La decisión de Toyota de no apelar la descalificación de sus dos coches en las Seis Horas de Silverstone resulta, cuando menos, extraña, pero incoherente en todo caso.
Sobre todo, tras el comunicado de la propia escudería, emitido después de la descalificación, en el que dejaba claro que los mismos coches habían disputado una decena de carreras sin que se apreciara anomalía ninguna. El "diseño y la construcción de la pieza" no ha variado "desde que empezó la temporada 2017", manifestó la escudería.
Según Toyota, el motivo estaba en el circuito y no en los coches: los pianos de Silverstone, muy agresivos con las carrocerías y los chasis, y su asfalto bacheado habían dañado en exceso el fondo plano de los Toyota hasta curvarlo y según la escudería ese es el motivo de la irregularidad.
Por eso decimos que incoherente, la decisión de no apelar, por lo que cabe pensar que han sido otro tipo de "consideraciones", inconfesables por supuesto, las que habrán inclinado la balanza hacia no apelar.
A la hora de decidir no apelar, parece obvio que en Toyota ha pesado la creencia en sus posibilidades a pesar de esta descalificación: la escudería cree que no necesitará los puntos de Silverstone al final de la temporada para ganar los campeonatos, tanto de pilotos como de constructores.
La apelación, pues, resultaría prescindible, pero ello no quita incoherencia a su decisión.












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