
El brasileño João Havelange, quien desde 1974 y durante 24 años fuera presidente de la FIFA, es señalado en un reportaje publicado por Infobae.com como el constructor de una trama de corrupción a través de la idealización del fútbol a nivel mundial.
Hijo de un inmigrante belga que comerciaba armas en Río de Janeiro, quien había estudiado derecho y había sido atleta olímpico en deportes acuáticos, les prometió a sus votantes una FIFA más "inclusiva", resultando elegido presidente en las elecciones del 39° Congreso, como antesala del Mundial de Alemania 1974.
Tal como explica Ken Besinger en su libro 'Tarjeta Roja' (Planeta), su plan consistió en presentar una plataforma de expansión y con beneficios para los países en desarrollo, que habían apoyado su candidatura.
Su cometido no podría haberse logrado sin ayuda de Horst Dassler, hijo del creador de Adidas, quien se acercó a Havelange esa misma jornada en Frankfurt y le propuso un modelo de negocio revolucionario ideado por él y el joven publicista británico llamado Patrick Nally, quienes proponían atraer a grandes marcas corporativas para que inviertan millones de dólares a cambio de un acuerdo de patrocinio que duraría años y que abarcaría tanto la Copa del Mundo como los demás eventos oragnizados por la FIFA.
"Dassler y Nally se avocaron a este tipo de negocio que se llamaría empresa de mercadotecnia deportiva, la cual compraría los derechos comerciales de los eventos de la FIFA al por mayor y luego los revendería por partes a los patrocinadores, con un amplio margen de ganancia integrado. El modelo que inventaron pronto se hizo omnipresente en los deportes, pero a mediados de la década de 1970 resultaba revolucionario, casi una locura, y a este par de hombres les tomó más de 18 meses de ventas agresivas convencer a Coca-Cola de comprometer al menos USD 8 millones para convertirse en el primer patrocinador mundial exclusivo en la historia de los deportes", cuenta Ken Besinger.
La inversión de la gigantesca empresa de bebidas y otras firmas le permitió a Havelange cumplir sus promesas. Con el tiempo duplicaría las plazas de participantes en la Copa Mundial, con más lugares para África, Asia y Oceanía, además de organizar las primeras ediciones de la Copa Mundial Femenina (1991) y los Mundiales Sub-20 (1977), Sub-17 (1985) y de Futsal (1989).
"Dassler le había confiado a Nally en 1978 que pretendía sobornar a Havelange. Una vez que Havelange empezó a aceptar dinero por debajo de la mesa, Dassler lo tuvo en sus manos. El presidente de la FIFA no cedería los derechos a nadie más. Fue el nacimiento de la corrupción deportiva", concluye el autor Ken Besinger.
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Ver noticia completa en www.infobae.com. Sección deportes.





















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