
Si esa expresión no existió, la denuncia de Diakhaby es falsa y tiene que ser castigada, porque en eso no puede haber “racismo positivo”
Plenamente consciente de que sobre este tema hay muchas sensibilidades a flor de piel, quiero dejar claro de principio que creo profundamente en la igualdad de los hombres que se proclama en el artículo 1 de la Declaración Universal de Derechos Humanos: “Todos los hombres nacen libres e iguales en dignidad y derechos y dotados como están de razón y conciencia deben comportarse fraternalmente unos con otros”. Y estoy dispuesto a defender este principio en todo momento, lugar, ocasión o circunstancia. Por supuesto, también en el fútbol.
Pero en lo que no creo es en la manipulación ventajista, aprovechada e hipócrita del racismo, que es lo que creo que ha pasado con la polémica desatada por la denuncia de Diakhaby, jugador del Valencia, contra Cala, jugador del Cádiz, por haberle llamado éste a aquél, presuntamente, “negro de mierda”, en el partido celebrado entre ambos equipos el pasado día 4.4.21, lo que el jugador del Cádiz ha negado tajantemente y que ha dado lugar a una investigación seria y en profundidad de la Liga, que concluyó con la objetiva inexistencia de tal insulto. Sí se recogió, según se dice, la palabra “mierda” así como las expresiones “déjame en paz” o “perdona no te cabrees”, pero no la expresión “negro de mierda”.
Y esto es muy grave, porque si esa exhaustiva investigación realizada por la Liga, incluidos audios y lectura de labios, no encontró esa expresión, hay que concluir que esa expresión no existió.
![[Img #132200]](https://iusport.com/upload/images/04_2021/1227_el-valencia-abandona-el-carranza-tras-un-presunto-insulto-racista-de-cala-a-diakhaby.jpg)
Y si esa expresión no existió, la denuncia de Diakhaby es falsa y tiene que ser castigada, porque en eso no puede haber “racismo positivo” como aquél famoso y funesto invento de la “discriminación de género positiva”.
El autor responsable de una denuncia de racismo falsa o inexistente, tiene que ser sancionado exactamente igual si su autor es negro, es blanco o es a cuadros, porque cualquier diferencia de trato a favor o en contra de cualquiera de las dos razas citadas, sí sería racismo.
En este punto, quiero reivindicar aquí el espíritu del futbol, que siempre existió y en el que siempre creí. Es un espíritu de lucha, de enfrentamiento, de entrega total, y de confrontación directa en el que cada uno de los intervinientes en ambos bandos, se deja todo lo que tiene física y mentalmente y sin reserva de ninguna clase.
Creo que fue Cañizares quien dijo en una ocasión que “cuando se está a 120 pulsaciones por minuto no se piden las cosas por favor”. También es un deporte extraordinariamente noble y “lo que ocurre en el campo, queda en el campo” y al terminar nos vamos todos a tomar unas cañas, lo que en el Rugby se llama el “tercer tiempo”.
En esta situación, las expresiones usadas son de todo tipo, pero, probablemente, la expresión “hijo de puta” esta en el “hit parade” de todas las pronunciadas en cada partido y no solo entre jugadores rivales. Sí, ya se que sería mejor que esa expresión y otras similares no se dieran, pero el estado de ánimo que las provoca es una de las diferencias entre un partido de fútbol y una partida de ajedrez.
Y ahora parémonos un momento. Si a Diakhaby le hubieran llamado “hijo de puta” en vez de “negro de mierda” ¿Habría pedido al árbitro la expulsión del jugador contrario o la suspensión del partido? Siempre quedará la duda, pero muchos pensamos que no.
Y sin embargo es objetivamente más ofensivo llamarle “hijo de puta” que “negro de mierda”, porque hijo de puta con toda seguridad no es, pero negro sí que lo es, y la gravedad de la expresión esta en la palabra “negro” no en la palabra “mierda” pues si le dijera, por ejemplo, “valencianista de mierda” pienso yo (y muchos) que no se ofendería tanto y, en todo caso, (probablemente) el árbitro no le haría ni caso.
Si esa expresión no aparece en la exhaustiva investigación de la Liga, ya dijimos que hay que aceptar que no existió, y si no existió, la denuncia de Diakhaby es una vergonzosa e hipócrita manipulación del racismo. Igual que lo es la de los políticos y “las políticas” de Podemos que entraron hipócrita e interesadamente en el fútbol aprovechando su repercusión social para condenar no menos hipócritamente a Cala sin respetar su presunción de inocencia.
Hay un dato más que, a mi parecer, es muy importante. Según las informaciones publicadas, Diakhaby ha dicho también que “un jugador del Cádiz” le había dicho que volviera al campo si Cala le pedía perdón. No ha dicho el nombre del jugador del Cádiz. ¿Por qué? ¿A que viene tanto misterio? Cala ha dicho que si dice el nombre del jugador del Cádiz (y éste confirma la versión de Diakhaby) él (Cala) deja el fútbol.
Todo ello no permite descartar totalmente que esto sea una gran mentira para que un “negro” (con todo mi respeto, pero negro) se aproveche de esa condición para provocar la expulsión de un jugador contrario. Y entonces tenemos que preguntarnos ¿Por qué la Federación ha hecho expediente a Cala y no (también) a Diakhaby?
He conocido a muchos negros que no se ofenden cuando les llaman negros. Por eso creo que hay mucha hipocresía en este asunto cuando los que más se escandalizan por haberse usado la palabra “negro” obtienen o tratan de obtener ventajas de esta situación.
Y así creo que hay una cierta dosis de hipocresía cuando Diakhaby se muestra ofendido de una forma tan exagerada, porque de esa exageración trata de obtener la expulsión del jugador contrario (ventaja deportiva); creo que hay hipocresía cuando los políticos de Podemos se posicionan precipitadamente en contra de Cala sin respetar su presunción de inocencia, porque es evidente que están aprovechando el incidente para obtener votos (ventaja política); y creo que hay mucha hipocresía en la Federación cuado abre expediente sancionador a Cala y no a Diakhaby, porque con esa conducta injusta pretende dar, a costa del jugador cadista, la imagen de anti-racista (ventaja social).
Finalmente, me gustaría que nadie entendiera este artículo como una apología del racismo, es todo lo contrario, aunque se muy bien que muchos, también hipócritamente, se negaran a aceptarlo así. Pero lo acepten o no, es una apología en favor de la igualdad de todos los hombres con independencia del color de la piel.
Creo profundamente que la igualdad y la justicia: (“ius suum cuique tribuere”, dar a cada uno lo suyo) obliga a tratar bien a los buenos y mal a los malos, sean unos y otros blancos o negros, porque ser bueno o ser malo, éticamente, no tiene nada que ver con el color de la piel.






















