendiera de las lejanas islas atlánticas.
He tenido conocimiento de ellos por la lectura de los reportajes de ese periodista de raza, hoy también olvidado, que fue Eduardo Barrenechea y que los publicó en forma de libro en 1978: Objetivo Canarias. En su prólogo nos dice que Las Canarias tenía todo lo superfluo y nada de lo necesario. El tópico peninsular obedecía al paraíso de su clima, a una oferta de automóviles aquí desconocida, tabaco barato, whisky semiregalado, relojes, cámaras fotográficas….Pero ignoraba su secular subdesarrollo: alta mortandad y baja alfabetización.
Pasados 20 años del final de la guerra civil, uno de los boletines quincenales de la Comisaría de Policía de Santa Cruz de Tenerife relataba que la dieta local se basaba en papas del país y en hortalizas por cuanto el aceite, las alubias y los garbanzos eran considerados unos productos demasiado caros, mientras que la carne era «un artículo casi desconocido» entre las clases populares.
Todo el descontento fruto de esa miseria fue recogido por el Movimiento Autonomista Canario (MAC), más conocido como Canarias Libre, “Viva Canarias libre”, era su grito popular.
En enero de 1962, tanto en Tenerife como en Las Palmas se inicia una serie de huelgas, se paraliza el puerto y los obreros consiguen sustanciales aumentos de sueldo, el MAC prosigue las huelgas en marzo: taxistas, industria química, repartidoras de leche, etcétera.
En este contexto, el 4 de marzo de 1962 en el Estadio Insular se enfrentaban la Unión Deportiva Las Palmas y el Córdoba. A falta de cuatro encuentros para finalizar la temporada, una victoria del cuadro amarillo le permitía aspirar a los puestos de cabeza que daban opción al ascenso a Primera. Según el cronista Antonio Lemus, el estadio se encontraba con el «más grande lleno de las dos últimas temporadas de Liga». Su crónica publicada en Diario de Las Palmas, daba cuenta de que la Unión logró romper «el fuerte bloque defensivo visitante» con un gol en el minuto 70, instante en el que la afición local se levanta en la grada con gran alegría y entusiasmo ya que se alcanzaba «la ansiada cota de los treinta y dos puntos con la entrada definitiva en la lucha por los primeros puestos.» Sin embargo, el encuentro terminó en empate debido a un gol adjudicado al Córdoba a tres minutos del final. Para el cronista este tanto fue inexistente pues el portero del Las Palmas había parado el balón, que quedó «justamente sobre la línea, con la pelota vuelta hacia el campo, arropándolo», momento en que el árbitro, «ante la estupefacción general, señaló gol». Lo que provocó la protesta masiva de los jugadores de la Unión Deportiva frente al árbitro que se encontraba a «unos quince metros», por lo que le solicitaron la consulta al juez de línea, a lo cual el colegiado se negó ante la «enardecida protesta» de la hinchada. El juego estuvo interrumpido «como consecuencia de los tumultos originados en el campo»; momento en el que las personas lanzaron objetos al árbitro, e incluso algunos saltaron al terreno de juego para intentar agredirlo. Una vez finalizado el encuentro los disturbios prosiguieron en las inmediaciones del Estadio Insular, donde numerosos aficionados se dedicaron a «arrojar piedras a la fuerza pública», con lo que se ocasionaron daños a los vehículos aparcados en los alrededores. Por su parte, el Gobernador Civil hizo un gran despliegue de medios con numerosos efectivos de la Policía, que se dedicaron a dispersar a las personas allí congregadas a base de golpes con sus defensas. Debido a la relevancia de estos «desórdenes públicos» la prensa no pudo obviar los hechos ocurridos durante el «estallido de protesta», algo inusual en ese período de la dictadura donde la conflictividad no tenía cabida en las páginas de los periódicos (Véase “Fútbol y conflictividad sociopolítica durante la dictadura de Franco. Un estudio de caso” de Néstor García Lázaro).
Los días 20, 21, 22 y 23 de marzo de 1962 se produce en Tenerife el movimiento de protesta de las lecheras que iba en contra de la creación de un monopolio. Al tercer día hay detenciones y el día 24 es detenido Antonio Cubillo bajo la acusación de ser el instigador de las protestas y de haber entregado propaganda separatista a los manifestantes.
Al día siguiente, cuenta Antonio Cubillo al periodista Eduardo Barrenechea, como es domingo y aprovechando la ocasión de un partido de fútbol se inunda el Estadio Insular de propaganda de Canarias Libre y en pro de la Independencia. Y se pintan tapias y paredes con slogans antigodos.
Lo demás comenta el futuro fundador del MPAIAC (Movimiento por la Autodeterminación e Independencia del Archipiélago Canario) ya se sabe, la policía atrasó por más de dos horas el partido en el vano intento de limpiar los muros. Iniciado el partido se empiezan a escuchar gritos contra los godos y después se origina una manifestación por algunas calles de la ciudad con gritos a favor de la independencia y de “fuera godos”. Tras estos sucesos la policía hizo una redada de militantes del MAC. Se formó el correspondiente consejo de guerra para juzgar a los separatistas canarios, el principal encausado de Tenerife fue el abogado Fernando Sagaseta, sobre que recayó una condena de 8 años de prisión.
Por tanto, hay poco más que añadir, salvo una carcajada histórica, después de esa nota que insertaba al principio, de la Unión Deportiva Las Palmas con ocasión del partido celebrado a puerta cerrada contra el Barcelona en octubre de 2017.

























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