La RFEF y Marcelino Maté: ¿castigo o salvavidas?
La RFEF ha retirado a la Federación de fútbol de Castilla y León las competencias sobre la Tercera división masculina de fútbol, que gestionaba por delegación al ser una competición nacional. Esta circunstancia impide ahora a Maté cumplir el Auto de medidas cautelares sobre el Real Burgos, y por tanto excluiría su posible responsabilidad (a salvo de posibles problemas por la inacción anterior).
El culebrón del Real Burgos sigue adelante. Aparentemente, la RFEF ha "castigado" a Marcelino Maté y a la Federación de fútbol de Castilla y León por todo este asunto, ambos en una incómoda posición: tener que cumplir un Auto de medidas cautelares (que ha desatendido reiteradamente) sobre el que tenía una competencia real (la competición la gestionaba dicha Federación) pero a la vez limitada (efectuarla por delegación de la RFEF).
Toda la línea argumental en defensa del "incumplimiento", de no haber reincorporado al Real Burgos cautelarmente a la categoría, es que la FFCYL no puede hacerlo porque sus competencias no incluyen dicha actuación, al corresponder hacerlo, en todo caso, a la RFEF, que sin embargo no ha sido incorporada al procedimiento ni lo ha autorizado.
Hasta la fecha, Marcelino Maté, como máximo responsable de la Federación, era la parte más débil, toda vez que el posible incumplimiento del Auto podría generarle consecuencias personales, incluso penales. Aun así, se ha ido demorando actuar hasta la fecha, cuando incorporar al Real Burgos parece ya complejo por cuestión de calendario. Aunque no imposible...
Pero hace algunos días ha cambiado algo: la RFEF ha visibilizado jurídicamente su condición de titular de la tercera división, retirando a la FFCYL la posibilidad de cumplir el Auto. Ahora ya no puede ponerlo en práctica (cuestión diferente es si el Juzgado entiende que durante meses ha podido hacerlo e incumplido el mandato, lo que podría implicar consecuencias).
Ahora se informará al Juzgado la novedad, y éste deberá analizar la situación y decidir si obliga a la RFEF a ejecutar el Auto (la situación era conocida por ésta y podría haberse personado en el procedimiento desde hace tiempo; si no lo hubiera intentado, podría incluso achacársele mala fe), si la incorpora al procedimiento para que ejerza sus derechos antes de resolver o incluso si lo archiva por entender que existe falta de legitimación pasiva del demandado (a nuestro entender, la RFEF debió constar, al menos, en calidad de codemandado).
Toca esperar, aunque parece obvio que la decisión, sea la que sea, será recurrida por quien resulte perjudicado por ella. Dicho esto, feliz Navidad y un gran 2019 a todos.
Javier Rodríguez Ten
Universidad San Jorge (Zaragoza)
Abogado especialista en Derecho deportivo
















