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La inminente venta de Rodrigo reabre el debate sobre los magnates

José Miguel Fraguela José Miguel Fraguela Lunes, 26 de Agosto de 2019
Foto: Plaza Deportiva - Valencia PlazaFoto: Plaza Deportiva - Valencia Plaza

Hace tiempo que se debate en torno a la figura de los magnates y jeques, como propietarios de los clubes de fútbol profesionales.

 

Con el transcurso de los años todo se va asimilando y las aficiones se han resignado a estas figuras, pero hemos de convenir que la crisis institucional del Valencia, desatada en la pretemporada y cerrada en falso, justifica que se reabra el debate sobre los magnates y jeques al frente de los clubes.

 

Y es que, tras una primera andanada que llevó a Peter Lim pronto a recoger velas ante la presión, la inminente venta de Rodrigo por parte del Valencia al Atlético, sólo pendiente de que este cierre a su vez la salida de Correa (límite salarial y liquidez), ha aflorado la verdadera cara de Peter Lim y, por extensión, la de los magnates, jeques y asimilados.

 

Tanto Mateu Alemany como Marcelino García Toral vienen haciendo auténticas piruetas verbales para no decir abiertamente lo que piensan de Peter Lim, lo cual, por otra parte, es lógico pues, al fin y a la postre, es su patrón.

 

Pero lo cierto es que ni el director general del club ché, ni su técnico, ni, en general, el entorno valencianista, han entendido, desde el punto de vista de lo que conviene al club, las últimas decisiones tomadas en Singapur, poniendo en cuestión hasta la continuidad de dos ejecutivos que han acreditado sobradamente su solvencia para conducir la nave.

 

Decimos desde la óptica del club porque sólo desde una perspectiva ajena al propio Valencia CF, como entidad deportiva, pueden entenderse las decisiones de Peter Lim.

 

Y si a ello unimos que detrás, o al lado, de Lim se encuentra el agente Jorge Mendes, no es difícil llegar a la conclusión de que los intereses del "dueño" y los del club, otra vez, no son coincidentes.

 

No es la primera vez que Lim "la hace". Todos recordamos la inexplicable contratación, como técnico, del inglés Gary Neville, entre otros disparates, pero ahora es distinto, ya que al frente de la entidad hay dos ejecutivos, en la gestión y en la parcela deportiva, que sí saben de ésto y así lo han demostrado.

 

En el actual escenario, pues, los pasos que viene dando el de Singapur parecen guiados por intereses distintos, a veces contradictorios, con los propios del club. De no ser así, ¿cómo explicar que tenga un preacuerdo con el Atlético por Rodrigo Moreno?

 

No es un jugador cualquiera, es una pieza clave en el modelo de Marcelino, hasta el punto de que éste y Alemany le han hecho saber al magnate que si Rodrigo sale, los objetivos deportivos ya no podrán seguir siendo los mismos.

 

Si la salida de Rodrigo fuese indispensable para la supervivencia del club, Alemany habría sido el primero en defenderla, pero no es el caso.

 

Todo apunta a que en esta semana, antes del 2 de septiembre en todo caso, Rodrigo engrosará las filas del Atlético, donde tendrá que pelear por un puesto con jugadores de la talla de Morata o Diego Costa, a diferencia del Valencia, donde es muy querido y donde su participación es incuestionable. Hasta la afición se pronunció en masa recientemente con el canto de "Rodrigo, quédate".

 

Hay otros casos de magnates o jeques nefastos, como el del Málaga, donde su propietario no sólo no toma decisiones buenas para el club, sino que tampoco aporta dinero.


Y claro, al final la inestabilidad institucional se proyecta en el terreno de juego. El Málaga está en Segunda desde hace un tiempo y con malas sensaciones. Y el Valencia ha entrado con mal pie en la temporada 2019-20, después de haber asombrado a todos  el curso pasado, con el trofeo de Copa (ante el Barça, casi nada) y clasificados para la Champions. 

 

En definitiva, la adquisición de la mayoría accionarial de clubes profesionales por parte de magnates, jeques y asimilados, cuya legalidad no se discute, impide gestionarlos con criterios profesionales y, lo que es peor, permite a sus "dueños" tomar decisiones que nada tienen que ver con el equipo y sí mucho con intereses, legítimos, pero que, al final, son incompatibles con lo que toda la vida hemos entendido como club deportivo.

 

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