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Jorge Pérez
Jorge Pérez Miércoles, 18 de Julio de 2018

Supercopa: ¿Por qué no Tánger?

La opción de Tánger como escenario de la Supercopa de España me parece una opción tan válida como la de cualquier estadio de nuestro país, y en modo alguno colisiona con los principios fundacionales de esta competición que cuenta ya con 36 años de historia.

 

La Supercopa, en su formato actual (decenios atrás se celebró como Copa Eva Duarte o Copa de Campeones) fue una idea del que fuera presidente del F.C. Barcelona, José Luis Núñez, quien en su etapa de vicepresidente de la RFEF realizó importantes servicios para la entidad federativa, materializados en forma de pingües beneficios económicos.

 

Era la etapa presidencial de Pablo Porta al frente de la Española, y confió en su conciudadano barcelonés para que ostentara la vicepresidencia económica. Núñez se tomó en serio el encargo y, entre otras decisiones de éxito, ideó la creación de la Supercopa como una forma de aumentar los ingresos de los clubes.

 

Ese fue el único motivo que inspiró la creación de la Supercopa y es obvio que no se contrapone con la posibilidad de disputarla fuera de nuestras fronteras. Tánger, además, es un lugar ideal para albergar un partido de esta categoría. Se trata de una gran ciudad, a poco más de una hora de vuelo, y que pertenece a un país hermano, con estrechos lazos y mucha historia en común con España. Sus aficionados adoran nuestra Liga y sus dirigentes llevan años comprometidos en la tarea de organizar una Copa Mundial de la FIFA, que bien merece su titánica lucha por mejorar Marruecos socioeconómicamente y el hecho de ser uno de los estados estratégica y geopolíticamente más importantes del mundo. 

 

Ya, en 2012, se exploró la idea de jugarla en el Nido de Pekín, con varios millones de euros a partido único, pero el F.C. Barcelona adujo que sus socios no podrían asistir y que, al haber sacado el encuentro del abono anual, ingresaban más en concepto de taquilla.

 

Se le indicó que un club como el Barcelona tenía cientos de miles de simpatizantes en China, y que un partido de la envergadura de los campeones de la Liga y Copa nacionales suponía la mejor embajada para la “marca España”, pero estos argumentos no convencieron y el presidente Ángel Villar no quiso adoptar la decisión sin un acuerdo unánime de las partes.

 

En fin, aquello no prosperó y tampoco se atendió una propuesta millonaria que llegó meses después para organizar tres ediciones consecutivas en un país árabe. Italia, por ejemplo, ya había jugado finales similares en Los Estados Unidos y en la propia China, sin producir un efecto dañino para sus competiciones o crear un desarraigo irreversible como temía Villar que ocurriera.

 

Si jugarla fuera de España sí sería un hecho novedoso en la historia de la Supercopa, hay precedentes en cuanto a disputarla a partido único e incluso no celebrarse por no estar los equipos contendientes de acuerdo en las fechas o por ostentar un único club los dos títulos que permiten acceder a aquella.

 

Resulta bonito, en cualquier caso, abrir la temporada con un título oficial como es el de la Supercopa, como también lo es, siempre que el calendario lo ha permitido, cerrarla con la emoción de la fiesta que supone la final de la Copa del Rey.  

 

Jorge Pérez Arias

Periodista

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