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Blas López-Angulo
Blas López-Angulo Miércoles, 01 de Mayo de 2019

Relaño, el hasta luego de un literato

Ayer Alfredo, en medio del lío festivo-institucional en que se convirtió la redacción de As, con buena parte de las cabezas visibles del grupo Prisa, me mandó un mensaje que resume el paso que dentro de un mes dará: “Sigo con la parte divertida de mi trabajo y cambio lo engorroso por tiempo libre”.

 

Palabras parecidas a las que pronunció ayer en dicho acto: “Me voy a quitar lo que me genera más tensión y preocupaciones….para disponer de tiempo para mí, para hacer pequeños viajes, leer novelas y ver series, algo que no hago ahora y, en cierto modo, me hace sentirme desplazado”.

 

Alfredo Relaño se siente en cierto modo desplazado después de ejercer de director de As 23 años, montar la edición regional de El País en Andalucía, dirigir Deportes en la Ser, impulsando la creación del programa El Larguero, y como director de Deportes de Canal+, introducir el fútbol de pago en la televisión española y lanzar un nuevo modelo de transmisiones y programas como “El día después”.

 

¿Quién podría pensar entonces que Alfredo Relaño ante todo se siente y es un literato? Y sin embargo, quien escribe estas líneas así lo entiende. Es más estimo que de ahí nace mi profunda admiración y amistad con él. Podríamos poner en sus labios aquel proverbio latino de Publio Terencio: Homo sum, humani nihil a me alienum puto. Me consta que sus intereses y lecturas abarcan un amplio espectro y que muestra una inquietud casi juvenil lo mismo por jóvenes autores: en las páginas de As hemos escrito de la España vacía de Sergio del Molino extrapolada al fútbol (en la reciente campaña electoral ha sido referencia obligada de todos los políticos); que por temas más áridos y enojosos como los pleitos crecientes de derecho deportivo, siendo muy receptivo a las opiniones de nuestros expertos en Iusport.

 

Por todo ello, Relaño ha contribuido a mantener durante décadas unos mínimos de calidad en el periodismo deportivo de este país. Estos últimos años he hecho mis incursiones en el género y valorar su nivel ha constituido una de nuestras pocas querellas. Pero en este tiempo me ha convencido, primero, que en todo caso es injusto atribuirle sólo a él las lacras del periodismo en general, y además, asistimos al alza de crónicas y artículos ofrecidos por una ingente legión de buenos periodistas escritores, algo que por otra parte no han dejado nunca de existir.

 

De hecho, he conocido adjetivos y palabras raras de ver en la prensa escrita gracias a las piezas diarias de Relaño, que van más allá de su “villarato”, término que las enciclopedias ya le reconocen. Así “coruscante”, según me tiene dicho lo halló en el libro “Sucedió en Suiza” de Antonio Valencia, que valora como el mejor de nuestra literatura deportiva. Otro podría ser “Las cosa del fútbol” de Hernández Coronado. Libros, por desgracia, inencontrables.

 

Luego, su cuidado por el lenguaje se nota en cultismos como aporofobia, que afilan los oídos de Roncero, cuando empleados con justicia se refieren a Florentino y a ese selecto club europeo que quiere poner en proa con los Agnelli y otros plutócratas.

 

Pero tampoco desmejora cuando llama “trujamán” a Piqué por su fallida y sonada mediación en la salida de Neymar. Y no entiendo a los lectores que señalan su antibarcelonismo, dado que es precisamente en As, un periódico de Madrid, donde titula una de sus tribunas con un  cervantino “Barcelona, archivo de la cortesía”. Relaño atesora una de las propiedades ya perdidas, en efecto, del buen periodista deportivo: la tutela o el celo por la imparcialidad. Y una máxima virtud: la ponderación que preside todas sus reflexiones.

 

Celebremos, pues, no una despedida sino la continuidad del mejor Relaño, esa hemeroteca que también tiene por cabeza. Le debo a él conocer a Bernardo de Salazar, que nos dejó hace no mucho. Ambos me animaron y ayudaron a ampliar la biografía deportiva de un paisano que fue capitán del Real Madrid, Perico Escobal. Ya olvidado y que en su exilio editó unas memorias de gran valor humano.

 

Gracias por todo, Alfredo Relaño. El periodismo deportivo, mejor dicho, el periodismo, está en deuda contigo.

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