
Ante el brillante artículo publicado en este medio por el colega Víctor Argaña “Química, trans y no discriminación” del último 26 de enero, surgió en mi este interrogante.
Confieso que no llego a tener posición tomada aún que me convenza, pero datos de la realidad vertidos creo obligan a hacer planteos y debates de un tema que para nada es menor y entiendo de un gran interés social, cultural y deportivo.
Una cuestión de absoluta delicadeza pues se trata de aceptar un colectivo de género que ha ganado su posición en el mundo y recordando que se debe el respeto que todo ser humano debe exigir.
La noticia de la posibilidad que después de los juegos de invierno, el presidente del Comité Olímpico Internacional, en las recomendaciones que brindara sobre cómo se regulará la actividad de los deportistas transgénero, podría eliminar los test de testosterona en sangre, los cuales debían estar por debajo de los diez nanomóles por litro para equiparar a las personas tras varones con las mujeres, ha despertado sin duda un gran dilema en el ambiente deportivo internacional.
Hace tiempo el querido colega y amigo peruano, el Profesor Jorge Canales Vargas viene aseverando que el futuro en el deporte será las competencias mixtas. No sólo en el tenis donde ya existe sino en todas o casi todas las disciplinas deportivas.
Sólo en las personas trans de varón a mujer es donde se encontraría el conflicto ya que las personas trans mujeres podrían competir junto a los hombres en competencias masculinas sin requisito alguno, aunque también para ellas se encuentra siempre presente el riesgo de la diferencia física en un choque, o un golpe que pueda causar una lesión seria.
Con estas modificaciones me pregunto en qué estado quedaría el caso de Caster Semenya a quien no le permitieron competir en las últimas olimpiadas por esta situación.
Realmente creo que vuelve abrir la discusión un tema por demás profundo, del cual mucho se ha dicho, pero poco se ha concretado. La definición tarda en llegar y es necesario encontrar la solución más beneficiosa por el bien del deporte.
Recuerdo en un Congreso de Derecho Deportivo sobre la temática se esgrimió la calificación de discriminador a quienes sostuvieron la posibilidad que las personas LGBTI tuvieran sus propias competencias. Así pensado se estaría dando lugar en el plano biológico a la igualdad con su género de origen, claro que lo distingue al colectivo es el plano cultural.
Estas y por supuesto que otras más ratifican que los deportes se encuentran inmersos dentro de los DESC (Derechos económicos, sociales y culturales) como hemos expresado en otros artículos.
Entre varias incógnitas a dilucidar en un tema por supuesto gris todavía como lo señala el autor de la nota citada arriba, asumo el error de equivocarme en expresar alguna sugerencia sobre el futuro de esta temática.
Si la decisión del COI será la de excluir los límites que marcaban las diferencias pues habrá un profesionalismo que introducirá a los tres géneros dentro de dos tipos de competencias la masculina y la femenina.
Pero también fuera de la crítica que se le hizo al colega en el congreso, si no hay un límite por considerarse esto un acto discriminatorio, un plantel tanto de uno como del otro género puede estar formado por personas trans en su totalidad.
De otro modo puede darse una normativa sobre todo en la competencia femenina de un límite de personas trans por equipo o en cancha, lo que también puede sonar a diferenciar o a un acto desigual.
Esto tiene que ver que los límites siempre existirán y que ratifica que los derechos de las personas no son para nada absolutos. Aunque para algunos creo que el derecho a nacer, a la vida y a no ser torturado debieran encontrarse en el plano de los categóricos, pues necesitamos nacer para vivir y nadie nos puede quitar la vida ni por normativas similares a la ancestral ley del talión, como nadie debiera sufrir torturas físicas ni psicológicas en ninguna situación, sobre todo en pleno siglo 21 donde las guerras espero sean solo recuerdos de la historia. También es cierto que ahora se puede matar de maneras más sofisticadas, pero eso es tema de otro costal.
El deporte apunta a todo lo contrario, a la vida, a la salud, al desarrollo social, cultural y económico extendido en el planeta y fundamentalmente a la búsqueda de la paz a través de sus protagonistas en las distintas áreas.
Por eso aguardo por una solución saludable y pronta que lleve a un ganar - ganar en los intereses de los espectadores de esta situación.
El deporte todo se sentirá agradecido que ello ocurra.
El autor es Abogado por la Universidad Nacional de Córdoba, Argentina.
Diplomado en Derecho Deportivo por la Universidad Austral Argentina.
Master en Derecho Deportivo por ISDE Madrid.
Mediador deportivo por IEMEDEP Madrid.
Mediador Jurídico por Fundación Retoño Buenos Aires.
Estudio Mediación en Yale y Harvard. Ex Juez civil y mercantil.
Miembro del Tribunal de disciplina de AFA.
Profesor Universitario.
Miembro de la Red Latinoamericana de DDHH.








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