
Los segundos van pasando a la velocidad de la luz o de tortuga, dependiendo del estado de ansiedad puntual. Las miradas se cruzan en la Villa Olímpica con la misma ilusión, no importa si vienen de España, Camerún, Tailandia, Islas Salomón o Bolivia. La espera, para todos, revolotea en el estómago: sólo faltan horas para que den comi
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