F: Valencia CFHace casi 140 años la periodista Concepción Arenal afirmó que "con la ignorancia armonizan bien los errores". Una premisa que ha vencido al paso del tiempo y que se puede aplicar en cualquier época. Así lo ha demostrado el magnate Peter Lim en el Valencia.
Su llegada en 2014 supuso una bombona de oxígeno importante para las cuentas y el desbloqueo del club, sobre todo porque logró renegociar gran parte de la deuda que había a corto plazo. Pero nadie se imaginaba que aquella alegría inicial se convertiría en una exasperación periódica ni que aquella bombona de oxígeno derivaría en gas natural.
Tras su llegada, puso al frente de la dirección general del club a una persona de garantías, con una gran trayectoria en el fútbol español: Mateu Alemany. Como presidente del Mallorca logró alzar una Copa del Rey en 2003 y consolidó al equipo balear en la parte media-alta de la clasificación en Primera División. Pero la figura de Alemany ha estado constantemente ensombrecida por las autorizaciones que Peter Lim ha querido dispensar desde Singapur.
La continua intromisión del dueño en la parcela deportiva ha convertido al Valencia en un columpio que en el último lustro se ha balanceado constantemente entre la estabilidad y la intervención arbitraria del singapurense. Lo demuestran los seis entrenadores que ha tenido el conjunto de Mestalla en apenas cinco años: Nuno Espírito Santo, Gary Neville, Pako Ayestarán, Cesare Prandelli, Salvador González ‘Voro’ y Marcelino García Toral.
Este último es el técnico que más ha durado, dos años y cinco meses, pero también ha sido el que ha reflotado el proyecto deportivo que se encontró Lim de la mano de Mateu Alemany. Curiosamente, estas dos últimas temporadas ha sido el periodo que más se ha dejado trabajar al director general y al entrenador. Alemany apostó de manera firme por la continuidad del técnico asturiano cuando el Valencia coqueteaba con el descenso y el tiempo le dio la razón al culminar la temporada con el premio de la Liga de Campeones.
A Marcelino le avalan las dos últimas temporadas, en las que ha clasificado al Valencia para la Liga de Campeones y hace apenas cuatro meses le ganó la Copa del Rey al FC Barcelona. La afición de Mestalla celebraba un título once años después en la misma temporada que se había puesto en duda la continuidad del técnico por su irregularidad en Liga. Ese premio fue fruto del manejar la situación a la perfección. Y, por supuesto, de no intrometerse desde Singapur.
Pero entre tanto éxito deportivo ha vuelto a aparecer el fantasma de la inestabilidad y el Valencia ha vuelto a convertirse en el club que era hace unos años. Un club con un don especial para crearse problemas internos y generar una inestabilidad tan caprichosa como innecesaria gracias a las frustraciones de su dueño. La trama de ese culebrón se fue desarrollando durante el verano, pero el desenlace final no se ha emitido hasta este 11 de septiembre como si de una serie de Netflix se tratara.
Como el gerente de un hospital que quiere participar en una intervención en quirófano, Peter Lim ha intentado en numerosas ocasiones entrometerse en la planificación deportiva. Este verano fue el punto de inflexión, cuando su antojadiza intervención en el mercado de fichajes estuvo a punto de costar la dimisión de Mateu Alemany y la marcha de Marcelino a diez días del inicio de la temporada.
El propio Lim se puso la chaqueta de director deportivo y quiso negociar con el Atlético de Madrid la venta del delantero Rodrigo Moreno y de manera exacerbada vetó la llegada de Rafinha, procedente del FC Barcelona. Y es que de nada sirve comprarse un gran terreno si luego no dejas trabajar al arquitecto que te tiene que construir la casa.
Unos hechos que dejaron el proyecto herido de muerte, pero no ha sido hasta este miércoles, diez días después de cerrar el mercado de fichajes, cuando Peter Lim ha decidido rematarlo. Porque entre su ego por participar en una función para la que ya trabajan personas especializadas y la estabilidad del proyecto deportivo ha optado por lo primero y ha apretado el gatillo. Que sea lo que Peter Lim quiera.

















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